DICCIONARIO MÉDICO
Inversión uterina
La inversión uterina es el plegamiento del útero sobre sí mismo: el fondo se invagina y desciende hacia el interior de la cavidad, hacia el cuello o incluso hacia el exterior, de modo que el órgano queda vuelto del revés. Aparece casi siempre durante el alumbramiento o en las horas que siguen al parto, y por su rapidez y potencial gravedad se cataloga como urgencia obstétrica poco frecuente. El término reúne dos palabras de origen distinto. Inversión procede del latín inversio, derivado del verbo invertere (de in-, hacia dentro, y vertere, girar o volver), con el sentido de poner algo del revés. Útero conserva su forma latina uterus, el órgano donde transcurre la gestación. Juntos describen el fenómeno con exactitud: un útero que se ha dado la vuelta como un guante. En el plano anatómico, la inversión consiste en la invaginación total o parcial del fondo uterino a través del cérvix. El punto más alto del órgano se hunde hacia la cavidad y arrastra consigo las paredes, de manera que la cara interna queda expuesta hacia la vagina. De ahí la imagen del "útero del revés" con que a menudo se resume el cuadro. La mayor parte de los casos surgen en el tercer periodo del parto, el momento en que se expulsa la placenta y que recibe el nombre de alumbramiento. Si el fondo del útero pierde su tono y sobre él actúa una fuerza que tira hacia abajo, la pared puede plegarse hacia dentro en vez de contraerse. Entre los factores descritos figuran la tracción excesiva del cordón umbilical antes de que la placenta se haya desprendido, la relajación de la musculatura uterina y la adherencia anómala de la placenta en la zona del fondo. No todas las inversiones se asocian al parto. Una minoría, en torno al 5 por ciento, aparece fuera del puerperio y se relaciona con tumoraciones del cuerpo del útero, sobre todo miomas, que empujan el fondo hacia el cuello a modo de peso. La causa no siempre se identifica: una parte de los casos se clasifica como idiopática, sin desencadenante reconocible. La inversión uterina se ordena según tres criterios que conviene no mezclar entre sí. Por su relación con el parto se separa la forma puerperal, ligada al alumbramiento, de la no puerperal o ginecológica, vinculada a tumores uterinos. El tiempo transcurrido hasta que se reconoce añade otra división dentro de las puerperales: aguda cuando se detecta en las primeras 24 horas, subaguda entre ese momento y el primer mes, y crónica cuando se prolonga más allá. La extensión del plegamiento suele graduarse en cuatro niveles. En el grado I el fondo desciende hasta el cuello pero no lo sobrepasa; en el grado II atraviesa el cérvix y llega a la vagina; en el grado III el fondo asoma por el introito; en el grado IV la inversión es completa y arrastra consigo la pared vaginal. Diversos autores han propuesto matices sobre esta escala, por lo que en la literatura conviven varias versiones. Es un accidente obstétrico raro. Las series publicadas sitúan su frecuencia entre uno por cada 20.000 partos y cifras todavía menores, con variaciones según la vía del parto y la definición que se emplee. La forma que sigue a una cesárea se comunica con más frecuencia que la del parto vaginal. En el pasado, la mortalidad asociada a esta complicación llegó a rondar el 15 por ciento. La estandarización de la atención al parto y el reconocimiento temprano han rebajado ese riesgo de forma notable, hasta convertirlo hoy en algo infrecuente. Conviene no confundir la inversión con el prolapso uterino, dos situaciones que comparten un rasgo (el útero desciende) pero responden a mecanismos opuestos. En el prolapso el órgano baja hacia la vagina conservando su orientación normal: el fondo sigue arriba y el cuello, abajo. En la inversión, el útero se vuelve del revés, con el fondo hundido hacia dentro. Uno es un descenso; la otra, un plegamiento. La distinción no es un matiz menor. El prolapso se instaura despacio y suele relacionarse con la debilidad del suelo pélvico; la inversión aguda irrumpe en cuestión de minutos, en pleno alumbramiento. Del latín invertere, formado por in- (hacia dentro) y vertere (girar). Significa volver algo del revés, que es justo lo que le sucede al útero en este cuadro. No. En el prolapso el útero desciende sin cambiar de orientación; en la inversión se pliega y queda vuelto del revés. Son entidades distintas, con causas y contextos diferentes. En su gran mayoría, sí. La forma puerperal, asociada al alumbramiento, concentra casi todos los casos. Existe una variante no puerperal (en torno al 5 por ciento) que aparece fuera del embarazo y se vincula a tumores del cuerpo uterino, con frecuencia miomas submucosos. En ella es el tumor el que actúa como peso que arrastra el fondo hacia el cuello. Indican hasta dónde desciende el fondo del útero plegado, del grado I, en que apenas alcanza el cuello, al grado IV, en que la inversión es completa e incluye la vagina. Son una manera de medir la extensión del proceso.Qué es la inversión uterina
Cómo se produce
Clasificación
Frecuencia y contexto
Diferencia con el prolapso uterino
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra inversión?
¿Es lo mismo la inversión uterina que el prolapso?
¿Ocurre solo después del parto?
¿Qué expresan los grados de inversión?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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