DICCIONARIO MÉDICO
Neurofarmacología
La neurofarmacología es la rama de la farmacología que estudia cómo los fármacos y otras sustancias químicas actúan sobre el sistema nervioso central y periférico. Su objeto de estudio abarca desde la interacción de una molécula con un receptor de membrana hasta el efecto observable de esa interacción sobre el comportamiento. La palabra combina tres elementos griegos. Pharmakon designaba a la vez remedio y veneno, una ambivalencia que no es casual: en la Grecia clásica ambos conceptos convivían en el mismo término, porque la diferencia entre uno y otro dependía de la dosis y del uso, no de la sustancia en sí. A pharmakon se añade logos, estudio o tratado, y el prefijo neuro-, del griego νεῦρον (nervio). El resultado es, literalmente, el estudio razonado de los remedios que actúan sobre el nervio. Como disciplina, combina conocimientos de neurología, bioquímica, fisiología y farmacología general para explicar de qué manera una sustancia exógena altera la transmisión sináptica, la excitabilidad neuronal o la conducta. La neurofarmacología se organiza en dos grandes áreas. La neurofarmacología molecular analiza cómo un fármaco interactúa con dianas concretas, receptores, enzimas, canales iónicos o transportadores presentes en la membrana neuronal, y busca describir ese mecanismo con precisión bioquímica. La neurofarmacología conductual, también llamada neuropsicofarmacología, se ocupa de un nivel distinto: cómo esas mismas sustancias modifican el comportamiento observable. Ambas perspectivas son complementarias. Una explica el mecanismo; la otra, su expresión en la conducta del organismo. Antes de que existiera un marco conceptual para entender cómo se comunican las neuronas entre sí, ya se conocían sustancias capaces de alterar la función nerviosa, sin que se supiera explicar el porqué. El punto de inflexión llegó en 1921, cuando el farmacólogo austriaco Otto Loewi demostró, mediante un experimento con corazones de rana, que la estimulación del nervio vago liberaba una sustancia química capaz de modificar la actividad de un segundo órgano no conectado directamente al nervio. Aquel hallazgo, por el que Loewi compartió el Premio Nobel de 1936 con Henry Dale, estableció que la comunicación nerviosa podía ser química y no solo eléctrica, y sentó la base conceptual sobre la que se construiría después toda la neurofarmacología moderna. La historia completa de ese experimento, incluido el sueño que según el propio Loewi lo inspiró, puede consultarse en la entrada dedicada a la acetilcolina, la sustancia que resultó ser la protagonista del hallazgo. El segundo hito llegó tres décadas más tarde, ya en el terreno clínico. En 1952, los psiquiatras franceses Jean Delay y Pierre Deniker, en el hospital Sainte-Anne de París, describieron el efecto antipsicótico de la clorpromazina a partir de observaciones del cirujano Henri Laborit. Aquel descubrimiento, surgido casi por azar de la búsqueda de un sedante para reducir el shock quirúrgico, dio origen a la psicofarmacología como campo clínico diferenciado dentro de la neurofarmacología. Conviene distinguir la neurofarmacología de la psicofarmacología, con la que a menudo se confunde. La psicofarmacología es un subcampo más restringido, centrado en los fármacos que modifican el estado de ánimo, la conducta y el pensamiento; la neurofarmacología, en cambio, incluye también sustancias sin efecto psíquico directo, como los relajantes musculares o los anestésicos locales, cuyo blanco de acción es igualmente el sistema nervioso. Tampoco equivale a la neurología, la especialidad médica que diagnostica y trata las enfermedades del sistema nervioso. La neurología aporta el conocimiento clínico de la enfermedad; la neurofarmacología, el de la herramienta química empleada para intervenir sobre ella. Un neurólogo puede prescribir un neuroléptico; el estudio de por qué ese fármaco actúa como lo hace, a través de qué receptores y con qué consecuencias sobre la sinapsis, pertenece al terreno de la neurofarmacología. De tres raíces griegas: neuro- (nervio), pharmakon (remedio, también veneno) y logos (estudio). El término refleja con bastante fidelidad su objeto: el estudio razonado de las sustancias que actúan sobre el sistema nervioso. No. La psicofarmacología es un subcampo de la neurofarmacología centrado en los fármacos que afectan al estado de ánimo y la conducta. La neurofarmacología abarca un territorio más amplio, que incluye también sustancias sin efecto psíquico directo. Esta disciplina no tiene una fecha de nacimiento única, sino dos hitos que suelen citarse como fundacionales. El primero es 1921, con la demostración de Otto Loewi de que la transmisión nerviosa podía ser química. El segundo es 1952, con el descubrimiento del efecto antipsicótico de la clorpromazina, que trasladó ese conocimiento básico al terreno clínico y dio origen a la psicofarmacología moderna. Entre uno y otro transcurrieron tres décadas de investigación sobre neurotransmisores que hicieron posible el salto del laboratorio a la clínica. La molecular estudia el mecanismo de acción a nivel de receptores y moléculas. La conductual, también llamada neuropsicofarmacología, estudia el efecto de esas mismas sustancias sobre el comportamiento observable. Son dos niveles de análisis del mismo fenómeno, no dos disciplinas independientes.Qué es la neurofarmacología
Campos de estudio
Origen histórico de la disciplina
Diferenciación con disciplinas afines
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede la palabra neurofarmacología?
¿Es lo mismo que la psicofarmacología?
¿Cuándo nació esta disciplina como campo de estudio diferenciado?
¿Qué diferencia hay entre neurofarmacología molecular y conductual?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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