DICCIONARIO MÉDICO
Difenilhidantoína
La difenilhidantoína es la denominación clásica de la fenitoína, un fármaco antiepiléptico introducido en la práctica clínica en 1938. Actúa bloqueando los canales de sodio dependientes de voltaje y ha sido, durante más de ocho décadas, uno de los pilares del tratamiento de la epilepsia. En la clasificación ATC figura con el código N03AB02. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). Es un derivado hidantoínico, químicamente 5,5-difenilhidantoína o 5,5-difenilimidazolidina-2,4-diona. Aparece descrita en dos denominaciones oficiales: difenilhidantoína (histórica, más frecuente en la literatura europea) y fenitoína (denominación común internacional actualizada por la OMS). Las dos designan la misma molécula. Su historia arranca en 1908, cuando el químico alemán Heinrich Biltz la sintetizó por primera vez. Vendió la patente al laboratorio Parke-Davis, que la abandonó al comprobar que carecía del efecto sedante que buscaban en los barbitúricos. La molécula quedó guardada casi tres décadas en la estantería. En 1937, en Boston, H. Houston Merritt y Tracy Putnam pusieron a punto un modelo de electroshock en gato para cribar la actividad anticonvulsivante de compuestos con distinta estructura química. Solicitaron a Parke-Davis siete derivados que incluían a la difenilhidantoína. En septiembre de 1938 publicaron en JAMA los resultados del primer estudio clínico en 142 pacientes epilépticos. La sorpresa fue notable: la molécula controlaba las crisis con eficacia sin producir el efecto hipnótico propio del fenobarbital. Era el primer antiepiléptico no sedante. Su principal utilidad reside en el control de las crisis tónico-clónicas generalizadas y las crisis parciales (focales) con o sin generalización secundaria. También se emplea por vía intravenosa en el estado epiléptico, y sigue teniendo indicación en la profilaxis y el tratamiento de las convulsiones que pueden aparecer durante o después de la cirugía intracraneal. Fuera del ámbito neurológico, la difenilhidantoína conserva un papel en el tratamiento de determinadas arritmias cardiacas, sobre todo las asociadas a intoxicación digitálica. Este uso está en clara regresión y ha sido desplazado por otros antiarrítmicos, pero merece mención por su interés fisiopatológico: la molécula bloquea también los canales de sodio del miocardio. La difenilhidantoína no es útil en todas las formas de epilepsia. Las crisis de ausencia y las mioclonías responden mal, y en ellas se prefieren otras familias farmacológicas. La correcta clasificación del tipo de crisis, previa al tratamiento, es una de las decisiones clínicas más importantes. Actúa sobre los canales de sodio dependientes de voltaje de la membrana neuronal. Se une preferentemente al canal en su estado inactivado y prolonga el tiempo que este permanece en dicha configuración, con lo que dificulta que la neurona pueda disparar potenciales de acción de alta frecuencia sostenida. Ese patrón de descarga sostenida es precisamente el que caracteriza al foco epiléptico. La molécula bloquea así la propagación de la crisis sin interferir apenas con la actividad neuronal normal, que sucede a frecuencias mucho más bajas. Se acepta hoy que existen también acciones complementarias: bloqueo de canales de calcio de tipo L, modulación de segundos mensajeros y de la transmisión sináptica. La contribución relativa de cada uno de estos mecanismos al efecto clínico final sigue siendo objeto de investigación. Un rasgo farmacocinético distingue a la difenilhidantoína de la mayoría de los antiepilépticos: su metabolismo hepático es saturable. A partir de una determinada dosis, pequeños incrementos producen aumentos desproporcionados de las concentraciones plasmáticas. Esta cinética no lineal obliga a un ajuste cuidadoso y explica por qué la molécula tiene un margen terapéutico estrecho. Sí. Son dos nombres para la misma molécula. Difenilhidantoína es la denominación química clásica, todavía muy usada en la literatura médica en español y en el habla clínica cotidiana en algunos países. Fenitoína es la denominación común internacional adoptada por la Organización Mundial de la Salud y la que figura en las fichas técnicas actuales. Depende de la situación. En las nuevas guías europeas y americanas, la elección inicial en la mayoría de las epilepsias focales suele recaer en fármacos más modernos, con mejor perfil de tolerabilidad y menos interacciones. La difenilhidantoína conserva un papel de referencia en el estado epiléptico por vía intravenosa y sigue muy prescrita en pacientes que llevan décadas bien controlados con ella. Por dos razones combinadas. Su metabolismo saturable convierte cualquier ajuste de dosis en una operación delicada, con riesgo de sobredosificación oculta. Su interacción con otros muchos fármacos y con el propio estado clínico del paciente (dieta, función hepática, embarazo) hace que las concentraciones plasmáticas puedan cambiar sin previo aviso. La monitorización farmacocinética permite verificar que la exposición se mantiene dentro del margen terapéutico. Si desea profundizar en la epilepsia y los fármacos relacionados, puede consultar:Qué es la difenilhidantoína
Indicaciones y espectro de acción
Mecanismo de acción
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo difenilhidantoína que fenitoína?
¿Sigue siendo un fármaco de primera línea?
¿Por qué necesita controles de sangre periódicos?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026