DICCIONARIO MÉDICO
Hueso corto
El hueso corto es uno de los tipos de hueso según su forma. Tiene dimensiones parecidas de largo, ancho y alto, lo que le da un aspecto casi cúbico. Se agrupa en la muñeca y el tobillo, donde aporta estabilidad y permite movimientos precisos. Por dentro es sobre todo hueso esponjoso envuelto por una fina capa compacta. El hueso corto es una de las cinco categorías en que se clasifican los huesos por su forma, junto a los largos, los planos, los irregulares y los sesamoideos. Su rasgo distintivo es la proporción: mide aproximadamente lo mismo en sus tres ejes, de modo que se acerca a un cubo o a un dado. El adjetivo corto traduce el latín curtus, que significaba recortado o incompleto, y aquí alude a esa falta de una dimensión dominante. No hay un cuerpo alargado como en el hueso largo, ni una lámina extendida como en el plano. Por dentro, un hueso corto es casi todo hueso esponjoso, esa malla ligera de trabéculas que reparte las cargas y absorbe impactos. Lo recubre por fuera una capa delgada de hueso compacto que le da resistencia superficial. Entre las trabéculas hay médula, aunque, a diferencia del hueso largo, el hueso corto no tiene una cavidad medular única ni una diáfisis. Esa ausencia de un tubo central es justo lo que lo separa del patrón tubular de un fémur o un húmero. La superficie combina zonas lisas y zonas rugosas. Las lisas son carillas articulares, revestidas de cartílago, por las que un hueso corto se articula con sus vecinos. Las rugosas sirven de anclaje a ligamentos y tendones. En un espacio pequeño se acumulan así muchas articulaciones, y de esa acumulación nace la movilidad fina de la muñeca y del pie. Los ejemplos claros están en dos regiones. El carpo, en la muñeca, reúne ocho huesos cortos dispuestos en dos filas: escafoides, semilunar, piramidal y pisiforme en la fila cercana al antebrazo; trapecio, trapezoide, grande y ganchoso en la fila cercana a la mano. El tarso, en el pie, agrupa siete: calcáneo, astrágalo, navicular, cuboides y los tres cuneiformes. La rótula se incluye a veces entre los cortos por su forma, aunque suele clasificarse como hueso sesamoideo por desarrollarse dentro de un tendón. Su cometido combina dos exigencias que parecen opuestas: firmeza y movimiento. En la muñeca y el tobillo hace falta una base estable que soporte el peso y transmita la fuerza, pero también un juego articular que permita orientar la mano o adaptar el pie al terreno. Los huesos cortos resuelven ese compromiso al articularse entre sí en múltiples puntos, de manera que cada pequeño desplazamiento se suma al de los demás. El resultado es un movimiento amplio y controlado sin sacrificar la solidez. Por su forma, no por su tamaño. El nombre, del latín curtus, señala que ninguna de sus dimensiones destaca sobre las otras, de modo que el hueso resulta compacto y de aspecto cúbico en vez de alargado o aplanado. Ocho, los del carpo, repartidos en dos filas de cuatro. En el tarso del pie son siete. Entre ambas regiones concentran la mayoría de los huesos cortos del cuerpo. El hueso largo tiene un cuerpo alargado con cavidad medular y dos extremos, y actúa como palanca del movimiento. El corto carece de ese cuerpo y de esa cavidad, es casi todo hueso esponjoso y trabaja agrupado para dar estabilidad con algo de movilidad.Qué es un hueso corto
Estructura del hueso corto
Ejemplos de huesos cortos
Función del hueso corto
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llaman huesos cortos?
¿Cuántos huesos cortos hay en la muñeca?
¿En qué se diferencia un hueso corto de uno largo?
Referencias
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