DICCIONARIO MÉDICO
Mortalidad materna
La mortalidad materna registra la muerte de una mujer durante el embarazo o dentro de los 42 días posteriores a su terminación, por cualquier causa relacionada con la gestación o agravada por ella, excluyendo las causas accidentales. Se expresa como razón de mortalidad materna, el número de muertes por cada 100.000 nacidos vivos, y se distingue en causas directas e indirectas. La Organización Mundial de la Salud define la defunción materna como la muerte de una mujer mientras está embarazada o dentro de los 42 días siguientes a la terminación del embarazo, con independencia de la duración o el lugar de la gestación, debida a cualquier causa relacionada con el embarazo mismo o con su atención, o agravada por ellos, pero nunca por causas accidentales o incidentales. Ese plazo de 42 días no es arbitrario, aunque lo parezca a primera vista: corresponde aproximadamente a la duración del puerperio, el periodo en el que el organismo de la mujer revierte los cambios fisiológicos del embarazo y en el que persiste un riesgo elevado de complicaciones graves. Las muertes obstétricas directas resultan de complicaciones propias del embarazo, el parto o el puerperio (hemorragia, eclampsia, embolia de líquido amniótico, rotura uterina) o de intervenciones, omisiones o tratamientos incorrectos relacionados con ellas. Suponen alrededor de cuatro de cada cinco muertes maternas en el mundo. Enfermedades previas al embarazo, o surgidas durante él sin origen obstétrico, componen las causas indirectas: el paludismo, la anemia grave, algunas cardiopatías o el VIH figuran entre las más citadas. Entre las causas directas, la hemorragia intensa, casi siempre puerperal, la infección, los trastornos hipertensivos del embarazo (sobre todo la eclampsia) y el parto obstruido concentran la mayoría de los casos. La clasificación internacional de enfermedades reconoce, además, una categoría adicional: la muerte materna tardía, la que se produce por causas obstétricas directas o indirectas después de los 42 días pero antes de cumplirse un año desde la terminación del embarazo. Se estima que cerca de un 10 % de las muertes maternas ocurre en esta ventana ampliada, lo que ha llevado a algunos sistemas de vigilancia a extender su seguimiento más allá del puerperio clásico. En 2023 se produjeron en el mundo unas 260.000 muertes maternas, más de 700 cada día, según el informe conjunto de la OMS, UNICEF, el UNFPA, el Banco Mundial y la División de Población de Naciones Unidas. La razón de mortalidad materna global se situó en 197 por cada 100.000 nacidos vivos, un 40 % menos que en el año 2000, cuando era de 328. La distribución del problema está lejos de ser uniforme. El África subsahariana concentró el 70 % de las muertes maternas registradas en 2023, con una razón de 454 por cada 100.000 nacidos vivos, frente a solo 3 en Australia y Nueva Zelanda. El objetivo de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible fija un límite de 70 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos, una meta que al ritmo actual de reducción no se alcanzará a tiempo en buena parte del mundo. Aunque ambas se sitúan en torno al embarazo y al parto, no comparten sujeto. La mortalidad perinatal registra la muerte del feto o del recién nacido; la mortalidad materna, la de la mujer gestante. Un mismo suceso obstétrico grave, como el desprendimiento de placenta o la eclampsia, puede en ocasiones cobrarse ambas vidas, pero se contabilizan siempre por separado, en dos indicadores distintos y con denominadores distintos. Porque el indicador busca medir específicamente el riesgo asociado al embarazo y a su atención sanitaria, no el riesgo general de morir de cualquier causa durante esos meses. Un accidente de tráfico sufrido por una mujer embarazada no revela nada sobre la calidad de la atención obstétrica que recibió. No todas, pero sí la gran mayoría. Numerosos análisis clínicos y forenses coinciden en que la mayor parte de las muertes maternas podría prevenirse con un acceso oportuno a atención obstétrica de calidad, lo que explica por qué el indicador se usa como reflejo directo de la solidez de un sistema sanitario. La directa surge de una complicación propia del embarazo, el parto o el puerperio; la indirecta, de una enfermedad ajena al embarazo que este agrava. Ambas cuentan como mortalidad materna, aunque sus estrategias de prevención sean muy diferentes entre sí. Dividiendo el número de muertes maternas de un periodo entre el número de nacidos vivos del mismo periodo, y multiplicando el resultado por 100.000. A diferencia de otras tasas de mortalidad, su denominador no es la población total, sino los nacimientos.Qué es la mortalidad materna
Causas directas e indirectas
La muerte materna tardía
Magnitud del problema
Diferenciación con la mortalidad perinatal
Preguntas frecuentes
¿Por qué se excluyen las causas accidentales de la definición de mortalidad materna?
¿Todas las muertes maternas son evitables?
¿Qué diferencia hay entre muerte materna directa e indirecta?
¿Cómo se calcula la razón de mortalidad materna?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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