DICCIONARIO MÉDICO
Factor de coagulación II
El factor de coagulación II o protrombina es una proteína plasmática dependiente de vitamina K que, al activarse, genera trombina, la enzima central de la cascada de coagulación. El factor de coagulación II, denominado protrombina, es un zimógeno (precursor enzimático inactivo) sintetizado en el hígado. Se trata de una glucoproteína con un peso molecular aproximado de 72 kDa que circula en el plasma en concentraciones relativamente elevadas, en torno a 100 µg/mL, lo que la convierte en uno de los factores más abundantes de la cascada después del fibrinógeno. Su gen, denominado F2, se localiza en el cromosoma 11 y contiene 14 exones. La protrombina pertenece al grupo de los factores dependientes de vitamina K, junto con los factores VII, IX y X. Esta vitamina es indispensable para la gamma-carboxilación de residuos de ácido glutámico situados en el dominio Gla (dominio de ácido gamma-carboxiglutámico) de la molécula. Esta modificación postraduccional permite que la protrombina se una al calcio y, a través de él, a las superficies fosfolipídicas de las plaquetas activadas, donde tienen lugar las reacciones de la cascada de coagulación. Los investigadores consideran que la ausencia total de protrombina es incompatible con la vida. Los estudios en ratones transgénicos con eliminación completa del gen de la protrombina han demostrado letalidad embrionaria y muerte neonatal. En humanos, no se ha descrito ningún paciente con niveles indetectables de esta proteína, lo que refuerza su carácter esencial para la supervivencia. La protrombina es el precursor de la trombina (factor IIa), la enzima más versátil y central de todo el sistema de coagulación. La conversión de protrombina en trombina se produce en la vía común de la cascada, mediante la acción del complejo protrombinasa. Este complejo está formado por: El ensamblaje de este complejo sobre la superficie de las plaquetas activadas es necesario para una activación eficiente de la protrombina. El factor Xa por sí solo es un activador lento; la presencia del factor Va y de la superficie fosfolipídica incrementa la velocidad de la reacción en varios órdenes de magnitud. Una vez generada, la trombina desempeña múltiples funciones clave en la hemostasia y más allá de ella: Los trastornos del factor II pueden clasificarse en dos categorías principales: la deficiencia de protrombina (que causa sangrado) y la trombofilia por mutación de la protrombina (que predispone a la formación de coágulos). La deficiencia congénita de protrombina es un trastorno muy raro, con una prevalencia estimada de aproximadamente 1 caso por cada 2 millones de personas. Se hereda con un patrón autosómico recesivo. Se distinguen dos fenotipos: Los pacientes homocigotos suelen presentar niveles funcionales de protrombina entre el 2 % y el 25 % de lo normal. Los síntomas incluyen sangrado excesivo del cordón umbilical, hematomas frecuentes, epistaxis, sangrado gingival, menorragia y hemorragias tras cirugía o traumatismos. Los pacientes heterocigotos generalmente tienen niveles superiores al 50 % y suelen permanecer asintomáticos. Entre las causas adquiridas de deficiencia de protrombina destacan la enfermedad hepática, la deficiencia de vitamina K, el uso de antibióticos prolongados que alteran la flora intestinal productora de vitamina K, la obstrucción biliar (que impide la absorción de vitamina K) y el uso de anticoagulantes orales tipo warfarina. La forma adquirida es considerablemente más frecuente que la congénita. La mutación G20210A del gen de la protrombina es una variante genética muy diferente a la deficiencia: en lugar de producir menos protrombina, el organismo produce más cantidad de la normal, lo que incrementa el riesgo de formación de coágulos. Se trata de la segunda trombofilia hereditaria más frecuente después del factor V Leiden. Se estima que aproximadamente 1 de cada 50 personas de ascendencia europea es portadora heterocigota de esta mutación. Los portadores heterocigotos presentan un riesgo de trombosis venosa profunda y embolia pulmonar entre 2 y 5 veces superior al de la población general. Los portadores homocigotos tienen un riesgo aún mayor. No obstante, muchas personas portadoras nunca desarrollan un episodio trombótico a lo largo de su vida, ya que la manifestación clínica depende de la interacción con otros factores de riesgo como la obesidad, el tabaquismo, los anticonceptivos hormonales, la inmovilización prolongada o el embarazo. El diagnóstico de esta mutación se realiza mediante una prueba genética específica que analiza el ADN del paciente. No se detecta con las pruebas de coagulación convencionales. El especialista valorará en cada caso la indicación de anticoagulación y las medidas preventivas oportunas. El diagnóstico de la deficiencia de protrombina se basa en las siguientes pruebas: Es importante que el médico diferencie la deficiencia hereditaria de las formas adquiridas, ya que el tratamiento difiere según la causa subyacente. El tratamiento de la deficiencia de protrombina tiene como objetivo elevar los niveles del factor hasta alcanzar una actividad hemostática suficiente, generalmente por encima del 30 % de lo normal. Las opciones incluyen: No existe un concentrado específico de protrombina aislada, lo que hace que el manejo terapéutico sea más complejo que el de otras deficiencias de factores como la hemofilia A o B. Los resultados del tratamiento varían según la gravedad de la deficiencia y las circunstancias clínicas, y corresponde al equipo médico establecer la pauta más adecuada en cada situación. Existen señales que deben motivar una consulta médica por posible alteración del factor II: La protrombina se sintetiza en el hígado, por lo que la enfermedad hepática es una de las causas más frecuentes de deficiencia adquirida de este factor. De hecho, el tiempo de protrombina es una de las pruebas más utilizadas para evaluar la función de síntesis del hígado y forma parte de las escalas pronósticas de la cirrosis, como la clasificación de Child-Pugh y el índice MELD. Un descenso