DICCIONARIO MÉDICO
Mitomanía
La mitomanía es la tendencia patológica a mentir y fabular de forma reiterada, con relatos que la propia persona puede llegar a creer. Los psiquiatras utilizan también los términos mentira patológica y pseudología fantástica para referirse al mismo fenómeno, descrito por primera vez en la literatura médica en 1891. La Real Academia Española recoge dos acepciones de mitomanía: la tendencia morbosa a desfigurar y engrandecer la realidad de lo que se cuenta, y la tendencia a mitificar o admirar de forma exagerada a personas o cosas. En el uso psiquiátrico, la palabra se refiere sobre todo a la primera: un patrón persistente de mentiras elaboradas, a menudo grandiosas, que no buscan una ventaja concreta y que en ocasiones la propia persona termina por dar por ciertas. Etimológicamente, el término combina mito (del griego mŷthos, "relato" o "fábula") y el sufijo -manía (del griego maníā, "locura", con el valor científico de "adicción a" o "impulso irresistible hacia"). Conviene no confundir esta raíz con la de otras palabras de aspecto parecido: el mito- de mitomanía nada tiene que ver con el mito- de términos como el mitógeno, que procede de una palabra griega distinta, mítos, "hilo". Son dos raíces que suenan igual en español y significan cosas muy diferentes. El fenómeno se documentó por primera vez en 1891, cuando el psiquiatra suizo Anton Delbrück publicó una descripción de lo que llamó pseudología fantástica: pacientes cuyas mentiras eran demasiado inverosímiles y desproporcionadas para explicarse por el simple interés personal. Catorce años después, en 1905, el psiquiatra francés Ernest Dupré acuñó el término mitomanía en su obra La Mythomanie, para designar una tendencia más o menos consciente a fabular en el plano psíquico. Ambos conceptos, nacidos por separado, se emplean hoy como sinónimos. No toda mentira es mitomanía, ni toda distorsión de la realidad tiene el mismo origen. Frente a la mentira ordinaria, dirigida a un fin concreto y reconocible, la mitomanía se caracteriza por fabulaciones desproporcionadas respecto a cualquier beneficio que pudieran reportar, y que con frecuencia se sostienen incluso cuando dejan de resultar convenientes para quien las cuenta. Tampoco debe confundirse con la confabulación, un fenómeno de origen neurológico ligado a un fallo de memoria, típico de los síndromes amnésicos. La confabulación nace de un cerebro que rellena huecos de memoria con contenido inventado; la mitomanía no depende de ninguna alteración mnésica, y quien fabula suele conservar, en el fondo, la capacidad de reconocer la falsedad de su relato si se le confronta con pruebas. Otra distinción relevante es la que la separa del trastorno facticio, en el que la fabricación se centra específicamente en síntomas o enfermedades, con el objetivo de asumir el papel de enfermo. La mitomanía, en cambio, puede extenderse a cualquier ámbito de la vida: logros profesionales, relaciones, orígenes familiares o hazañas personales. Pese a su larga historia, la mitomanía no figura como entidad diagnóstica independiente ni en el DSM-5 ni en la Clasificación Internacional de Enfermedades. Se entiende hoy como un rasgo o síntoma que puede aparecer asociado a otros cuadros, en particular a los trastornos de personalidad del grupo B (narcisista, antisocial e histriónico), y en ocasiones al trastorno de estrés postraumático. Esta falta de reconocimiento formal explica que no existan criterios diagnósticos universalmente aceptados ni cifras fiables sobre su frecuencia en la población general. El sufijo -manía aparece en un buen número de términos médicos y psicológicos que designan impulsos difíciles de controlar hacia un objeto o una conducta determinada, como la piromanía o la dipsomanía. Conviene no confundir este uso del sufijo con la manía propiamente dicha, la fase de ánimo elevado propia del trastorno bipolar: comparten origen griego, pero designan fenómenos clínicos distintos. De dos raíces griegas: mito (mŷthos, "relato" o "fábula") y el sufijo -manía (maníā, "impulso irresistible hacia"). El término fue acuñado en 1905 por el psiquiatra francés Ernest Dupré, aunque el fenómeno ya se había descrito en 1891 bajo el nombre de pseudología fantástica. No. Mentir de forma ocasional u ordinaria persigue casi siempre un objetivo identificable. En la mitomanía, en cambio, la fabulación desborda con mucho cualquier ventaja obtenible y puede mantenerse incluso cuando ya no beneficia a quien la sostiene. Como entidad independiente, no. Ni el DSM-5 ni la Clasificación Internacional de Enfermedades la recogen como categoría propia; se considera, más bien, un rasgo asociado a otros trastornos, sobre todo de personalidad. Pueden parecerse desde fuera, pero su origen es distinto: la confabulación surge de una alteración neurológica de la memoria, típica por ejemplo del síndrome de Korsakov, mientras que la mitomanía no depende de ningún déficit mnésico.Qué es la mitomanía
Un poco de historia
Cómo se distingue de otros fenómenos parecidos
Su lugar en la clasificación psiquiátrica actual
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra mitomanía?
¿Es lo mismo que mentir habitualmente?
¿Está reconocida como enfermedad en el DSM-5?
¿Puede confundirse con la confabulación de un problema de memoria?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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