DICCIONARIO MÉDICO
Facies leonina
La facies leonina es una apariencia facial característica en la que el engrosamiento difuso de la piel, los surcos profundos y la pérdida de cejas confieren al rostro un aspecto similar al de un león, asociada clásicamente a la lepra lepromatosa. La facies leonina se define como una apariencia facial que se asemeja a la de un león, producida por el engrosamiento, el arrugamiento y la tosquedad de la piel de la cara. Los rasgos que la caracterizan incluyen: El término "leonina" se ha utilizado en la literatura médica desde el siglo XIX. Las primeras descripciones detalladas de esta apariencia facial en el contexto de la lepra fueron realizadas por los médicos noruegos Daniel Cornelius Danielssen y Carl Wilhelm Boeck en su publicación de 1847 sobre la enfermedad. Es importante no confundir la facies leonina (causada por infiltración de los tejidos blandos de la piel) con la leontiasis ósea (causada por el engrosamiento anómalo de los huesos faciales, como ocurre en la displasia fibrosa poliostótica), aunque ambos términos comparten la referencia al aspecto leonino del rostro. La facies leonina puede ser producida por diversas enfermedades que comparten el denominador común de causar una infiltración difusa de la dermis facial. Las causas pueden agruparse en infecciosas y no infecciosas. Lepra lepromatosa (enfermedad de Hansen): es la causa más clásica y frecuente de facies leonina. La lepra está causada por Mycobacterium leprae, un bacilo ácido-alcohol resistente de crecimiento lento que tiene predilección por la piel y los nervios periféricos. La forma lepromatosa corresponde al polo de baja inmunidad del espectro de la clasificación de Ridley-Jopling, en la que la respuesta inmunitaria del paciente frente a la micobacteria es insuficiente y la enfermedad se disemina ampliamente. En la lepra lepromatosa, la piel facial se infiltra de macrófagos espumosos cargados de bacilos ácido-alcohol resistentes, lo que produce un engrosamiento progresivo que se manifiesta inicialmente como máculas y pápulas eritematosas bilaterales y simétricas, que evolucionan hacia nódulos y placas coalescentes. La infiltración difusa de la frente, la nariz, los lóbulos auriculares y el mentón conduce a la formación de la facies leonina. La madarosis (pérdida de cejas y pestañas) aparece tras 5-10 años de enfermedad no tratada y se debe a la infiltración histiocítica de los folículos pilosos. A nivel mundial, la lepra sigue siendo endémica en determinadas regiones del sudeste asiático, África subsahariana y América Latina. En 2024 se notificaron más de 172.000 nuevos casos a nivel mundial, siendo la mayoría formas multibacilares que pueden evolucionar hacia la facies leonina si no reciben tratamiento. Leishmaniasis cutánea difusa: las formas cutáneas difusas causadas por determinadas especies de Leishmania pueden producir una infiltración facial extensa con aspecto de facies leonina, especialmente en pacientes con respuesta inmunitaria celular deficiente. El diagnóstico de la facies leonina es fundamentalmente clínico, basado en el aspecto característico del rostro. Sin embargo, establecer la causa subyacente es esencial y requiere una evaluación profesional detallada que incluye: El diagnóstico diferencial es amplio, y la velocidad de instauración de las lesiones aporta información orientativa: una progresión rápida (semanas a meses) sugiere causas neoplásicas o inflamatorias no infecciosas, mientras que una evolución lenta (meses a años) es más compatible con infecciones crónicas como la lepra. El tratamiento se dirige a la enfermedad subyacente que produce la infiltración facial: Los resultados varían en función de la enfermedad causal, la extensión del daño tisular establecido y la respuesta individual al tratamiento. El especialista informará al paciente sobre las expectativas razonables en cada caso. Comprender cómo se desarrolla la facies leonina en la lepra lepromatosa requiere conocer algunas características de esta enfermedad. La lepra presenta un espectro clínico que depende de la respuesta inmunitaria del paciente frente a Mycobacterium leprae, descrito en la clasificación de Ridley-Jopling: En la lepra lepromatosa, M. leprae tiene predilección por las zonas más frías del cuerpo, incluyendo la cara, el dorso de las manos, los pies y los lóbulos auriculares, lo que explica la distribución facial prominente de las lesiones. Los macrófagos de la dermis fagocitan los bacilos pero son incapaces de destruirlos, transformándose en macrófagos espumosos (células de Virchow) cargados de bacilos. La acumulación masiva de estas células en la dermis facial es la responsable del engrosamiento cutáneo progresivo que configura la facies leonina. El proceso se inicia con la aparición de máculas y pápulas eritematosas bilaterales y simétricas en la cara, que progresan hacia nódulos y placas que pueden confluir. Las lesiones más precoces suelen incluir la congestión nasal crónica y las epistaxis, por infiltración de la mucosa nasal. Con el tiempo, los surcos frontales se profundizan, la nariz se ensancha, los lóbulos auriculares se engrosan y las cejas y pestañas se pierden progresivamente, hasta configurar la facies leonina completa. El médico determinará la fase de la enfermedad y el tratamiento necesario en cada paciente. La biopsia cutánea de las lesiones de facies leonina por lepra lepromatosa muestra hallazgos característicos: En las causas no infecciosas de facies leonina, la histopatología mostrará patrones diferentes según la enfermedad: linfocitos