DICCIONARIO MÉDICO
Factor de activación de plaquetas
El factor de activación de plaquetas (PAF) es un mediador lipídico fosfolipídico con potentes efectos proinflamatorios, implicado en la agregación plaquetaria, las reacciones alérgicas, la anafilaxia y diversos procesos inflamatorios. El factor de activación de plaquetas es un fosfolípido bioactivo cuya denominación química es 1-O-alquil-2-acetil-sn-glicero-3-fosfocolina (AGEPC). Se trata de un derivado de la fosfatidilcolina de membrana que se genera mediante una modificación enzimática de los fosfolípidos que componen las membranas celulares. El PAF es una de las moléculas señalizadoras más potentes del organismo: ejerce efectos biológicos a concentraciones extremadamente bajas, del orden de picomoles por litro (10⁻¹² mol/L). El PAF fue descubierto en 1972 por el inmunólogo francés Jacques Benveniste, quien observó que los basófilos estimulados con inmunoglobulina E (IgE) liberaban una sustancia capaz de provocar la agregación de las plaquetas y la liberación de sus mediadores vasoactivos. Esta sustancia recibió inicialmente el nombre de "factor de activación de plaquetas" por esta propiedad. Posteriormente, en 1979, el investigador griego Constantinos A. Demopoulos contribuyó de forma significativa a la caracterización de su estructura química y a la comprensión de su papel en la enfermedad cardiovascular. El PAF se sintetiza en múltiples tipos celulares del organismo, incluyendo plaquetas, neutrófilos, monocitos, macrófagos, eosinófilos, basófilos, mastocitos y células endoteliales. Existen dos vías principales de biosíntesis: Es la vía predominante durante las respuestas inflamatorias e inmunitarias. Se inicia a partir de un fosfolípido de membrana (fosfatidilcolina con un grupo alquílico en posición sn-1). La enzima fosfolipasa A2 elimina el ácido graso de la posición sn-2, generando un intermediario denominado liso-PAF. A continuación, una acetiltransferasa añade un grupo acetilo en esa misma posición, completando la síntesis del PAF activo. Este proceso se activa por diversos estímulos inflamatorios, inmunitarios y mecánicos. Esta vía opera de forma constitutiva y produce pequeñas cantidades de PAF para el mantenimiento de las funciones celulares normales. Utiliza precursores diferentes y no depende de la fosfolipasa A2. La regulación de los niveles basales de PAF es fundamental para evitar una activación inflamatoria innecesaria. Dado su extraordinario potencial proinflamatorio, el organismo dispone de mecanismos eficientes para limitar la acción del PAF. La principal enzima responsable de su inactivación es la PAF-acetilhidrolasa (PAF-AH), también conocida como fosfolipasa A2 asociada a lipoproteínas (Lp-PLA2). Esta enzima elimina el grupo acetilo de la posición sn-2 del PAF, convirtiéndolo en liso-PAF, un metabolito biológicamente inactivo. La PAF-AH circula en el plasma asociada a las lipoproteínas (principalmente LDL) y también existe en forma intracelular. Su actividad constituye un importante mecanismo regulador: cuando los niveles de PAF-AH son insuficientes, la acción del PAF se prolonga y amplifica, lo que puede contribuir a respuestas inflamatorias exageradas. Se ha observado que determinados grupos de pacientes, como los niños asmáticos y algunos individuos con mayor susceptibilidad a la anafilaxia grave, presentan niveles reducidos de PAF-AH. El PAF ejerce sus efectos biológicos a través de un receptor específico denominado receptor del PAF (PAF-R), que pertenece a la familia de receptores acoplados a proteínas G con siete dominios transmembrana. Este receptor se expresa en una amplia variedad de células, incluyendo plaquetas, neutrófilos, eosinófilos, monocitos, macrófagos, células endoteliales, células del músculo liso, neuronas y hepatocitos. La unión del PAF a su receptor desencadena una cascada de señalización intracelular que incluye la activación de la fosfolipasa C, la movilización de calcio intracelular, la activación de la proteína quinasa C y la producción de otros mediadores inflamatorios como prostaglandinas, leucotrienos y citocinas. El receptor del PAF experimenta una desensibilización rápida tras la estimulación, mediante un proceso de fosforilación e internalización que actúa como mecanismo de autorregulación. Las acciones biológicas del PAF son extraordinariamente diversas y afectan a múltiples sistemas del organismo: El PAF induce la agregación plaquetaria y la liberación del contenido de los gránulos plaquetarios (aminas vasoactivas, factores de crecimiento, otros mediadores). Este efecto contribuye tanto a la hemostasia normal como a los procesos trombóticos patológicos. El PAF produce vasodilatación, aumento de la permeabilidad vascular y extravasación de plasma. Estos efectos contribuyen al edema tisular y, cuando son sistémicos e intensos, pueden provocar una caída de la presión arterial con reducción del gasto cardíaco, mecanismos centrales en el shock anafiláctico. En las vías respiratorias, el PAF induce broncoconstricción, estimula