DICCIONARIO MÉDICO
Hipertermia maligna
La hipertermia maligna es un trastorno de origen genético en el que el músculo esquelético reacciona de forma anómala ante determinados fármacos empleados en la anestesia. En las personas predispuestas, la exposición a esos agentes desata una respuesta hipermetabólica brusca que eleva con rapidez la temperatura corporal. La hipertermia maligna es una enfermedad farmacogenética, es decir, una condición hereditaria que solo se manifiesta cuando el organismo entra en contacto con ciertos medicamentos. Los desencadenantes son los anestésicos inhalatorios halogenados, como el halotano, el sevoflurano o el isoflurano, y un relajante muscular despolarizante, la succinilcolina. Una persona susceptible puede llevar toda su vida sin saberlo hasta que, durante una anestesia, aparece la reacción. El adjetivo maligna procede del latín malignus, de índole dañina, y la distingue de las formas comunes de hipertermia ligadas al calor o al esfuerzo. No alude a un tumor, sino a la gravedad y la rapidez con que puede evolucionar la crisis si no se reconoce a tiempo. La predisposición se transmite con un patrón de herencia autosómica dominante, lo que significa que basta con recibir una copia alterada del gen, procedente de uno de los progenitores, para heredar la susceptibilidad. La penetrancia y la expresividad, en cambio, son variables: no todos los portadores desarrollan la crisis del mismo modo ni con la misma intensidad. La alteración más frecuente afecta al gen RYR1, situado en el brazo largo del cromosoma 19, que codifica el receptor de rianodina del músculo esquelético. Se estima que interviene en torno al 70 % de los casos. Un segundo gen implicado, con menor frecuencia, es CACNA1S, que codifica una subunidad de un canal de calcio dependiente de voltaje. Ambas proteínas participan en el control del calcio dentro de la célula muscular. La clave del trastorno está en el manejo del calcio. En condiciones normales, el receptor de rianodina libera calcio desde un almacén interno de la fibra muscular, el retículo sarcoplásmico, y luego lo recupera de forma ordenada para que el músculo se contraiga y se relaje. En la persona susceptible, la presencia del anestésico desencadenante abre ese canal de manera descontrolada y prolongada. El calcio inunda el interior de la fibra y la mantiene contraída sin descanso. Esa contractura sostenida dispara el consumo de oxígeno y de energía, y el músculo se convierte en una fuente de calor que no cesa. De ahí el estado hipermetabólico que da nombre al cuadro. La rotura de fibras musculares por el esfuerzo extremo puede provocar rabdomiólisis, con paso al torrente sanguíneo del contenido de las células dañadas. La entidad se identificó en 1960. Un estudiante australiano de 21 años ingresó en el Royal Melbourne Hospital con una fractura y una gran ansiedad ante la anestesia: diez de sus familiares habían fallecido durante o después de operaciones. Al iniciarse la anestesia con halotano sufrió una crisis que se logró revertir enfriándolo con hielo, y fue el primer superviviente registrado. Michael Denborough y Richard Lovell estudiaron a la familia y publicaron el hallazgo, que abrió el camino a comprender su naturaleza hereditaria. Su frecuencia es baja y difícil de precisar, porque depende de cuántas personas portan las mutaciones en cada población. Las cifras manejadas para las crisis oscilan entre uno de cada 10.000 y uno de cada 100.000 procedimientos anestésicos, con predominio en varones. El fármaco específico frente a la crisis es el dantroleno, que actúa precisamente sobre el receptor de rianodina. Del latín malignus, dañino. El nombre subraya la gravedad de la reacción y la separa de las hipertermias corrientes por calor o ejercicio. No tiene relación con el cáncer ni con ningún tumor. Sí. La susceptibilidad se transmite de forma autosómica dominante, de modo que una sola copia alterada del gen basta para heredarla. Por eso los antecedentes familiares de problemas graves durante una anestesia son un dato relevante. En su origen. Las hipertermias comunes dependen del ambiente, el esfuerzo o los fármacos que dificultan perder calor. La maligna nace de una alteración genética del músculo que solo se activa ante ciertos anestésicos. Conviene distinguirla también del síndrome neuroléptico maligno y del síndrome serotoninérgico, que producen cuadros parecidos por mecanismos distintos. Central. El defecto genético afecta a las proteínas que regulan el calcio en la fibra muscular. Ante el desencadenante, el calcio se libera sin control desde el retículo sarcoplásmico, el músculo se contrae sin parar y esa actividad genera el exceso de calor. Hipertermia. Elevación de la temperatura corporal, término general del que la maligna es una forma específica. Dantroleno. Principio activo que actúa sobre el receptor de rianodina, empleado frente a la crisis. Anestesia. Contexto en el que se desencadena la reacción, por el uso de anestésicos halogenados y succinilcolina. Rabdomiólisis. Destrucción de fibras musculares que puede acompañar a la crisis hipermetabólica.Qué es la hipertermia maligna
Base genética
Qué ocurre en el músculo
Un descubrimiento reciente
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama maligna?
¿Se puede heredar?
¿En qué se diferencia de otras hipertermias?
¿Qué papel tiene el calcio?
Referencias
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