DICCIONARIO MÉDICO
Nefroureterectomía
La nefroureterectomía es la extirpación quirúrgica completa del riñón y del uréter correspondiente, ampliada en su forma radical a un fragmento de la pared vesical que rodea el orificio ureteral. Constituye el tratamiento de referencia de los tumores del urotelio situados en la pelvis renal o en el uréter, un grupo de neoplasias poco frecuente. El nombre reúne tres piezas: nephrós, riñón en griego; uréter, del griego ourētḗr, derivado a su vez de ourein, orinar; y el sufijo -ectomía, de ektomḗ, extirpación quirúrgica. Designa así, con bastante literalidad, la extirpación conjunta de ambos órganos. Merece un apunte curioso la propia palabra uréter. En el griego de Hipócrates convivía como sinónimo casi absoluto de uretra; ambos términos comparten raíz y no fue hasta la medicina alejandrina, unos siglos después, cuando se fijó la distinción actual entre el conducto que baja del riñón a la vejiga y el que evacúa la orina al exterior. En su forma simple, la intervención se limita al riñón y al uréter completo. En su forma radical, la más habitual cuando existe un tumor, se añade la extirpación de un manguito de pared vesical alrededor del orificio ureteral, con el fin de eliminar también el tramo de urotelio que se continúa dentro de la vejiga. El tratamiento de referencia para los tumores uroteliales del tracto urinario superior de riesgo elevado es la nefroureterectomía con extirpación del manguito vesical. La razón de extirpar toda la vía excretora, y no solo el segmento donde asienta el tumor, es la tendencia de estas neoplasias a recidivar en cualquier otro punto del urotelio expuesto a la misma orina. Se trata de tumores poco comunes: representan entre un 5% y un 10% de los tumores uroteliales, frente al 90-95% que asientan en la vejiga, y aparecen algo más a menudo en la pelvis renal que en el uréter, en una proporción cercana a cuatro a uno. Además de la distinción entre forma radical y simple, la intervención admite distintas vías de acceso: la cirugía abierta, la laparoscópica y, cada vez con mayor frecuencia, la asistida por robot. Las tres persiguen el mismo objetivo oncológico; difieren en el tamaño de las incisiones y en el tiempo de recuperación postoperatoria, sin que exista hoy superioridad demostrada de una sobre otra en el control de la enfermedad. En casos seleccionados, cuando el tumor es único, de bajo grado y se localiza en el tercio distal del uréter, puede optarse por una ureterectomía segmentaria, que conserva el resto de la vía urinaria y el riñón. Esta alternativa cobra especial relevancia cuando el paciente tiene un solo riñón funcionante o una función renal ya comprometida. La extirpación abierta con manguito vesical lleva empleándose como tratamiento de referencia desde hace más de cinco décadas, un periodo lo bastante largo como para haber acumulado una amplia experiencia sobre sus resultados oncológicos. El abordaje laparoscópico, en cambio, es mucho más reciente: la primera nefroureterectomía laparoscópica de la que hay constancia la realizó Clayman en 1991, apenas unos años después de que el mismo grupo describiera la nefrectomía laparoscópica. No debe confundirse con la nefrectomía, que extirpa únicamente el riñón, sin el uréter, y que se emplea sobre todo en tumores del propio parénquima renal, como el carcinoma de células renales, o ante un riñón no funcionante. La diferencia no es meramente técnica: responde a que el tumor urotelial, a diferencia del renal, puede sembrar cualquier punto de la vía excretora que se deje in situ. Tampoco equivale a la ureterectomía segmentaria, limitada a un fragmento del uréter y reservada, como se ha señalado, a un grupo restringido de pacientes en los que conservar el riñón resulta prioritario. Los tumores del tracto urinario superior son raros: su incidencia se sitúa en torno a dos casos por cada 100.000 habitantes al año. Afectan con más frecuencia a varones que a mujeres, alcanzan su máxima incidencia entre los 70 y los 80 años, y hasta un 60% son ya invasivos en el momento del diagnóstico. No. La nefrectomía extirpa solo el riñón; la nefroureterectomía añade el uréter completo y, en su forma radical, un manguito de la pared vesical. Se emplean en indicaciones distintas: la primera en tumores del propio riñón, la segunda en tumores del urotelio de la vía excretora. Solo un pequeño fragmento de su pared, el que rodea el punto donde el uréter desemboca en ella. El resto de la vejiga se conserva íntegro. En 1991, cuando Clayman y su equipo publicaron la primera serie de nefroureterectomías realizadas por esta vía. La técnica abierta con manguito vesical ya era, entonces, el tratamiento establecido desde hacía varias décadas. En casos muy seleccionados sí: la ureterectomía segmentaria, cuando el tumor es único, de bajo grado y se sitúa en el uréter distal. No es una opción válida para la mayoría de los tumores del tracto urinario superior de alto riesgo. Del griego nephrós (riñón), ourētḗr (uréter) y ektomḗ (extirpación quirúrgica). Los tres componentes describen, sin rodeos, en qué consiste la intervención.Qué es la nefroureterectomía
Indicación principal
Tipos y abordajes
Un poco de historia
Diferenciación con otras cirugías renales
Epidemiología
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo que una nefrectomía?
¿Se extirpa también la vejiga?
¿Cuándo se describió el abordaje laparoscópico?
¿Existe alguna alternativa que conserve el riñón?
¿De dónde procede el nombre?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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