DICCIONARIO MÉDICO
Complicación
Una complicación es un evento adverso que aparece durante el curso de una enfermedad o como consecuencia de un procedimiento y que modifica negativamente la evolución esperada del paciente. Puede prolongar la recuperación, generar manifestaciones clínicas nuevas o, en los casos más graves, comprometer la vida. La medicina distingue complicaciones médicas, quirúrgicas, infecciosas y vasculares, entre otras categorías. El término procede del latín complicatio, -onis, derivado del verbo complicare (con-, junto, y plicare, doblar). La imagen original remite a algo que se pliega sobre sí mismo y se enreda: una metáfora que describe bien lo que ocurre cuando una situación clínica, ya de por sí problemática, se vuelve más intrincada por la aparición de un problema nuevo. La RAE recoge todavía la acepción primitiva de «plegadura», aunque en el uso médico moderno el sentido se ha desplazado por completo hacia la noción de evento adverso sobrevenido. Desde el punto de vista clínico, una complicación se define como cualquier desviación desfavorable del curso previsto de una enfermedad, una intervención o un procedimiento. No forma parte de la historia natural de la patología de base: se añade a ella, la agrava o genera un problema distinto que requiere atención específica. La secuela es un efecto residual que persiste después de la fase aguda de una enfermedad o lesión. Una cicatriz por quemadura, por ejemplo, constituye una secuela. La complicación, en cambio, surge mientras el proceso activo aún está en curso y lo desvía de su trayectoria prevista. Tampoco debe equipararse a la comorbilidad, que designa enfermedades coexistentes sin relación causal directa entre ellas, ni al efecto secundario, que alude a una consecuencia no deseada pero previsible de un medicamento. Cada uno ocupa un territorio clínico propio, y confundirlos genera malentendidos frecuentes tanto en la comunicación con el paciente como en la literatura científica. La frontera entre efecto secundario y complicación se desdibuja a veces: cuando un efecto previsible resulta inesperadamente grave, la distinción es más académica que práctica. Las complicaciones pueden clasificarse según varios ejes. Por su origen, se distinguen complicaciones médicas (ligadas a la evolución de la enfermedad de base o al manejo no quirúrgico), complicaciones quirúrgicas (derivadas del acto operatorio o del postoperatorio) y complicaciones vasculares (que afectan a arterias o venas, ya sea de forma espontánea o asociada a procedimientos). Por el momento de aparición, se habla de complicaciones precoces cuando surgen en las primeras horas o días (una hemorragia postquirúrgica, por ejemplo) y tardías cuando se manifiestan semanas o meses después, como una estenosis cicatricial en una anastomosis. Existe también la distinción entre complicaciones generales, comunes a cualquier ingreso u operación, y específicas, propias de un procedimiento concreto. La predisposición varía mucho de un paciente a otro. Edad avanzada, enfermedades crónicas, desnutrición e inmunosupresión son factores reconocidos que elevan el riesgo. La complejidad del procedimiento y la respuesta individual al estrés operatorio o farmacológico también intervienen, y no siempre de forma previsible. Durante décadas, la falta de una definición operativa uniforme hizo casi imposible comparar tasas de complicaciones entre centros. En 1992, Pierre-Alain Clavien y Daniel Dindo propusieron en Zúrich una escala de cinco grados que ordena las complicaciones postoperatorias según la intensidad de la intervención necesaria para resolverlas: desde el grado I (desviación menor, sin necesidad de medicación ni reintervención) hasta el grado V (fallecimiento). La escala se actualizó en 2004 y se ha convertido en el referente para notificar morbilidad quirúrgica a nivel internacional. Fuera del ámbito operatorio, la Organización Mundial de la Salud sitúa las complicaciones dentro del marco de seguridad del paciente. Según sus estimaciones, hasta un 10 % de los pacientes hospitalizados en países de ingresos altos sufre algún evento adverso durante su ingreso, y aproximadamente la mitad se considera evitable. Las infecciones nosocomiales y los errores de medicación figuran entre los más frecuentes. Del latín complicatio, que significaba «plegadura», formado por con- (junto) y plicare (doblar). La idea de algo que se pliega sobre sí mismo y se vuelve difícil de deshacer pasó del lenguaje cotidiano al médico en torno al siglo XVII, cuando empezó a designar un trastorno añadido a una enfermedad ya existente. No. El efecto secundario es una consecuencia conocida y previsible de un medicamento, incluso cuando este se administra correctamente. La complicación implica una desviación inesperada del curso clínico, y su aparición depende de múltiples variables que no siempre pueden anticiparse. Depende. La profilaxis antibiótica reduce el riesgo de infección de herida, y la movilización precoz tras una intervención disminuye la incidencia de trombosis venosa. Sin embargo, otras complicaciones responden a la biología individual del paciente o a la complejidad inherente al procedimiento. Eliminarlas por completo no resulta posible, aunque sí minimizar su frecuencia y gravedad. La secuela persiste una vez resuelta la fase aguda. La complicación surge mientras la enfermedad o el procedimiento aún están activos y altera su evolución. Pueden convivir en un mismo paciente, pero su cronología y su significado clínico son distintos. Si desea profundizar en conceptos asociados a las complicaciones en medicina, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es una complicación
Diferenciación con conceptos próximos
Categorías principales
Gradación y registro estandarizado
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra complicación?
¿Es lo mismo una complicación que un efecto secundario?
¿Toda complicación es evitable?
¿Cuál es la diferencia entre complicación y secuela?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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