DICCIONARIO MÉDICO
Oligofrenia
Oligofrenia es un término de la psiquiatría clásica que designaba las limitaciones intelectuales presentes desde la infancia. Acuñado a principios del siglo veinte, hoy se considera en desuso y ha sido sustituido en la clasificación médica por el concepto de discapacidad intelectual. La palabra combina dos raíces griegas: oligo, de ὀλίγος (olígos), poco o escaso, y frenia, derivada de φρήν (phrēn), que en el pensamiento griego antiguo designaba la mente y, más ampliamente, la sede del juicio y la reflexión. La misma raíz aparece en esquizofrenia y en otros términos psiquiátricos construidos sobre idéntico patrón. El psiquiatra alemán Emil Kraepelin introdujo el término en 1915 para agrupar, bajo una sola etiqueta, alteraciones de causas muy distintas que compartían un denominador común: un desarrollo insuficiente de la psique en general, asociado a un desarrollo intelectual también insuficiente y de profundidad variable. No fue el primer intento de nombrar esta realidad, pero sí el que terminó imponiéndose durante buena parte del siglo veinte. Antes de Kraepelin, la medicina occidental ya había ensayado varias denominaciones para las mismas limitaciones. Hasta el siglo dieciocho se hablaba, de forma genérica, de idiotismo, expresión que englobaba trastornos deficitarios de muy distinta naturaleza. El médico persa Avicena, en el siglo once, había incluido ya una categoría de amencia en su clasificación de las enfermedades mentales. En el siglo dieciséis, el profesor de anatomía Felix Platter introdujo la expresión imbecilidad mental, con distintas categorías internas. Poco después, en 1667, el anatomista inglés Thomas Willis propuso el término morosis. Alfred Binet aportaría, ya en 1905 y junto al médico Théodore Simon, una herramienta que cambiaría el diagnóstico: la primera escala capaz de medir la inteligencia de forma sistemática. Durante buena parte del siglo veinte, la oligofrenia se clasificó según el grado de profundidad en tres categorías sucesivas: la idiocia, la más grave; la imbecilidad, intermedia; y la debilidad mental, la más leve. Esta escala, heredera de los intentos clasificatorios del alienista francés Jean Étienne Esquirol y de otros autores del siglo diecinueve, sirvió durante décadas como referencia clínica. Las cifras de cociente intelectual que se asociaban a cada categoría variaron según el autor y la época, por lo que no existe un umbral único que pueda citarse con precisión. Lo que sí permanece constante es el juicio actual sobre este vocabulario: se considera peyorativo y ha sido retirado tanto de la práctica clínica como del lenguaje profesional. La Asociación Americana sobre el Retraso Mental, fundada en 1876, publicó su primera definición formal en 1921 y la fue revisando en sucesivas ediciones a lo largo del siglo. En una de esas revisiones, hacia mediados de siglo, se incorporó un criterio estadístico: un cociente intelectual situado en torno a dos desviaciones típicas por debajo de la media de la población, es decir, próximo a setenta. La quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales sustituyó de forma definitiva el vocabulario antiguo por el de discapacidad intelectual, con cuatro grados de gravedad: leve, moderado, grave y profundo. La Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud, en su undécima revisión, adoptó un criterio equivalente bajo la denominación trastorno del desarrollo intelectual. Ambos sistemas comparten un cambio de fondo respecto a la vieja oligofrenia. Ya no basta un cociente bajo. La definición actual exige, además, limitaciones significativas en el comportamiento adaptativo (comunicación, autonomía personal, participación social) y que el cuadro se manifieste antes de los dieciocho años. Se estima que la discapacidad intelectual afecta a entre el dos y el tres por ciento de la población general. De dos raíces griegas: oligo, poco, y frenia, derivada de phrén, mente. Juntas describen, de forma literal, una mente con desarrollo escaso. El psiquiatra alemán Emil Kraepelin, en 1915. Lo propuso para agrupar bajo un mismo nombre alteraciones de orígenes distintos que compartían un denominador intelectual común. Prácticamente sí. Ambos pertenecen a una misma tradición clasificatoria hoy superada, y los dos han sido reemplazados en el uso clínico por discapacidad intelectual o trastorno del desarrollo intelectual, según el sistema de clasificación que se consulte. Porque las categorías que empleaba, idiocia, imbecilidad, debilidad mental, se cargaron con el tiempo de un significado peyorativo ajeno a su origen técnico. También porque la propia noción de discapacidad intelectual evolucionó para incorporar el funcionamiento adaptativo de la persona, no solo una cifra de cociente intelectual.Qué es la oligofrenia
Antecedentes históricos del término
Clasificación histórica y su abandono
La discapacidad intelectual como término actual
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede la palabra oligofrenia?
¿Quién acuñó el término y cuándo?
¿Es lo mismo oligofrenia que retraso mental?
¿Por qué se abandonó este vocabulario?
Referencias
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