T atípicos con foliculotropismo en la micosis fungoide, granulomas no caseificantes en la sarcoidosis, depósito de material amiloide birrefringente con rojo Congo en la amiloidosis, o depósito de mucina en el escleromixedema. Más allá de la alteración estética, la facies leonina puede asociarse a complicaciones funcionales significativas: Es importante consultar al médico ante la aparición de un engrosamiento progresivo de la piel de la cara, especialmente si se acompaña de pérdida de cejas o pestañas, pérdida de sensibilidad en las manos o los pies, manchas cutáneas persistentes o nódulos faciales que no desaparecen. La detección precoz de la lepra y de otras enfermedades que causan facies leonina es fundamental para instaurar un tratamiento que detenga la progresión y minimice las secuelas. La reversibilidad depende de la causa y del grado de infiltración. En las fases iniciales de la lepra lepromatosa, el tratamiento con poliquimioterapia puede detener la progresión y permitir cierta mejoría del engrosamiento cutáneo. Sin embargo, cuando las lesiones están establecidas desde hace años, el engrosamiento residual puede ser permanente. La madarosis (pérdida de cejas) rara vez se recupera tras el tratamiento. En la micosis fungoide, la radioterapia cutánea ha demostrado mejoría significativa del engrosamiento facial en algunos pacientes. Sí. Aunque la lepra ha sido eliminada como problema de salud pública a nivel global (definida como una prevalencia inferior a 1 caso por 10.000 habitantes), la enfermedad sigue siendo endémica en determinadas regiones del mundo. India, Brasil e Indonesia concentran la mayoría de los nuevos casos anuales. En Europa y otros países de alta renta, los casos se observan fundamentalmente en personas procedentes de áreas endémicas. La OMS mantiene programas activos para la detección y el tratamiento precoz de la lepra, y la poliquimioterapia se proporciona de forma gratuita a nivel mundial. Sí, el diagnóstico diferencial de la facies leonina es amplio y constituye un reto clínico. Las principales entidades que pueden simular una facies leonina incluyen la micosis fungoide foliculotrópica, la sarcoidosis cutánea, la leishmaniasis cutánea difusa, la amiloidosis, el escleromixedema y los tricoepiteliomas múltiples. En cada caso, la biopsia cutánea es la herramienta diagnóstica fundamental que permite establecer el diagnóstico correcto. El especialista en dermatología es el profesional más indicado para realizar esta evaluación. La facies leonina en sí misma no es contagiosa; es un signo clínico, no una enfermedad. Sin embargo, si la causa subyacente es la lepra, la enfermedad sí tiene capacidad de transmisión, aunque su contagiosidad es baja. La transmisión de la lepra se produce fundamentalmente por vía respiratoria, a través de las gotículas nasales expulsadas por pacientes con formas multibacilares no tratadas. Requiere un contacto prolongado e íntimo con un paciente no tratado, y la gran mayoría de la población (más del 95 %) tiene inmunidad natural frente a M. leprae. Una vez iniciado el tratamiento con poliquimioterapia, el paciente deja de ser contagioso rápidamente, habitualmente en los primeros días de tratamiento. Este dato es fundamental para combatir el estigma asociado a la enfermedad. Aunque ambos términos comparten la referencia al aspecto leonino del rostro, se refieren a procesos patológicos diferentes. La facies leonina se produce por la infiltración de los tejidos blandos de la piel facial (dermis y tejido subcutáneo), como ocurre en la lepra lepromatosa o la micosis fungoide. La leontiasis ósea, en cambio, se produce por el engrosamiento anómalo de los huesos de la cara, como ocurre en la displasia fibrosa poliostótica, la enfermedad de Paget o la hiperostosis cortical generalizada. En la leontiasis ósea, la deformidad facial se debe al crecimiento del esqueleto facial, mientras que en la facies leonina el esqueleto es normal y la deformidad radica en el engrosamiento cutáneo. Las pruebas de imagen, especialmente la tomografía computarizada, permiten diferenciar ambas entidades al visualizar el estado de las estructuras óseas faciales. Referencias de interés para pacientes: © Clínica Universidad de Navarra 2026
La facies leonina es un signo clínico dermatológico que resulta de la infiltración difusa de la piel de la cara por diversos procesos patológicos, lo que produce un engrosamiento marcado del tejido cutáneo con profundización de los surcos y pliegues faciales, prominencia de los arcos supraciliares y, frecuentemente, pérdida de las cejas y las pestañas. El resultado es un rostro de aspecto tosco, con convexidades prominentes y surcos profundos que recuerda al de un león. Aunque la facies leonina se asocia de forma clásica con la lepra lepromatosa, puede observarse también en otras enfermedades infiltrativas de la piel, lo que obliga al especialista a realizar un diagnóstico diferencial cuidadoso.Qué es la facies leonina
Causas de la facies leonina
Causas infecciosas
Causas no infecciosas
Diagnóstico de la facies leonina
Tratamiento de la facies leonina
Patogenia de la facies leonina en la lepra
Hallazgos histopatológicos
Complicaciones de la facies leonina
Cuándo acudir al médico
Preguntas frecuentes sobre la facies leonina
¿La facies leonina es reversible?
¿La lepra sigue existiendo en la actualidad?
¿Puede la facies leonina confundirse con otras enfermedades?
¿La facies leonina es contagiosa?
¿Cómo se diferencia la facies leonina de la leontiasis ósea?
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