DICCIONARIO MÉDICO
Factor de necrosis tumoral beta
A diferencia del TNF-α, cuyo papel en la inflamación aguda y en numerosas enfermedades autoinmunes le ha dado gran protagonismo clínico, el TNF-β desempeña funciones más silenciosas pero igualmente esenciales, especialmente en la formación y el mantenimiento de los órganos linfoides secundarios —ganglios, bazo, placas de Peyer— y en la organización del sistema inmunitario adaptativo. El factor de necrosis tumoral beta es una citocina, es decir, una proteína mensajera que las células del sistema inmunitario utilizan para comunicarse. Pertenece a la amplia superfamilia del TNF, a la que también pertenecen el TNF-α y más de una veintena de otras moléculas con estructura y funciones relacionadas. Desde el punto de vista genético, el TNF-β está codificado por el gen LTA, situado en el cromosoma 6 humano, en una región muy próxima a la del complejo principal de histocompatibilidad, un área esencial para el reconocimiento inmunitario. La proteína funcional es el resultado de la unión de tres subunidades, lo que se conoce como una estructura homotrimérica. El TNF-β puede encontrarse en dos formas principales: Los principales productores de TNF-β son los linfocitos T y B activados, en contraste con el TNF-α, que procede fundamentalmente de los macrófagos. Esta diferencia ya se intuye en el nombre original de la molécula —linfotoxina—, que refleja su origen linfocitario. El TNF-β fue descrito en 1968 por el investigador Gale Granger y su grupo, que observaron cómo los linfocitos activados producían una sustancia capaz de destruir células en cultivo. A esa sustancia la llamaron linfotoxina. Años después, al descubrirse el TNF-α y comprobarse que ambas moléculas compartían estructura y receptores, la linfotoxina pasó a denominarse TNF-β, como miembro hermano del TNF-α. Sin embargo, a medida que avanzaba la investigación, se identificó otra molécula relacionada —la linfotoxina beta (LT-β)— y se comprendió que el antiguo TNF-β formaba parte de una familia más amplia: la familia de las linfotoxinas. Por coherencia con esta nueva clasificación, el término TNF-β ha ido cayendo en desuso en la literatura científica contemporánea, y se ha sustituido por el de linfotoxina alfa (LT-α). En la práctica clínica y en los textos divulgativos, no obstante, todavía se utiliza con frecuencia la denominación clásica de TNF-β. El TNF-β ejerce funciones diversas y, en muchos aspectos, diferentes a las del TNF-α. Aunque ambas moléculas comparten algunos receptores y pueden desencadenar respuestas inflamatorias similares, el papel más característico del TNF-β se encuentra en el desarrollo y la organización del sistema inmunitario. Una de las funciones más específicas y mejor conocidas del TNF-β, especialmente a través de su forma unida a la membrana (complejo LT-α1β2), es la de participar en la formación de los órganos linfoides secundarios durante el desarrollo embrionario y a lo largo de la vida. Los estudios realizados en modelos animales muestran que, en ausencia de TNF-β, el organismo no desarrolla correctamente los ganglios linfáticos, las placas de Peyer del intestino ni la estructura organizada del bazo. Esta acción tiene implicaciones importantes: El TNF-β soluble comparte con el TNF-α la capacidad de unirse a los receptores TNFR1 y TNFR2 y de inducir respuestas inflamatorias y citotóxicas. Por este motivo, participa en la respuesta frente a infecciones, especialmente de tipo viral, y en la vigilancia frente a células tumorales. En determinadas condiciones experimentales, puede inducir la muerte de células tumorales, una propiedad que contribuyó a su identificación inicial como factor de necrosis tumoral. La señalización del TNF-β resulta esencial para el desarrollo del sistema inmunitario del tubo digestivo. En ausencia de esta molécula, las placas de Peyer del intestino —estructuras clave para la defensa frente a microorganismos intestinales— no se forman adecuadamente, lo que repercute en la producción de inmunoglobulina A (IgA) y en el control de la flora microbiana. Este papel en la inmunidad intestinal convierte al TNF-β en una pieza relevante en la regulación del equilibrio entre el organismo y los microorganismos que habitan el tubo digestivo. Además de su función en la formación de órganos linfoides, el TNF-β interviene en la generación de las llamadas estructuras linfoides terciarias, agrupaciones de linfocitos que aparecen en tejidos que normalmente no los contienen cuando existe una inflamación crónica. Estas estructuras se observan en diversas enfermedades autoinmunes y pueden contribuir al mantenimiento de la