DICCIONARIO MÉDICO
Neoconductismo
El neoconductismo es la corriente de la psicología conductual que, desde la década de 1930, incorporó variables intervinientes (procesos internos no observables, pero definidos con rigor operacional) para explicar la conducta. Sus figuras principales, Clark L. Hull y Edward C. Tolman, mantuvieron el compromiso experimental del conductismo clásico sin renunciar a explicar lo que ocurre entre el estímulo y la respuesta. En la década de 1930, un grupo de psicólogos estadounidenses (entre ellos Clark Leonard Hull, Edward Chace Tolman y Edwin Ray Guthrie) advirtió que el conductismo de John B. Watson, centrado por completo en estímulos y respuestas observables, resultaba insuficiente para explicar fenómenos como el aprendizaje latente o la conducta orientada a metas. Su respuesta no fue abandonar el proyecto conductista, sino ampliarlo. Conservaron el ambientalismo, el mecanicismo y el compromiso con el método experimental que Watson había impuesto a la psicología. Lo que añadieron fueron las variables intervinientes: constructos teóricos, situados entre el estímulo (variable independiente) y la respuesta (variable dependiente), que no se observan directamente pero cuya existencia se infiere de forma sistemática a partir de relaciones empíricas verificables. La influencia del positivismo lógico, con su exigencia de definir cada concepto en términos operacionales, resulta evidente en este planteamiento. Clark L. Hull (1884-1952) aspiraba a dotar a la psicología de la misma solidez formal que la física. Construyó un sistema de postulados y teoremas, del que derivaba predicciones contrastables por vía experimental: el llamado método hipotético-deductivo. Su variable interviniente más conocida es el impulso (drive), la expresión de un estado de necesidad fisiológica que empuja al organismo a actuar. Para Hull, el aprendizaje consiste en la formación de hábitos que reducen ese impulso. A diferencia de otros teóricos, insistió en que sus variables intervinientes debían tener un correlato fisiológico real, no ser meros símbolos matemáticos sin más función que ajustar ecuaciones a los datos. Edward C. Tolman (1886-1959) llevó el estudio de la conducta animal por un camino distinto, con laberintos como principal herramienta experimental. Definió su enfoque como conductismo intencional: la conducta, sostenía, no puede entenderse fuera de su carácter propositivo, es decir, orientado a una meta. Sus variables intervinientes, como los mapas cognitivos o las expectativas, carecían del anclaje fisiológico que Hull exigía a las suyas. Tolman las trataba como constructos con función explicativa y apoyo empírico, sin necesidad de interpretarlas en clave biológica. Sus experimentos con ratas demostraron el aprendizaje latente: un animal puede aprender la disposición de un laberinto sin manifestarlo en su conducta hasta que existe un incentivo para hacerlo, lo que resultaba difícil de explicar solo con estímulos y respuestas. Frente a Watson, la diferencia es clara: donde el conductismo clásico se limitaba a lo estrictamente observable, el neoconductismo admite constructos inferidos, siempre que estén sometidos a control experimental. Frente al conductismo radical de B. F. Skinner, la distancia es más sutil: Skinner tampoco recurría a variables hipotéticas, pero por una razón distinta. Consideraba los propios eventos privados (pensar, sentir) como conductas sujetas a las mismas leyes que las públicas, no como causas intermedias que hubiera que postular. Edwin Ray Guthrie (1886-1959) completó, junto a Hull y Tolman, lo que algunos historiadores de la psicología llaman la edad de oro del conductismo estadounidense. Su aportación fue distinta: una única ley de contigüidad, según la cual una combinación de estímulos tiende a repetir el movimiento que la acompañó la última vez, sin necesidad de refuerzo ni de condicionamiento operante. La legitimación del constructo teórico, siempre que estuviera operacionalmente definido, abrió una puerta que el conductismo clásico había mantenido cerrada. John Dollard y Neal Miller, en Yale, aplicaron el marco hulliano al aprendizaje social durante los años treinta. Esa tradición llegó hasta Albert Bandura, formado en la Universidad de Iowa bajo la influencia de Kenneth Spence, discípulo de Hull. Bandura terminaría por apartarse del aparato matemático hulliano, pero no de la idea central: que entre el estímulo y la respuesta hay algo que merece ser explicado, no solo ignorado. Clark L. Hull (1884-1952) y Edward C. Tolman (1886-1959), a quienes suele añadirse Edwin R. Guthrie. Los tres desarrollaron su obra principal entre 1930 y 1950. Un constructo teórico situado entre el estímulo y la respuesta, no observable de forma directa, pero definido con precisión suficiente para poder contrastarlo experimentalmente. No. Skinner rechazaba explícitamente el recurso a constructos hipotéticos, incluso operacionalizados. Trataba los procesos internos como conducta privada, sujeta a las mismas leyes que la conducta pública, y no como una variable interpuesta entre el estímulo y la respuesta. Sí, de forma indirecta. Su forma de legitimar los constructos no observables facilitó el tránsito hacia la psicología cognitiva y hacia teorías como la del aprendizaje social de Albert Bandura, deudora en su origen del marco teórico de Hull.Qué es el neoconductismo
El conductismo hipotético-deductivo de Hull
El conductismo intencional de Tolman
Diferencias con el conductismo clásico y el conductismo radical
Legado
Preguntas frecuentes
¿Quiénes fueron los principales representantes del neoconductismo?
¿Qué es exactamente una variable interviniente?
¿Es lo mismo que el conductismo radical de Skinner?
¿Tuvo continuidad el neoconductismo tras los años cincuenta?
Referencias
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