DICCIONARIO MÉDICO
Mecanorreceptor
El mecanorreceptor es el receptor sensorial que convierte un estímulo mecánico (presión, vibración, estiramiento o desplazamiento) en un impulso nervioso. Se encuentra en la piel, los músculos, los tendones, las articulaciones, las paredes vasculares y el oído interno, y constituye la base del tacto, de la propiocepción y de la audición. La traducción del estímulo se produce a través de canales iónicos que se abren cuando la membrana del receptor se deforma. Un mecanorreceptor pertenece a la familia de los receptores sensoriales, las estructuras que informan al sistema nervioso de lo que ocurre dentro y fuera del organismo. Cada tipo de receptor está sintonizado con una forma de energía: los fotorreceptores responden a la luz, los termorreceptores a la temperatura, los quimiorreceptores a las moléculas y los mecanorreceptores a la deformación física. Ante un estímulo mecánico, la membrana del receptor se estira y sus canales iónicos activados por tensión dejan pasar iones; el cambio de conductancia despolariza la terminal y, si alcanza el umbral, genera un potencial de acción que viaja hacia el sistema nervioso central. La supresión del estímulo revierte el proceso. El término combina el griego μηχανή (mēchanḗ), "máquina" o "artificio mecánico", con el latín receptor, "el que recibe". La primera raíz es la misma que originó "mecánica" y "máquina"; la segunda, la de "recibir" y "recepción". La palabra designa, por tanto, un receptor de lo mecánico. La clasificación más útil no atiende a la forma del receptor, sino a su velocidad de adaptación, es decir, a cuánto tarda en dejar de responder ante un estímulo que se mantiene constante. Los de adaptación rápida se apagan enseguida y detectan sobre todo el inicio y el final del contacto, el movimiento y la vibración. Los de adaptación lenta siguen disparando mientras el estímulo persiste, y por eso codifican la presión sostenida y la forma de los objetos. En la piel sin vello (glabra) de la palma y los dedos, la fisiología distingue cuatro grandes canales, identificados con las siglas SA y RA (del inglés slowly y rapidly adapting) más un número que indica el tamaño del campo receptivo. Las células de Merkel (SA1) responden a la presión mantenida y al detalle fino, y son las que permiten leer una textura o el relieve del braille. Los corpúsculos de Meissner (RA1), situados justo bajo la epidermis, captan el tacto ligero y el deslizamiento, y ayudan a regular la fuerza del agarre. Los corpúsculos de Pacini (RA2), profundos y encapsulados en láminas concéntricas como una cebolla, están afinados para vibraciones de alta frecuencia, entre 200 y 300 Hz. Los corpúsculos de Ruffini (SA2) registran el estiramiento de la piel y la posición articular. Fuera de la piel glabra existen otras variantes. Los receptores del folículo piloso avisan cuando un pelo se mueve. En el aparato locomotor, los husos musculares miden el estiramiento del músculo y los órganos tendinosos de Golgi, la tensión del tendón: ambos alimentan la propiocepción, el sentido de la posición del cuerpo. En las paredes de las arterias, los barorreceptores son mecanorreceptores modificados que se excitan cuando el vaso se distiende y participan en el control de la presión arterial. Y los más sensibles de todos no están en la piel: las células ciliadas de la cóclea transforman las ondas de presión del aire en la señal que el cerebro interpreta como sonido. Casi todos los mecanorreceptores cutáneos de umbral bajo se conectan al sistema nervioso mediante fibras mielínicas gruesas del tipo Aβ, que conducen deprisa y explican la rapidez con que se percibe un contacto. La información asciende por la médula y llega a la corteza somatosensorial, donde se reconstruye el mapa del cuerpo. Un dato ilustra la especificidad del sistema: la microestimulación de una sola fibra de Meissner o de Pacini provoca una ilusión de "aleteo" o de "vibración", mientras que la de una fibra de Merkel genera una sensación de "presión". Cada canal transporta, por tanto, una cualidad distinta del tacto. Del griego μηχανή (mēchanḗ), "máquina", y del latín receptor, "el que recibe". Es una formación moderna, no clásica: describe una estructura que recibe estímulos mecánicos. La rapidez con que dejan de responder a un estímulo constante. El de adaptación rápida se apaga en cuanto la presión se estabiliza, por lo que señala los cambios: cuándo empieza y cuándo termina el contacto, y la vibración. El de adaptación lenta sigue emitiendo señales mientras dura el estímulo, y así informa de la presión mantenida y de la forma de lo que se toca. No. Los hay en los músculos y tendones (husos musculares, órganos de Golgi), en las articulaciones, en las paredes arteriales (barorreceptores) y en el oído interno. Las células ciliadas de la cóclea son, de hecho, los mecanorreceptores más sensibles del cuerpo humano. Puede ampliar información sobre los receptores del tacto y la propiocepción en:Qué es un mecanorreceptor
Cómo se clasifican
Cómo llega la señal al cerebro
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra mecanorreceptor?
¿Qué diferencia a un mecanorreceptor de adaptación rápida de uno lento?
¿Solo hay mecanorreceptores en la piel?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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