la producción de moco y promueve el edema de la mucosa bronquial. También favorece el reclutamiento de eosinófilos y la producción de leucotrienos C4 y D4 en el pulmón. Estas acciones están estrechamente vinculadas a la fisiopatología del asma bronquial y de las reacciones alérgicas respiratorias. El PAF actúa como un mediador quimiotáctico, atrayendo leucocitos al foco inflamatorio, y estimula la liberación de radicales libres de oxígeno y de enzimas lisosómicas por parte de los neutrófilos y macrófagos. También potencia la expresión de moléculas de adhesión en el endotelio vascular, facilitando la diapédesis (migración de los leucocitos desde la sangre hacia los tejidos inflamados). Uno de los campos donde la implicación del PAF ha sido más estudiada y está mejor establecida es el de la anafilaxia, la reacción alérgica más grave y potencialmente mortal. La anafilaxia se produce cuando una exposición a un alérgeno (alimento, medicamento, veneno de insecto u otros desencadenantes) provoca una liberación masiva y simultánea de mediadores inflamatorios por parte de los mastocitos y los basófilos. Entre estos mediadores, la histamina ha sido tradicionalmente considerada la protagonista principal, pero la investigación de las últimas décadas ha demostrado que el PAF desempeña un papel igualmente crítico o incluso predominante en los casos más graves. Los mecanismos por los que el PAF contribuye a la gravedad de la anafilaxia incluyen la vasodilatación sistémica intensa (que produce hipotensión y shock), el aumento de la permeabilidad capilar (que causa edema generalizado y disminución del volumen circulante), la broncoconstricción grave y la activación de la cascada de coagulación a través de la agregación plaquetaria. Diversos estudios en modelos animales y en pacientes humanos han demostrado que los niveles plasmáticos de PAF se correlacionan directamente con la gravedad de la reacción anafiláctica. Además, se ha observado que la actividad de la PAF-AH (la enzima que degrada el PAF) es un factor determinante en la susceptibilidad individual a la anafilaxia grave. Los pacientes con niveles bajos de PAF-AH degradan el PAF más lentamente, lo que permite que sus efectos proinflamatorios se prolonguen y se amplifiquen. Esta observación tiene implicaciones potenciales para la estratificación del riesgo en pacientes alérgicos: una baja actividad de PAF-AH podría identificar a los individuos con mayor probabilidad de experimentar reacciones anafilácticas graves. La relación entre el PAF y la aterosclerosis constituye otro campo de investigación de gran interés. La aterosclerosis es un proceso inflamatorio crónico en el que se forman placas de lípidos y células inflamatorias en la pared de las arterias. El PAF y los fosfolípidos oxidados con actividad similar al PAF (denominados PAF-like lipids) contribuyen a este proceso de varias formas: La enzima Lp-PLA2, que degrada el PAF y los fosfolípidos oxidados, se ha estudiado como biomarcador de riesgo cardiovascular. Se ha observado que los niveles elevados de Lp-PLA2 en sangre se asocian a un mayor riesgo de eventos cardiovasculares, posiblemente porque reflejan una mayor acumulación de sustratos proinflamatorios y proaterogénicos. No obstante, la utilidad clínica de esta determinación y la eficacia de las intervenciones dirigidas a modular la vía del PAF en la prevención cardiovascular siguen siendo objeto de investigación activa. Un aspecto interesante de la investigación sobre el PAF es la conexión entre los componentes de la dieta mediterránea y la modulación de su actividad. Diversos estudios epidemiológicos y experimentales han demostrado que ciertos alimentos característicos de este patrón alimentario contienen compuestos lipídicos bioactivos que pueden actuar como antagonistas naturales del PAF o modular favorablemente su metabolismo. Entre los alimentos que han mostrado esta capacidad se incluyen el aceite de oliva virgen extra, el vino tinto (consumido con moderación), el pescado, las legumbres, los cereales integrales, la miel y los productos lácteos fermentados. Los investigadores han identificado en estos alimentos fracciones lipídicas polares que inhiben la activación plaquetaria inducida por el PAF in vitro. Estos hallazgos podrían contribuir a explicar, al menos parcialmente, el efecto protector cardiovascular atribuido a la dieta mediterránea, aunque los mecanismos exactos requieren mayor investigación. Es importante señalar que estos datos proceden fundamentalmente de estudios observacionales y experimentales, y que las decisiones dietéticas deben enmarcarse en el contexto de una alimentación equilibrada global. Aunque el PAF no actúa como mediador único de ninguna enfermedad, desempeña un papel significativo en la fisiopatología de diversas condiciones clínicas: Dada la implicación del PAF en múltiples procesos patológicos, se ha investigado el desarrollo de fármacos antagonistas del receptor del PAF como posible estrategia terapéutica. Entre los compuestos investigados