DICCIONARIO MÉDICO
Monitorización
La monitorización es la vigilancia continua o repetida de uno o varios parámetros fisiológicos de un paciente, mediante un monitor u otro dispositivo, con el fin de detectar a tiempo cualquier cambio relevante en su estado. Puede ser invasiva, no invasiva o mínimamente invasiva, según el grado de intervención sobre el cuerpo del paciente que exige cada técnica. Se aplica en contextos tan distintos como el quirófano, la unidad de cuidados intensivos o el propio domicilio del paciente. Del sustantivo monitor, tomado del inglés con el sentido de dispositivo o pantalla de control, el español formó el verbo monitorizar y, de este, el sustantivo monitorización. La Real Academia Española define monitorizar como observar o controlar algo por medio de un aparato, especialmente de un monitor. En España se usa casi de forma exclusiva monitorización y monitorizar; en gran parte de Hispanoamérica se prefiere monitoreo y monitorear, con idéntico significado clínico. Ambas variantes están recogidas por la Academia y no existe entre ellas una diferencia de sentido, solo geográfica. En el paciente crítico, la monitorización habitual incluye los signos vitales (temperatura, presión arterial, pulso y frecuencia respiratoria), la saturación de oxígeno mediante un oxímetro de pulso transcutáneo, y el balance de líquidos administrados y eliminados. A estos parámetros básicos se añaden otros según la situación clínica concreta: la presión intracraneal en un traumatismo craneal grave, o las presiones pulmonares y cardíacas en una inestabilidad hemodinámica compleja. El objetivo no es solo registrar cifras, sino disponer de la información a tiempo para ajustar el tratamiento antes de que una alteración se agrave. Según su grado de invasividad, la monitorización se divide en tres niveles. La no invasiva es atraumática y recurre a electrodos cutáneos, manguitos de presión o sensores ópticos: el electrocardiograma continuo, la oximetría de pulso o la presión arterial tomada con manguito son ejemplos habituales. La invasiva exige el acceso directo al interior de un vaso o una cavidad, casi siempre mediante un catéter conectado a un transductor de presión, como ocurre en el registro continuo de la presión arterial por vía intraarterial o en la presión intracraneal. La mínimamente invasiva ocupa un espacio intermedio: la ecocardiografía transesofágica, por ejemplo, aporta información hemodinámica detallada sin la agresividad de un catéter intravascular. Cada nivel tiene su indicación propia. La no invasiva basta para la mayoría de los pacientes; la invasiva se reserva para quienes necesitan datos exactos y continuos, o en quienes la técnica no invasiva resulta poco fiable, por ejemplo en la obesidad importante o el edema generalizado. El quirófano y el cuidado intensivo son los entornos donde la monitorización alcanza mayor densidad de parámetros y continuidad. En una planta de hospitalización convencional, en cambio, suele bastar con controles periódicos, no continuos. La telemonitorización domiciliaria, cada vez más extendida, traslada parte de esta vigilancia al hogar del paciente con enfermedades crónicas, mediante dispositivos que transmiten los datos a distancia sin necesidad de ingreso. La vigilancia continua de un paciente no siempre formó parte de la rutina hospitalaria; durante décadas, las constantes vitales se tomaban de forma manual y a intervalos fijos. El cambio llegó de la mano de la cardiología: a comienzos de la década de 1960 se crearon las primeras unidades coronarias, en las que la monitorización electrocardiográfica continua permitía detectar arritmias mortales en pacientes con infarto agudo de miocardio antes de que causaran la muerte. En aquellas primeras unidades, la mortalidad hospitalaria del infarto descendió de cifras cercanas al 30% hasta el 16%. El modelo se extendió después a la práctica totalidad de los cuidados críticos. Conviene no confundir la monitorización, que es una acción clínica, con el monitor, que es el aparato con el que esa acción se lleva a cabo. Un mismo monitor puede emplearse en modalidades distintas de monitorización según los sensores que se conecten a él, sean invasivos o no. Sí, con una diferencia solo geográfica. Monitorización y monitorizar se usan en España; monitoreo y monitorear, en gran parte de Hispanoamérica. La Real Academia Española recoge ambas formas como correctas. La invasiva requiere acceder al interior de un vaso o una cavidad, casi siempre con un catéter, y ofrece datos más exactos y continuos. La no invasiva es atraumática, se apoya en electrodos y sensores externos, y basta para la mayoría de los pacientes. Sí, mediante telemonitorización. Los dispositivos domiciliarios registran parámetros como la frecuencia cardíaca, la saturación de oxígeno o la presión arterial y transmiten los datos a distancia, sin que el paciente tenga que desplazarse al hospital. Desde comienzos de la década de 1960, con la creación de las primeras unidades coronarias. Antes de esa fecha, las constantes vitales se comprobaban de forma manual y a intervalos, no de manera continua.Qué es la monitorización
Qué se vigila y con qué objetivo
Clasificación
Dónde se aplica
Por qué se generalizó esta práctica
Diferenciación con el monitor
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo monitorización que monitoreo?
¿Qué diferencia hay entre monitorización invasiva y no invasiva?
¿Se puede monitorizar a un paciente en su domicilio?
¿Desde cuándo se monitoriza de forma continua a los pacientes graves?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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