DICCIONARIO MÉDICO
Conación
La conación es la dimensión de la vida psíquica que comprende los impulsos, las tendencias, los deseos y los actos dirigidos a alcanzar una meta. Junto con la cognición y el afecto, forma la tríada clásica de funciones mentales que la psicología y la psiquiatría utilizan como esquema de exploración del psiquismo. El término procede del latín cōnātiō, -ōnis, derivado del verbo cōnor (intentar, esforzarse). En la lengua latina, la familia léxica incluía también cōnāmen (esfuerzo, empeño) y cōnātus (el conato, la tentativa), voces que reflejan un campo semántico centrado en la tensión hacia la acción. La RAE recoge «conato» con tres acepciones, todas ligadas a la idea de propensión, inicio de un acto o empeño en ejecutar algo. En el uso médico y psicológico, conación designa el conjunto de procesos que conducen a la acción voluntaria: desde el deseo difuso hasta la decisión y su ejecución motora. No se reduce a la voluntad en sentido estricto, porque incluye también las pulsiones, los impulsos y la motivación, fenómenos que no siempre son conscientes ni deliberados. La división tripartita de la mente tiene raíces que se remontan a Platón, quien en la República distinguió entre lo racional, lo irascible y lo apetitivo del alma. Siglos después, Immanuel Kant sistematizó la separación entre facultades cognitivas, sentimentales y volitivas. Fue el psicólogo escocés Alexander Bain quien, a mediados del siglo XIX, consolidó la tríada en el lenguaje académico anglosajón, y a finales de esa centuria James Ward y George Frederick Stout la convirtieron en un esquema de referencia para la psicología experimental británica. Stout, en particular, otorgó a la conación un peso teórico considerable. Para él, toda actividad mental era en último término conativa, porque la mente no se limita a registrar estímulos ni a sentir, sino que tiende hacia algo. Esa idea influyó en William McDougall, cuya psicología «hórmica» (del griego ὁρμή, impulso) pivotaba precisamente sobre la noción de esfuerzo dirigido a un fin. La corteza prefrontal dorsolateral y la corteza cingulada anterior son las regiones que la neurociencia asocia con mayor frecuencia a los procesos conativos. La primera interviene en la planificación de secuencias de acción y en la toma de decisiones; la segunda participa en la evaluación de la relevancia de una tarea y en el mantenimiento del esfuerzo ante obstáculos. Los ganglios basales, y en particular el circuito dopaminérgico mesolímbico, modulan la motivación para iniciar y sostener la conducta dirigida a metas. Cuando estas estructuras se lesionan o su neurotransmisión se altera, la capacidad conativa se deteriora. El resultado puede ir desde la apatía leve hasta la abulia profunda, y en los casos más graves puede dar lugar al mutismo acinético, en el que el paciente permanece despierto pero carece de toda iniciativa motora o verbal. La exploración de la conación forma parte del examen del estado mental que se realiza en la práctica psiquiátrica y neurológica. Se valora la capacidad del paciente para formular metas, iniciar acciones de manera espontánea y persistir en ellas a pesar de la dificultad. Entre las alteraciones más relevantes se encuentran la hipobulia (disminución de la voluntad), la abulia (ausencia de voluntad), la hiperbulia (exaltación del impulso volitivo, observable en fases maníacas) y los actos impulsivos o compulsivos, donde la acción se ejecuta sin la deliberación que define al acto voluntario maduro. Tres contextos clínicos concentran buena parte de los trastornos conativos: la esquizofrenia, el trastorno depresivo mayor y las demencias frontales. En la esquizofrenia, la abulia y la anhedonia pertenecen al grupo de manifestaciones deficitarias, que con frecuencia resultan más incapacitantes que los delirios o las alucinaciones. Del latín cōnātiō, un sustantivo formado a partir de cōnor, que significa intentar o esforzarse. La misma raíz da lugar a «conato» y al adjetivo «conativo», ambos recogidos en el Diccionario de la lengua española. No exactamente. La voluntad es un componente de la conación, pero esta abarca también los instintos, las pulsiones y los deseos que no pasan necesariamente por un acto deliberado de decisión. Puede decirse que toda conducta voluntaria es conativa, pero no toda conducta conativa es voluntaria. La abulia es, en esencia, un fallo de la conación. El paciente abúlico conserva sus facultades cognitivas y puede reconocer lo que debería hacer, pero carece del impulso interior necesario para pasar del pensamiento a la acción. Depende de la tradición teórica. Para algunos autores los términos se solapan casi por completo; para otros, la motivación se refiere a los estímulos (internos o externos) que despiertan y dirigen la conducta, mientras que la conación pone el acento en la capacidad sostenida de esfuerzo para alcanzar el objetivo. Dicho de otro modo, la motivación explica el porqué; la conación, el cómo se mantiene el empeño. Si desea profundizar en conceptos asociados a la conación, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la conación
La tríada cognición, afecto y conación
Sustrato neurobiológico
Alteraciones de la conación en psiquiatría
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra conación?
¿Es lo mismo conación que voluntad?
¿Qué relación tiene la conación con la abulia?
¿En qué se diferencia la conación de la motivación?
Referencias
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