inflamación local y a la perpetuación del daño tisular. Aunque ambos factores comparten algunos receptores y rasgos biológicos, presentan diferencias notables que los distinguen claramente en el laboratorio y, en parte, en la clínica: El papel del TNF-β en la patología humana es más sutil que el del TNF-α, pero su implicación se ha estudiado en diversas enfermedades, principalmente en las que el componente linfoide es especialmente relevante. El TNF-β participa en la respuesta inflamatoria crónica que caracteriza a varias enfermedades autoinmunes. Se ha estudiado su papel en la esclerosis múltiple, en la artritis reumatoide, en la diabetes tipo 1 y en algunas formas de enfermedad inflamatoria intestinal. Los estudios experimentales muestran que el bloqueo del sistema de la linfotoxina puede modular la respuesta inmunitaria y, en algunos modelos animales, atenuar el curso de estas enfermedades. La traslación clínica de estos hallazgos es, por el momento, más limitada que en el caso del TNF-α. La activación sostenida del receptor de linfotoxina beta, y por tanto del sistema del TNF-β, se ha asociado a la activación crónica de vías de señalización intracelular implicadas en algunos tipos de cáncer, incluyendo ciertas formas de mieloma múltiple y otras neoplasias linfoides. La investigación sobre el papel exacto del TNF-β en el cáncer es compleja, ya que esta molécula puede, en distintos contextos, contribuir tanto a la destrucción de células tumorales como a favorecer su supervivencia y su proliferación. Dado que el gen del TNF-β se encuentra en una región del cromosoma 6 muy rica en genes relacionados con la inmunidad, se han estudiado determinadas variantes genéticas del LTA y su posible relación con la predisposición a distintas enfermedades, entre ellas la artritis reumatoide, el lupus eritematoso sistémico y algunas enfermedades cardiovasculares. Los resultados son heterogéneos y su interpretación clínica debe ser siempre realizada por un profesional con experiencia, dentro del contexto completo del paciente. Uno de los aspectos más fascinantes del TNF-β es su papel en el desarrollo del sistema inmunitario. Los experimentos en modelos animales han demostrado que, cuando se elimina el gen que produce esta molécula, los animales nacen sin ganglios linfáticos, con un bazo desorganizado y sin placas de Peyer en el intestino. A pesar de este déficit estructural llamativo, los individuos afectados pueden sobrevivir, pero presentan alteraciones significativas en su capacidad para montar respuestas inmunitarias adaptativas. Estos hallazgos han permitido comprender que muchos de los órganos y estructuras del sistema inmunitario, lejos de ser simples «acumulaciones» de células, requieren un proceso activo y coordinado de formación en el que la señalización por TNF-β es imprescindible. Ese conocimiento ha abierto nuevas líneas de investigación en el campo de las terapias dirigidas a modular el sistema linfoide en el cáncer, en las enfermedades autoinmunes y en los procesos inflamatorios crónicos. La medición de los niveles de TNF-β en sangre no forma parte de las pruebas de laboratorio habituales en la práctica clínica. Sus concentraciones son bajas, su interpretación es compleja y no existe actualmente una indicación establecida para su determinación sistemática en el diagnóstico de enfermedades concretas. Su estudio se reserva principalmente a contextos de investigación, a análisis genéticos específicos en casos seleccionados o a situaciones clínicas muy particulares, siempre indicadas por el médico especialista. En la mayoría de las enfermedades inflamatorias y autoinmunes en las que el TNF-β puede estar implicado, el diagnóstico se basa en la combinación de la historia clínica, la exploración física, las pruebas de imagen, los marcadores inflamatorios generales y las pruebas específicas de cada patología, sin que la determinación directa del TNF-β aporte información decisiva. Aunque no existen síntomas específicos de una alteración aislada del TNF-β, algunas manifestaciones pueden orientar hacia la presencia de un trastorno del sistema inmunitario en el que esta molécula podría estar implicada: Estos síntomas son inespecíficos y pueden deberse a muchas causas distintas. Cuando aparecen de forma persistente, lo recomendable es acudir al médico para una evaluación profesional que determine su origen. Es aconsejable consultar con un profesional sanitario en las siguientes situaciones: El médico determinará si es necesario realizar pruebas complementarias y, en su caso, derivar al especialista adecuado. La información que se ofrece en este artículo tiene