DICCIONARIO MÉDICO
Neurohormona
Una neurohormona es una sustancia química sintetizada por neuronas especializadas que, en lugar de liberarse en una sinapsis, se vierte directamente a la sangre para actuar sobre células distantes. Comparte con las demás hormonas el modo de viajar, pero no el origen: nace en tejido nervioso, no en una glándula endocrina clásica. Los ejemplos mejor conocidos son la vasopresina, la oxitocina y las hormonas liberadoras del hipotálamo. El término se construye sobre la palabra hormona, acuñada en 1905 por el fisiólogo Ernest Starling a partir del griego hormáō, «incitar» o «poner en marcha» (su historia completa figura en la entrada dedicada a la hormona). El prefijo neuro- se añadió décadas más tarde, cuando quedó demostrado que ciertas neuronas hacían algo que ninguna célula nerviosa clásica hacía: fabricar y secretar directamente a la circulación un producto con acción hormonal. Esas células reciben el nombre de neuronas neurosecretoras, y el fenómeno completo, el de neurosecreción. La neurohormona es, precisamente, el producto de ese proceso: la molécula, no el mecanismo que la origina. La idea nació en 1928, cuando el biólogo alemán Ernst Scharrer observó, en el hipotálamo de un pez teleósteo, neuronas con un aspecto secretor que no encajaba con la fisiología nerviosa conocida hasta entonces. Su hipótesis, según la cual aquellas células combinaban función neuronal y función glandular, resultó controvertida durante años. Berta Scharrer, su esposa y colaboradora científica, extendió la observación a vertebrados e invertebrados a lo largo de las décadas de 1930 a 1950, y entre ambos sentaron las bases de la neuroendocrinología como disciplina. El matrimonio trabajó junto casi hasta la muerte de Ernst Scharrer, en 1965; Berta continuó publicando sobre el tema hasta bien entrados los años setenta. Conviene distinguir dos grandes grupos, según el destino de la neurohormona. El primero corresponde a las neuronas magnocelulares de los núcleos supraóptico y paraventricular, que fabrican vasopresina y oxitocina y las envían por transporte axonal hasta la neurohipófisis, desde donde pasan a la sangre para actuar en órganos periféricos como el riñón o el útero. El segundo grupo lo forman las hormonas hipotalámicas de tipo parvocelular: liberinas y estatinas que no salen a la circulación general, sino que viajan por un sistema porta específico hasta la adenohipófisis, a la que regulan de cerca. Existen, además, ejemplos que se sitúan fuera de este eje. La bombesina, aislada originalmente de un anfibio, se ha descrito como una neurohormona reguladora del apetito. Las catecolaminas de la médula suprarrenal, adrenalina y noradrenalina, proceden de células cromafines de origen embrionario neural, análogas a neuronas simpáticas posganglionares, lo que las sitúa en un territorio fronterizo entre neurohormona y hormona clásica. La frontera con el neurotransmisor es de distancia y de tiempo. Este último actúa en la hendidura sináptica, a fracciones de micra de su origen, y su efecto dura milisegundos. La neurohormona recorre el torrente sanguíneo entero y puede tardar segundos o minutos en alcanzar un órgano diana situado a distancia considerable del cuerpo neuronal que la fabricó. Antes de que «neurotransmisor» se generalizara como término, Berta Scharrer propuso en 1969 una pareja conceptual distinta para ordenar este campo: neurohumor y neurohormona. La historia de esa distinción, hoy en gran parte superada, se trata en la entrada dedicada al neurohumor. El biólogo alemán Ernst Scharrer, en 1928, a partir de sus observaciones en el hipotálamo de un pez. Su esposa, Berta Scharrer, amplió después el hallazgo a otras especies y contribuyó a fundar la neuroendocrinología. No exactamente. Toda hormona hipotalámica es una neurohormona, pero no toda neurohormona procede del hipotálamo. La vasopresina y la oxitocina, por ejemplo, sí son hipotalámicas; las catecolaminas de la médula suprarrenal, en cambio, comparten origen neural pero no hipotalámico. Por definición general, sí, aunque con matices. Algunas neurohormonas, como las liberadoras hipotalámicas, no llegan a la circulación general: viajan por un sistema porta local hasta su órgano diana, un recorrido mucho más corto que el de una hormona sistémica clásica. No existe una cifra cerrada, porque la categoría incluye desde los dos péptidos neurohipofisarios hasta varias liberinas y estatinas hipotalámicas, además de mediadores gastrointestinales como la bombesina. El campo sigue ampliándose a medida que se identifican nuevas funciones neuroendocrinas en moléculas ya conocidas por otros papeles.Qué es una neurohormona
El concepto de neurosecreción y su historia
Clasificación y ejemplos
Diferenciación con el neurotransmisor y el neurohumor
Preguntas frecuentes sobre la neurohormona
¿Quién propuso el concepto de neurohormona?
¿Es lo mismo una neurohormona que una hormona hipotalámica?
¿Actúan siempre a través de la sangre?
¿Cuántas neurohormonas se conocen en el ser humano?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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