DICCIONARIO MÉDICO
Factor antihemofilia C
El factor antihemofilia C es la denominación clásica del factor XI de la coagulación, cuyo déficit causa la hemofilia C o enfermedad de Rosenthal, un trastorno hemorrágico hereditario de carácter autosómico. El factor antihemofilia C es el nombre histórico con el que se conoce al factor XI (FXI) de la cascada de la coagulación. Se trata de una serina proteasa producida en el hígado que circula en el plasma sanguíneo en forma de homodímero (dos subunidades idénticas unidas entre sí) asociado al quininógeno de alto peso molecular. Su función principal dentro del sistema hemostático consiste en amplificar la generación de trombina, una enzima clave en la formación del coágulo de fibrina. Cuando se produce una lesión vascular, el factor XI es activado por la trombina generada en las fases iniciales de la coagulación. El FXI activado (FXIa) actúa a su vez sobre el factor IX, activándolo y potenciando la cascada de coagulación a través de la denominada vía intrínseca. Esta función de amplificación hace que el factor XI sea especialmente importante para la hemostasia en tejidos con alta actividad fibrinolítica, como la cavidad oral, las vías urinarias y el aparato genital femenino. El gen que codifica el factor XI se localiza en el brazo largo del cromosoma 4 y fue caracterizado en 1987. Hasta la fecha se han descrito más de 220 mutaciones diferentes asociadas al déficit de factor XI. La hemofilia C fue descrita por primera vez en 1953 por el médico estadounidense Robert L. Rosenthal y sus colaboradores, quienes identificaron un trastorno hemorrágico en una familia judía en la que varios miembros experimentaban sangrados excesivos tras extracciones dentales y amigdalectomías. A diferencia de las hemofilias A y B, la enfermedad afectaba tanto a hombres como a mujeres, lo que sugería un patrón de herencia diferente. Al descartarse un déficit de los factores VIII y IX mediante pruebas de mezcla de plasmas, se concluyó que existía un defecto en un factor de coagulación hasta entonces desconocido, que recibió el nombre de antecedente tromboplastínico del plasma (PTA) o factor antihemofilia C. Para comprender el papel del factor antihemofilia C, resulta útil conocer brevemente cómo funciona el sistema de coagulación. La hemostasia —el proceso por el cual el organismo detiene una hemorragia— se desarrolla en varias fases coordinadas. Cuando un vaso sanguíneo sufre una lesión, las plaquetas se adhieren al lugar de la herida y se activan, formando un tapón plaquetario inicial. Paralelamente, se pone en marcha la cascada de la coagulación, una secuencia de reacciones enzimáticas en las que cada factor de coagulación activa al siguiente, amplificando la respuesta de forma exponencial hasta producir la trombina, enzima que convierte el fibrinógeno en fibrina y consolida el coágulo. El modelo clásico dividía la coagulación en una vía intrínseca y una vía extrínseca. En este esquema, el factor XI pertenece a la vía intrínseca, donde es activado por el factor XII (factor de Hageman) en presencia de quininógeno de alto peso molecular. Sin embargo, el modelo celular más actual de la coagulación asigna al factor XI un papel de amplificación: la trombina generada en la fase inicial de la coagulación (a través de la vía del factor tisular) activa al factor XI, el cual a su vez activa al factor IX. El complejo factor IXa-factor VIIIa (denominado tenasa intrínseca) amplifica entonces la producción de factor Xa, generando una segunda oleada masiva de trombina que consolida el coágulo de fibrina. Este mecanismo de amplificación mediado por el factor XI resulta particularmente importante en tejidos donde la fibrinólisis es muy activa (como la mucosa oral, nasal, urinaria y genital), ya que en estos tejidos se requiere una producción robusta de fibrina para que el coágulo resista la degradación por las enzimas fibrinolíticas locales. Esto explica por qué los sangrados en la hemofilia C se localizan preferentemente en estas áreas. Investigaciones recientes han demostrado que la activación del factor XI por la trombina está favorecida por los polifosfatos liberados por las plaquetas activadas, lo que refuerza la idea de que el factor XI actúa como un puente entre la hemostasia primaria (plaquetaria) y la coagulación plasmática. El déficit de factor XI es un trastorno relativamente poco frecuente en la población general, con una incidencia estimada de aproximadamente 1 caso por cada 100.000 personas. Sin embargo, su prevalencia es significativamente mayor en la población judía asquenazí, donde puede afectar hasta al 8 % de los individuos. Esta elevada frecuencia se debe a dos mutaciones fundadoras específicas (Glu117Stop y Phe283Leu) que se han transmitido de generación en generación dentro de esta comunidad. A diferencia de las hemofilias A y B, que son trastornos ligados al cromosoma X y afectan predominantemente a varones, el déficit de factor XI se hereda con un patrón autosómico, lo que significa que hombres y mujeres se ven afectados por igual. La forma grave del déficit (con actividad de FXI inferior al 15-20 %) sigue un patrón autosómico recesivo, mientras que las formas parciales pueden manifestarse también en portadores heterocigotos. Una de las características más distintivas de la hemofilia C es la falta de correlación entre los niveles de factor XI en sangre y la gravedad del sangrado. A diferencia de lo que ocurre en las hemofilias A y B, donde los niveles del factor deficiente predicen razonablemente bien el riesgo hemorrágico, en la hemofilia C pacientes con niveles muy bajos de FXI pueden no presentar sangrados significativos, mientras que otros con niveles más altos pueden experimentar episodios hemorrágicos relevantes. Los sangrados en la hemofilia C suelen producirse en relación con traumatismos, cirugías o procedimientos invasivos, y tienden a afectar de forma preferente a los tejidos con mayor actividad fibrinolítica: Es importante destacar que, a diferencia de las