se encuentran antagonistas naturales (como el ginkgólido B, derivado del Ginkgo biloba) y antagonistas sintéticos. En el ámbito de la alergia, el rupatadina es un antihistamínico de segunda generación que posee una doble actividad anti-H1 y anti-PAF, y ha demostrado beneficios en el tratamiento de la rinitis alérgica al bloquear tanto los efectos de la histamina como los del PAF. Sin embargo, los ensayos clínicos con antagonistas puros del PAF en otras enfermedades (como el asma o la sepsis) han ofrecido resultados variables. Esto se debe probablemente a que el PAF rara vez actúa de forma aislada: en la mayoría de las enfermedades inflamatorias participa como uno más de múltiples mediadores, por lo que bloquear únicamente el PAF puede no ser suficiente para modificar el curso clínico de forma significativa. La investigación continúa explorando el papel del PAF en la enfermedad cardiovascular, las enfermedades neurológicas y el cáncer, así como el potencial terapéutico de su modulación. El profesional sanitario evaluará las opciones terapéuticas disponibles en función de la patología concreta y del perfil clínico del paciente. No. A pesar de su nombre, el factor de activación de plaquetas ejerce acciones sobre múltiples tipos celulares y sistemas del organismo. Además de activar las plaquetas e inducir su agregación, el PAF actúa sobre neutrófilos, eosinófilos, macrófagos, células endoteliales, músculo liso bronquial y vascular, hepatocitos y neuronas. Su nombre refleja la primera función que se describió históricamente, pero hoy se sabe que es un mediador inflamatorio y vasoactivo de amplio espectro con implicaciones en la alergia, la inmunidad, la inflamación, la hemostasia y la enfermedad cardiovascular. El PAF desempeña un papel relevante en las reacciones alérgicas, especialmente en la anafilaxia. Se libera a partir de mastocitos, basófilos y eosinófilos activados durante la respuesta alérgica y contribuye a la vasodilatación, la broncoconstricción, el edema y la hipotensión que caracterizan las reacciones alérgicas graves. Los estudios han demostrado que una baja actividad de la enzima que degrada el PAF (PAF-AH) se asocia a un mayor riesgo de anafilaxia grave. Sí, se han desarrollado varios antagonistas del receptor del PAF, aunque su uso clínico es limitado. La rupatadina, un antihistamínico con actividad anti-PAF adicional, se utiliza en el tratamiento de la rinitis alérgica y la urticaria. Otros antagonistas del PAF se han investigado en ensayos clínicos para el asma y la sepsis, pero con resultados que no han alcanzado la eficacia esperada, lo que sugiere que el abordaje terapéutico de las enfermedades inflamatorias requiere estrategias dirigidas a múltiples mediadores simultáneamente. La determinación directa del PAF en sangre es técnicamente compleja debido a su vida media muy corta (se degrada en segundos a minutos una vez liberado al plasma) y a la rapidez con la que es degradado por la PAF-AH. Además, la existencia de múltiples isómeros y la presencia simultánea de fosfolípidos oxidados con actividad similar al PAF dificultan aún más la cuantificación precisa. En la práctica clínica, se mide habitualmente la actividad de la Lp-PLA2 (la enzima que degrada el PAF) como marcador indirecto de la actividad del PAF y como factor de riesgo cardiovascular independiente. Esta determinación puede solicitarla el médico cuando lo considere clínicamente relevante para la evaluación del riesgo del paciente. Referencias de interés para pacientes: © Clínica Universidad de Navarra 2026
El cuerpo humano produce de forma continua una amplia variedad de moléculas señalizadoras que regulan las respuestas inflamatorias e inmunitarias. Entre estas moléculas, el factor de activación de plaquetas (conocido por sus siglas en inglés, PAF, de Platelet-Activating Factor) ocupa un lugar destacado por su extraordinaria potencia y por la diversidad de sus efectos biológicos. A pesar de su nombre, el PAF no actúa exclusivamente sobre las plaquetas: sus acciones se extienden al sistema cardiovascular, respiratorio, nervioso, digestivo y reproductivo, lo que lo convierte en un mediador con relevancia clínica en múltiples patologías tanto agudas como crónicas.Qué es el factor de activación de plaquetas
Biosíntesis del PAF
Vía de remodelación (principal en condiciones patológicas)
Vía de novo (función fisiológica basal)
Degradación e inactivación del PAF
Mecanismo de acción
Funciones biológicas del PAF
Sistema hemostático
Sistema vascular
Sistema respiratorio
Sistema inmunitario e inflamación
Otros sistemas
Papel del PAF en la anafilaxia
PAF y enfermedad cardiovascular
PAF y dieta mediterránea
Papel del PAF en la enfermedad
Inhibidores del PAF: perspectivas terapéuticas
Preguntas frecuentes sobre el factor de activación de plaquetas
¿El PAF solo actúa sobre las plaquetas?
¿Qué relación tiene el PAF con las alergias?
¿Existe algún medicamento que bloquee los efectos del PAF?
¿Puede medirse el PAF en sangre?
© Clínica Universidad de Navarra 2026