DICCIONARIO MÉDICO
Constancia del objeto
La constancia de objeto (o constancia objetal) es un concepto de la psicología del desarrollo y del psicoanálisis que designa la capacidad del niño para mantener una representación interna estable y positiva de sus figuras de apego, incluso cuando estas no están físicamente presentes o cuando la relación con ellas genera frustración. El término fue elaborado por Margaret Mahler (1897-1985) dentro de su teoría del proceso de separación-individuación, publicada en 1975 junto con Fred Pine y Anni Bergman en El nacimiento psicológico del infante humano. Mahler describió este logro evolutivo como la fase final del proceso por el cual el lactante pasa de una fusión simbiótica con la madre a percibirse como un individuo separado con identidad propia. Alcanzada la constancia objetal, el niño no necesita la presencia física continua de la madre para sentirse seguro, porque ha interiorizado una imagen de ella lo bastante estable como para tolerar su ausencia temporal sin derrumbarse emocionalmente. Tampoco necesita dividir al cuidador en «madre buena» (la que satisface) y «madre mala» (la que frustra): puede integrar ambas experiencias en una representación unificada. Ese paso es lo que algunos autores psicoanalíticos denominan superación de la escisión. Mahler situó la consolidación de la constancia de objeto entre los 22 y los 36 meses de edad, como cuarta y última fase del proceso de separación-individuación. Le preceden la subfase de diferenciación (en la que el bebé empieza a distinguir su cuerpo del de la madre), la subfase de práctica (en la que el niño que ya camina explora el entorno con entusiasmo) y la subfase de reaproximación, donde aparece una ambivalencia marcada: el niño quiere alejarse pero también volver, y esa oscilación puede generar crisis intensas de ansiedad. La constancia objetal resuelve en buena medida esa ambivalencia. No la elimina del todo, porque Mahler insistió en que el proceso de separación-individuación no termina nunca de forma definitiva; reaparece en formas nuevas a lo largo de toda la vida (la adolescencia, por ejemplo, reactiva muchos de sus temas). Pero hacia los tres años, si el desarrollo ha sido razonablemente favorable, el niño posee ya una representación interna suficientemente sólida como para funcionar con autonomía creciente. El objeto transicional descrito por Donald Winnicott (el osito de peluche, la manta que el niño no quiere soltar) cumple una función de puente durante el período en que la constancia objetal aún no se ha consolidado. El niño deposita en ese objeto parte de la seguridad que antes solo le proporcionaba la presencia física de la madre. Cuando la constancia madura lo suficiente, el objeto transicional va perdiendo protagonismo sin que nadie tenga que retirárselo. Las dificultades para alcanzar una constancia de objeto estable se consideran un factor de vulnerabilidad para determinados trastornos de la personalidad, en especial para las formas de organización que cursan con relaciones interpersonales muy inestables. Sin una imagen interna unificada del otro, cada desencuentro se vive como un abandono total y cada acercamiento como una fusión; la oscilación entre idealización y devaluación reproduce, en la vida adulta, la escisión que el niño no logró superar en la fase de reaproximación. Conviene señalar que el modelo de Mahler ha recibido revisiones desde la psicología cognitiva del desarrollo: la investigación con lactantes ha demostrado que la capacidad de representar la permanencia de los objetos físicos aparece mucho antes de lo que Piaget (y, por extensión, Mahler) suponían. Eso no invalida el constructo clínico de la constancia objetal afectiva, pero obliga a distinguirlo con claridad de la mera permanencia del objeto físico, que es un fenómeno cognitivo más elemental. No. La constancia perceptiva es un fenómeno neurosensorial por el cual las propiedades físicas de los objetos (tamaño, forma, color) se perciben como estables pese a cambios en la estimulación retiniana. La constancia de objeto es un logro del desarrollo emocional que permite mantener una imagen interna afectiva estable de otra persona. Operan en planos completamente distintos. Mahler situó este logro entre los 22 y los 36 meses, pero con amplia variabilidad individual. Factores como la calidad del vínculo con los cuidadores, la estabilidad del entorno y el temperamento del niño influyen en el ritmo de consolidación. La ansiedad de separación es esperable durante el segundo año de vida, precisamente porque la constancia de objeto aún no se ha afianzado. El niño necesita ver a la madre para sentirse seguro. A medida que la representación interna madura, esa ansiedad disminuye. Si persiste de forma intensa más allá de la primera infancia, puede constituir un trastorno de ansiedad que requiere evaluación. Si desea profundizar en conceptos asociados a la constancia de objeto, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la constancia de objeto
Separación-individuación y constancia objetal
Relación con el objeto transicional de Winnicott
Relevancia clínica en la psicopatología
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo constancia de objeto que constancia perceptiva?
¿A qué edad se espera que un niño haya alcanzado la constancia de objeto?
¿Qué relación tiene con la ansiedad de separación?
Referencias
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