hemofilias A y B, en la hemofilia C los sangrados articulares (hemartrosis) y los sangrados musculares espontáneos son excepcionales. El sangrado puede ser inmediato o, con frecuencia, diferido varias horas respecto al procedimiento o traumatismo desencadenante. Esta característica de sangrado diferido constituye un rasgo clínico distintivo que el profesional sanitario debe tener en cuenta en la planificación del seguimiento postquirúrgico. Otro aspecto relevante es que la ausencia de episodios hemorrágicos previos no garantiza que no se producirán en futuros procedimientos. Un paciente con déficit de factor XI que no haya sangrado tras una extracción dental puede, sin embargo, presentar una hemorragia significativa tras una amigdalectomía o una cirugía urológica. Esta impredecibilidad obliga a una planificación cuidadosa de cada intervención, considerando tanto el tipo de procedimiento como la historia hemorrágica individual del paciente. El diagnóstico de la hemofilia C requiere la combinación de una historia clínica detallada sobre episodios hemorrágicos y pruebas de laboratorio específicas: El diagnóstico puede realizarse de forma incidental, cuando un estudio de coagulación preoperatorio revela un alargamiento inesperado del TTPa en un paciente sin historia hemorrágica previa. El manejo terapéutico de la hemofilia C presenta desafíos particulares derivados de la impredecibilidad del sangrado. Las opciones de tratamiento disponibles incluyen: Los pacientes con déficit de factor XI deben ser atendidos idealmente en centros especializados en trastornos de la coagulación, donde un equipo multidisciplinar puede planificar el manejo perioperatorio y el seguimiento a largo plazo. El profesional sanitario adaptará el tratamiento a las circunstancias individuales de cada paciente. Un aspecto clínicamente relevante del déficit de factor XI es la posibilidad de que el paciente desarrolle anticuerpos inhibidores contra el factor XI tras la exposición a productos que lo contienen, como el plasma fresco congelado o los concentrados de factor XI. La incidencia de inhibidores puede alcanzar hasta el 33 % en pacientes con déficit grave (actividad de FXI inferior al 1 %), especialmente en portadores de la mutación Glu117Stop. La presencia de inhibidores complica significativamente el manejo terapéutico, ya que la administración de factor XI exógeno resulta ineficaz y puede provocar reacciones adversas. En estos casos, se recurre a alternativas como el factor VII recombinante activado o los agentes antifibrinolíticos. El especialista evaluará la presencia de inhibidores antes de cualquier procedimiento invasivo planificado. Aunque comparten la denominación genérica de hemofilia, existen diferencias sustanciales entre la hemofilia C y las hemofilias A y B que conviene conocer: Las personas diagnosticadas de hemofilia C deben tener en cuenta varias precauciones para minimizar el riesgo de complicaciones hemorrágicas: En general, la hemofilia C es un trastorno hemorrágico más leve que las hemofilias A y B. Los sangrados espontáneos son excepcionales y las hemartrosis (sangrados articulares), que son la complicación más característica de las hemofilias A y B, prácticamente no se observan en la hemofilia C. Sin embargo, los sangrados tras cirugía o procedimientos invasivos pueden ser clínicamente significativos y requieren un manejo adecuado. Sí. A diferencia de las hemofilias A y B, que se heredan ligadas al cromosoma X y afectan fundamentalmente a varones, la hemofilia C tiene un patrón de herencia autosómico y afecta a hombres y mujeres por igual. De hecho, las mujeres pueden presentar manifestaciones específicas como menorragia y hemorragia postparto. Los datos epidemiológicos sugieren que los pacientes con déficit de factor XI tienen un riesgo reducido de trombosis venosa y de ictus isquémico en comparación con la población general. Esta observación ha impulsado la investigación de fármacos inhibidores del factor XI como potenciales anticoagulantes con menor riesgo hemorrágico. No obstante, el déficit de FXI no elimina por completo el riesgo trombótico, y los pacientes pueden requerir anticoagulación en situaciones como la fibrilación auricular. En la actualidad, no existe una cura definitiva para la hemofilia C. El tratamiento se centra en la prevención y el control de los episodios hemorrágicos mediante la administración de factores de coagulación y agentes antifibrinolíticos cuando resulta necesario. La investigación en terapia génica representa una posible vía de desarrollo futuro, pero todavía no se ha establecido un tratamiento de este tipo para el déficit de factor XI. Los avances recientes en fármacos anticoagulantes dirigidos contra el factor XI han generado un interés creciente en la biología de esta proteína, lo que podría traducirse en mejoras terapéuticas tanto para los pacientes con déficit como para otras indicaciones cardiovasculares. Referencias de interés para pacientes: © Clínica Universidad de Navarra 2026
El sistema de coagulación de la sangre está integrado por una serie de proteínas plasmáticas, denominadas factores de coagulación, que actúan de forma coordinada para formar un coágulo estable ante una lesión vascular. El factor XI es una de estas proteínas y su carencia se asocia a una tendencia hemorrágica variable. A diferencia de las hemofilias A y B, la hemofilia C presenta un patrón de herencia autosómico y una expresión clínica más leve e impredecible.Qué es el factor antihemofilia C
Historia del descubrimiento
El factor XI en la cascada de la coagulación
Epidemiología
Manifestaciones clínicas
Diagnóstico
Tratamiento
Desarrollo de inhibidores
Diferencias con las hemofilias A y B
Precauciones
Preguntas frecuentes sobre el factor antihemofilia C
¿La hemofilia C es igual de grave que la hemofilia A o la hemofilia B?
¿Puede una mujer tener hemofilia C?
¿El déficit de factor XI protege frente a la trombosis?
¿Se puede curar la hemofilia C?
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