DICCIONARIO MÉDICO
Neuroecografía
La neuroecografía es el término genérico que designa cualquier exploración del sistema nervioso mediante ultrasonidos. Bajo ese nombre general conviven técnicas bastante distintas entre sí: desde la ecografía craneal que se practica a un recién nacido a través de la fontanela hasta la ecografía que un neurocirujano emplea dentro del quirófano para localizar un tumor durante la propia intervención. El nombre combina el griego νεῦρον (neúron, "nervio", en el vocabulario científico "sistema nervioso") con ecografía, palabra formada a su vez del griego ἠχώ (ēkhố, "eco") y -γραφία (-graphía, "representación gráfica"). La ecografía como técnica se documenta desde 1947 y se basa en un principio físico simple: un transductor emite pulsos de ultrasonido, los tejidos los reflejan en distinta medida según su densidad, y el aparato traduce esos ecos en una imagen en tiempo real. Aplicado al sistema nervioso, ese principio tropieza con un obstáculo evidente: el hueso craneal y las vértebras bloquean el paso del ultrasonido en el adulto. Por eso la neuroecografía solo alcanza su máximo rendimiento en tres circunstancias muy concretas, que se explican a continuación. La primera y más extendida es la fontanela abierta del recién nacido y el lactante. Mientras los huesos del cráneo no se han soldado, la fontanela anterior actúa como una ventana acústica que permite obtener imágenes del cerebro sin necesidad de radiación ni sedación. Esta variante, centrada en el estudio craneal del neonato, es la que en la práctica clínica también recibe el nombre de ecoencefalografía o ecografía transfontanelar, según el autor o el centro. Sobre la columna vertebral del lactante menor de tres meses se abre una segunda ventana, disponible mientras no se completa la osificación de los arcos vertebrales posteriores. A través de ella se puede valorar la médula espinal y detectar defectos de cierre del tubo neural que no se aprecian a simple vista. Ninguna ventana natural sostiene, en cambio, la tercera variante: la crea el propio cirujano al abrir el cráneo o la lámina vertebral durante una intervención neuroquirúrgica. Con el hueso retirado, la sonda se apoya directamente sobre la duramadre para localizar una lesión, comprobar los límites de una resección o guiar una biopsia. Neuroecografía funciona como el paraguas conceptual bajo el que se agrupan variantes que en la literatura médica circulan además como sinónimos parciales. La ecoencefalografía nombra, en sentido estricto, la exploración craneal del recién nacido a través de la fontanela; es la variante más antigua y la más documentada en la bibliografía española. La neurosonografía, en cambio, se emplea sobre todo para el estudio prenatal detallado del sistema nervioso del feto, un examen con protocolo propio dentro de la ecografía obstétrica. Esta reparto de matices no es fijo: distintos autores y distintas sociedades científicas usan los tres términos con fronteras algo diferentes. Lo que sí resulta constante es el rasgo común a las tres variantes: ausencia de radiación ionizante, posibilidad de repetir la prueba sin restricción y dependencia directa de la pericia de quien la realiza. No del todo. La ecoencefalografía es, en rigor, una de las variantes de la neuroecografía: la que se limita al estudio craneal a través de la fontanela. La neuroecografía, como concepto, incluye además el estudio medular y el uso intraoperatorio. Depende del cierre de la fontanela. La fontanela posterior suele cerrarse en el primer o segundo mes de vida, mientras que la anterior permanece útil como ventana acústica hasta los 12 o 14 meses aproximadamente, con una valoración cada vez más limitada a medida que se estrecha. En condiciones normales, no, porque el cráneo ya soldado bloquea el ultrasonido. La excepción es el quirófano: durante una craneotomía, el hueso retirado deja de interponerse y la ecografía intraoperatoria funciona igual de bien que en un recién nacido. No la sustituye, la complementa. Su papel habitual es el de primera prueba de cribado, junto a la cama del paciente, que permite decidir después si hace falta una resonancia magnética o una tomografía computarizada, técnicas más costosas y que en el caso de los recién nacidos suelen exigir sedación.Qué es la neuroecografía
Las tres ventanas de exploración
Diferenciación con técnicas afines
Preguntas frecuentes
¿Neuroecografía y ecoencefalografía son exactamente lo mismo?
¿Hasta qué edad se puede hacer una neuroecografía craneal?
¿Se puede hacer en un adulto?
¿Sustituye a la resonancia magnética?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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