DICCIONARIO MÉDICO
Histiocitosis de células de Langerhans
La histiocitosis de células de Langerhans es la más frecuente de las histiocitosis. Se caracteriza por la proliferación de unas células dendríticas que comparten marcadores con las células de Langerhans de la piel. Hoy se considera una neoplasia de origen mieloide, y no la enfermedad reactiva que se creyó durante casi un siglo. La histiocitosis de células de Langerhans, abreviada HCL, es un trastorno por proliferación de células dendríticas que expresan los mismos antígenos de superficie que las células de Langerhans epidérmicas: el CD1a y el CD207, también llamado langerina, junto con la proteína S-100. Dentro del mapa general de las histiocitosis pertenece al grupo L, el de las entidades relacionadas con las células de Langerhans. Puede consultar el conjunto de estas enfermedades en la entrada sobre la histiocitosis. El nombre resulta engañoso en un punto que conviene aclarar. Aunque las células de la HCL comparten fenotipo con las células de Langerhans de la epidermis, no proceden de ellas. Los estudios de expresión génica indican que su verdadero origen es una célula progenitora hematopoyética que, en el camino hacia célula dendrítica mieloide, adquiere ese perfil de superficie. Por esa razón la Organización Mundial de la Salud clasifica la HCL como una neoplasia mieloide. Las células que dan nombre a la enfermedad las describió un estudiante de medicina berlinés, Paul Langerhans, en 1868. Tenía 21 años. Empleando una tinción de cloruro de oro identificó en la epidermis unas células ramificadas de aspecto peculiar y, al principio, las tomó por terminaciones nerviosas de la piel. Años más tarde rectificó y admitió que su interpretación había sido errónea. El mismo investigador describiría poco después, en su tesis doctoral sobre el páncreas, los acúmulos celulares que hoy conocemos como islotes de Langerhans. Dos hallazgos célebres, el mismo apellido. Antes de reconocerse como una sola enfermedad, la HCL se conocía por tres cuadros que parecían independientes. El granuloma eosinófilo describía una lesión ósea única de buen pronóstico. La enfermedad de Hand-Schüller-Christian reunía afectación esquelética con otras manifestaciones. Y la enfermedad de Letterer-Siwe, la forma más grave, se presentaba en niños muy pequeños con compromiso de varios órganos. En 1953, el patólogo Louis Lichtenstein observó que las tres compartían el mismo sustrato histológico y propuso agruparlas bajo un único término: histiocitosis X. La equis no era una sigla, sino la manera de reconocer que se ignoraba tanto la causa como la célula responsable. La incógnita empezó a despejarse en 1961, cuando Michael Birbeck describió con el microscopio electrónico unos gránulos citoplasmáticos característicos, los gránulos de Birbeck, que resultaron ser el sello de la célula de Langerhans. Identificada la célula, la denominación histiocitosis X quedó obsoleta y cedió el paso a la actual, histiocitosis de células de Langerhans. El giro conceptual más reciente afecta a la naturaleza misma de la enfermedad. En 2010, el equipo de Gayane Badalian-Very detectó la mutación BRAF V600E en más de la mitad de las lesiones estudiadas, en torno al 55 por ciento de los casos. El dato se confirmó después en cohortes amplias, incluida una serie pediátrica francesa de varios cientos de pacientes. BRAF es una pieza de la vía de señalización RAS-RAF-MEK-ERK, la misma cadena que gobierna el crecimiento celular en numerosos tumores. Su activación permanente empuja a la célula a proliferar sin freno. Ese descubrimiento zanjó un debate antiguo. La HCL había oscilado durante décadas entre considerarse una reacción inmunitaria y una proliferación tumoral. La presencia de una mutación somática clonal, propia del cáncer, inclinó la interpretación hacia el modelo neoplásico y reorientó la clasificación de todas las histiocitosis. En una minoría de casos sin BRAF V600E se han hallado otras alteraciones de la misma ruta molecular. Bajo el nombre de HCL se engloban hoy las viejas entidades, más una cuarta descrita después, la enfermedad de Hashimoto-Pritzker, una forma congénita que tiende a resolverse por sí sola. La medicina actual apenas usa ya estos epónimos, con la excepción del granuloma eosinófilo, que sigue empleándose para la lesión ósea aislada. El motivo del abandono es sencillo: la mayoría de los pacientes no encaja de forma limpia en ninguna de las descripciones clásicas, y las manifestaciones se solapan. Los nombres perduran sobre todo como testimonio de la historia de la enfermedad. Porque las células que proliferan expresan los marcadores CD1a y CD207 propios de las células de Langerhans de la piel, descritas por Paul Langerhans en 1868. El apellido señala el parentesco fenotípico, aunque el origen real de la célula patológica sea un precursor de la médula ósea. Representaba lo desconocido. Cuando Lichtenstein acuñó el término en 1953 no se sabía qué célula causaba la enfermedad ni por qué aparecía. La equis se abandonó al identificarse la célula de Langerhans como protagonista. La Organización Mundial de la Salud la clasifica como una neoplasia mieloide. El hallazgo de mutaciones somáticas clonales, sobre todo BRAF V600E, respalda esa consideración. No se comporta como los tumores más conocidos, pero comparte con ellos el mecanismo de una proliferación celular impulsada por una alteración genética. No son enfermedades distintas. El granuloma eosinófilo es una de las formas de presentación de la HCL, en concreto la lesión ósea localizada y de mejor curso. Es el único de los epónimos clásicos que se sigue utilizando con frecuencia.Qué es la histiocitosis de células de Langerhans
Quién fue Paul Langerhans
De la "histiocitosis X" al nombre actual
Una neoplasia con una mutación protagonista
Formas clínicas históricas
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama "de células de Langerhans"?
¿Qué significaba la "X" de histiocitosis X?
¿Es un cáncer la histiocitosis de células de Langerhans?
¿En qué se diferencia del granuloma eosinófilo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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