carácter orientativo y no sustituye la valoración individual del profesional sanitario. El estudio del TNF-β y del sistema de las linfotoxinas es un campo en pleno desarrollo. Entre las líneas de investigación más activas destacan: Muchas de estas líneas se encuentran aún en fases preliminares, pero ofrecen perspectivas interesantes para las próximas décadas y podrían, en el futuro, traducirse en nuevas opciones terapéuticas. Aunque ambas moléculas pertenecen a la misma familia y comparten receptores, se diferencian en su origen celular, en la forma en que se presentan y en sus funciones predominantes. El TNF-α procede sobre todo de los macrófagos y está muy implicado en la inflamación aguda y crónica; el TNF-β lo producen principalmente los linfocitos y desempeña un papel esencial en la formación y el mantenimiento de los órganos linfoides secundarios. El nombre original de la molécula, en el momento de su descubrimiento, fue «linfotoxina», por proceder de los linfocitos. Cuando se identificaron sus similitudes con el TNF-α, pasó a denominarse TNF-β. Posteriormente, al descubrirse la linfotoxina beta (LT-β) y al comprenderse que ambas forman parte de una familia específica, se adoptó definitivamente el nombre de linfotoxina alfa (LT-α) para esta molécula. Ambos términos —TNF-β y LT-α— son equivalentes en la literatura médica. Aunque se han desarrollado anticuerpos y proteínas de fusión experimentales dirigidos al sistema de la linfotoxina, a día de hoy no existen tratamientos anti-TNF-β aprobados de uso amplio en la práctica clínica, a diferencia de lo que ocurre con los numerosos fármacos anti-TNF-α disponibles. La investigación en este campo continúa y es posible que en los próximos años aparezcan nuevas alternativas terapéuticas basadas en este sistema. Participa en algunas de ellas, especialmente en enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple, la artritis reumatoide o la enfermedad inflamatoria intestinal, pero su papel es habitualmente más sutil y menos central que el del TNF-α. Además, el TNF-β tiene funciones específicas en el desarrollo del sistema inmunitario que no comparte con su molécula hermana. En la práctica clínica habitual no se mide el TNF-β como parte de los análisis rutinarios. Su determinación se reserva a contextos de investigación o a situaciones muy concretas indicadas por el especialista, y su interpretación solo es significativa cuando se realiza en el marco de un estudio cuidadosamente diseñado. Sí, y de forma muy directa. Los estudios en modelos animales han demostrado que, en ausencia de TNF-β, no se desarrollan adecuadamente los ganglios linfáticos, las placas de Peyer ni la estructura organizada del bazo. Esta función específica es uno de los aspectos que más claramente diferencian al TNF-β de otras citocinas del sistema inmunitario. © Clínica Universidad de Navarra 2026
El factor de necrosis tumoral beta, conocido por sus siglas en inglés TNF-β (tumor necrosis factor beta), es una proteína mensajera del sistema inmunitario estrechamente emparentada con el factor de necrosis tumoral alfa, pero con una historia, una estructura y unas funciones propias. En la nomenclatura contemporánea, el TNF-β ha pasado a denominarse linfotoxina alfa (LT-α), un cambio de nombre que refleja con mayor precisión sus características biológicas. En los textos médicos y científicos actuales, ambos términos —factor de necrosis tumoral beta y linfotoxina alfa— se consideran sinónimos y hacen referencia a la misma molécula.Qué es el factor de necrosis tumoral beta
Historia: de linfotoxina a TNF-β y de nuevo a linfotoxina alfa
Funciones del TNF-β
Formación de los órganos linfoides secundarios
Defensa frente a infecciones y vigilancia tumoral
Regulación de la respuesta intestinal y de la inmunidad de mucosas
Participación en la inflamación crónica
Diferencias entre el TNF-α y el TNF-β
El TNF-β en la enfermedad
Enfermedades autoinmunes
Enfermedades linfoproliferativas y cáncer
Susceptibilidad genética y variantes
Importancia en el desarrollo del sistema inmunitario
Determinación del TNF-β en el laboratorio
Síntomas que pueden sugerir una enfermedad inmunitaria
Cuándo acudir al médico
Investigación actual sobre el TNF-β
Preguntas frecuentes
Cuál es la diferencia principal entre TNF-α y TNF-β
Por qué al TNF-β también se le llama linfotoxina alfa
Existen fármacos anti-TNF-β
El TNF-β participa en las mismas enfermedades que el TNF-α
Tiene sentido medir el TNF-β en un análisis de sangre
El TNF-β tiene alguna relación con la formación de los ganglios linfáticos
Referencias para pacientes
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