DICCIONARIO MÉDICO
Maniobra de Valsalva
La maniobra de Valsalva es una espiración forzada contra la vía aérea cerrada, con la glotis o la boca y la nariz bloqueadas, que eleva de forma transitoria la presión dentro del tórax y el abdomen. Ese aumento de presión modifica el retorno de sangre al corazón y desencadena una secuencia previsible de respuestas cardiovasculares y del sistema nervioso autónomo. Toma su nombre del anatomista italiano Antonio Maria Valsalva, que la describió en 1704 como método para expulsar secreciones del oído medio. El nombre procede directamente del apellido de quien la ideó. Antonio Maria Valsalva (Imola, 1666-Bolonia, 1723), discípulo de Marcello Malpighi y maestro de Giovanni Battista Morgagni, dedicó su obra al oído. En su tratado De aure humana tractatus, publicado en Bolonia en 1704, describió la insuflación de aire hacia la trompa de Eustaquio mediante una espiración forzada con la boca y la nariz cerradas. Su intención era terapéutica: desalojar el pus del oído medio. El uso cardiológico que hoy asociamos al gesto llegó mucho después; Valsalva nunca lo conoció. En términos actuales, la maniobra consiste en intentar exhalar mientras se mantiene cerrada la salida del aire. La persona hace fuerza como si soplara, pero el aire no puede escapar. Esa contracción isométrica de la musculatura espiratoria y abdominal comprime el contenido del tórax. La presión intratorácica sube y, con ella, se altera todo el circuito que lleva la sangre de vuelta al corazón. En un contexto controlado, el esfuerzo se sostiene entre diez y quince segundos, tiempo suficiente para observar la respuesta hemodinámica completa. La respuesta del organismo se ordena en cuatro fases. En la fase I, el inicio del esfuerzo empuja la sangre contenida en los grandes vasos del tórax hacia la circulación: la presión arterial sube de manera pasajera. La fase II es la más reveladora. Al mantenerse la presión intratorácica elevada, las venas cavas se comprimen, llega menos sangre al corazón derecho y el volumen que este bombea cae. La presión arterial desciende, y los barorreceptores de la aorta y las carótidas responden acelerando el pulso y contrayendo las arterias para frenar la caída. Al soltar el aire comienza la fase III, un descenso breve de la presión conforme se libera de golpe la presión torácica y el lecho vascular pulmonar vuelve a llenarse. La fase IV cierra el ciclo: el retorno venoso se restablece, el corazón recibe de nuevo un volumen normal y bombea contra unas arterias todavía contraídas, de modo que la presión arterial rebota por encima de su valor de partida. Ese rebote reactiva los barorreceptores, que ahora frenan el corazón. La normalidad se recupera en segundos. La secuencia entera depende de que el arco reflejo funcione. Cuando el sistema nervioso autónomo está dañado, alguna de las fases falta o se atenúa, y ese patrón anómalo es lo que da valor diagnóstico al procedimiento. La respuesta es rápida. Un corazón y unos reflejos sanos completan el vaivén de presiones sin que la persona note más que una ligera sensación de mareo. Lo que convierte esta espiración en una herramienta es su carácter reproducible: siempre altera el retorno venoso de la misma forma, así que sirve para poner a prueba sistemas que dependen de él. En la esfera del oído, el uso original de Valsalva persiste; el aumento de presión abre la trompa de Eustaquio e iguala la presión a ambos lados del tímpano, algo que muchas personas hacen de manera intuitiva al descender en avión o al bucear. En la exploración cardiovascular, el desplome de retorno venoso de la fase II modifica la intensidad de ciertos soplos, lo que ayuda a distinguir su origen. Existe también una versión modificada, con la persona tumbada y las piernas elevadas al terminar el esfuerzo, que amplifica la fase IV. El mismo principio explica por qué el organismo recurre de forma espontánea a un Valsalva involuntario al levantar peso, defecar o toser: son gestos que necesitan una pared abdominal firme y una presión interna alta. Del anatomista Antonio Maria Valsalva, que la describió en su tratado sobre el oído de 1704. La pensó para vaciar de secreciones el oído medio, no para el corazón. El gesto es el mismo: soplar con la boca y la nariz cerradas. Al hacerlo se abre la trompa de Eustaquio y se iguala la presión del oído medio con la del exterior, que es justo lo que alivia la sensación de taponamiento durante el descenso de un avión o una inmersión. Porque altera de forma predecible la cantidad de sangre que vuelve al corazón. Ese cambio controlado permite observar cómo responden el ritmo cardíaco, la presión arterial y los reflejos autónomos, y modifica algunos soplos de manera que revela su procedencia. Una presión en la cabeza y los oídos y, a veces, una breve sensación de mareo cuando la presión arterial cae en la segunda fase. Dura pocos segundos.Qué es la maniobra de Valsalva
Las cuatro fases hemodinámicas
Fundamento fisiológico y contextos de uso
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre?
¿Es lo mismo que "destaponarse los oídos" en un vuelo?
¿Por qué se usa para estudiar el corazón?
¿Qué se siente al realizarla?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026