significativo de la protrombina indica una reducción grave de la capacidad de síntesis hepática y puede asociarse a un riesgo hemorrágico elevado. En la enfermedad hepática, la deficiencia de protrombina suele acompañarse de la disminución de otros factores sintetizados en el hígado, como los factores V, VII, IX y X, así como de la albúmina. El factor VII, al tener la vida media más corta (aproximadamente 6 horas), es habitualmente el primero en descender, lo que se refleja en una elevación precoz del tiempo de protrombina. La interpretación de estos resultados corresponde al especialista, que los valorará en el contexto clínico global del paciente. Los anticoagulantes orales de tipo antivitamina K, como la warfarina y el acenocumarol, ejercen su efecto terapéutico precisamente inhibiendo la síntesis funcional de los factores dependientes de vitamina K, entre ellos la protrombina. Estos fármacos bloquean la enzima epóxido reductasa de vitamina K, impidiendo el reciclaje de la vitamina K necesario para la gamma-carboxilación de los factores II, VII, IX y X. El efecto de estos anticoagulantes se monitoriza mediante el INR (International Normalized Ratio), una medida estandarizada del tiempo de protrombina. El rango terapéutico del INR varía según la indicación clínica y es el médico quien establece el objetivo individualizado para cada paciente. El exceso de anticoagulación puede provocar sangrado, mientras que una anticoagulación insuficiente puede no proteger adecuadamente frente a la trombosis. No es posible prevenir la deficiencia congénita de protrombina ni la mutación G20210A, ya que ambas son de origen genético. Sin embargo, existen medidas que pueden ayudar a minimizar las complicaciones: No. La protrombina es la forma inactiva (zimógeno) que circula en el plasma, mientras que la trombina es la enzima activa que se genera cuando el complejo protrombinasa escinde la protrombina. La trombina es responsable de convertir el fibrinógeno en fibrina, activar plaquetas y amplificar la cascada de coagulación. La protrombina es, por tanto, el precursor necesario para que la trombina pueda ejercer todas estas funciones. La protrombina requiere vitamina K para completar su síntesis funcional en el hígado. Concretamente, la vitamina K participa en la gamma-carboxilación de residuos de ácido glutámico, una modificación química que permite a la protrombina unirse al calcio y a las superficies fosfolipídicas de las plaquetas. Sin esta modificación, la protrombina se sintetiza pero carece de actividad funcional. Por ello, la deficiencia de vitamina K o el tratamiento con fármacos como la warfarina reducen la actividad de la protrombina y producen un efecto anticoagulante. No. La mayoría de las personas portadoras de esta mutación nunca desarrollan un episodio trombótico. La mutación aumenta los niveles de protrombina en sangre y, por tanto, el riesgo de formación de coágulos, pero la manifestación clínica depende de la interacción con otros factores de riesgo. El especialista evaluará la historia clínica y los factores de riesgo individuales para determinar si es necesario algún tipo de tratamiento preventivo. El tiempo de protrombina (TP) no mide directamente la protrombina de forma aislada. Es una prueba que evalúa el funcionamiento global de la vía extrínseca y la vía común de la coagulación, lo que incluye los factores VII, X, V, II (protrombina) y fibrinógeno. Un TP prolongado puede deberse a la deficiencia de cualquiera de estos factores, no solo de la protrombina. Para confirmar una deficiencia específica de factor II, el médico solicitará una dosificación directa de la actividad y el antígeno de protrombina. Aunque es extremadamente infrecuente, se han descrito casos de pacientes con heterocigosis compuesta, es decir, portadores de una mutación que causa deficiencia de protrombina en un alelo y la variante G20210A en el otro alelo del gen F2. En estos casos, las manifestaciones clínicas dependen del efecto neto de ambas mutaciones sobre los niveles y la función de la protrombina, y el manejo terapéutico debe individualizarse cuidadosamente por parte del especialista en hematología. Es importante recordar que la deficiencia de protrombina y la trombofilia por mutación G20210A son entidades clínicas distintas que afectan al mismo gen pero en direcciones opuestas: una reduce los niveles de la proteína y la otra los eleva. © Clínica Universidad de Navarra 2026
La protrombina es una de las proteínas más importantes del sistema hemostático. Su activación genera trombina, la enzima encargada de convertir el fibrinógeno en fibrina, de activar otros factores de coagulación y de estimular las plaquetas. Por ello, la protrombina ocupa una posición estratégica en la cascada: es el punto de convergencia al que se dirigen tanto la vía extrínseca como la intrínseca de la coagulación. La deficiencia de este factor, aunque extremadamente rara en su forma congénita, puede provocar sangrados significativos que requieren evaluación y seguimiento por parte del especialista en hematología. Por otro lado, determinadas mutaciones genéticas pueden aumentar los niveles de protrombina y predisponer a la formación patológica de coágulos, constituyendo uno de los trastornos de hipercoagulabilidad hereditarios más frecuentes.Qué es el factor de coagulación II
Función de la protrombina en la coagulación
Funciones de la trombina
Trastornos asociados al factor II
Deficiencia de protrombina
Mutación de la protrombina G20210A
Diagnóstico de la deficiencia de protrombina
Tratamiento
Cuándo acudir al médico
Protrombina y enfermedad hepática
Protrombina y anticoagulantes orales
Prevención y consideraciones especiales
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo protrombina que trombina?
¿Qué relación tiene la protrombina con la vitamina K?
¿La mutación G20210A de la protrombina siempre produce trombosis?
¿El tiempo de protrombina mide la protrombina?
¿Puede una persona tener deficiencia de protrombina y mutación G20210A al mismo tiempo?
Referencias para pacientes
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