DICCIONARIO MÉDICO
Ciclotimia
La ciclotimia, o trastorno ciclotímico, es un trastorno crónico del estado de ánimo encuadrado dentro del espectro bipolar. Se caracteriza por fluctuaciones persistentes entre periodos de síntomas hipomaníacos y periodos de ánimo depresivo leve o moderado, sin que ninguno de ellos alcance la intensidad ni la duración requeridas para diagnosticar un episodio maníaco o un episodio depresivo mayor. La palabra procede del griego κύκλος (kýklos, «círculo», «ciclo») y θυμός (thymós, «ánimo», «humor»). Su significado literal, «ánimo que gira en círculo», describe con bastante exactitud lo que experimenta la persona afectada: oscilaciones del estado de ánimo que se repiten sin patrón fijo y que no desaparecen durante periodos largos. El concepto tiene raíces en la psiquiatría del siglo XIX. Karl Ludwig Kahlbaum introdujo el término ciclotimia en 1882 para describir una forma atenuada de las oscilaciones que Emil Kraepelin integraría después en su categoría de «locura maníaco-depresiva». Durante décadas, la ciclotimia se consideró un temperamento más que una enfermedad. Fue la tercera edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-III, 1980) la que la incorporó formalmente como trastorno del eje I. Según el DSM-5, el trastorno ciclotímico se define por la presencia, durante al menos dos años (un año en niños y adolescentes), de numerosos periodos con síntomas hipomaníacos y numerosos periodos con síntomas depresivos que no cumplen los criterios completos de un episodio de manía ni de depresión mayor. Además, la persona no puede haber estado libre de esos síntomas durante más de dos meses consecutivos. Se excluye el diagnóstico cuando los síntomas se explican mejor por un trastorno esquizoafectivo, por los efectos de una sustancia o por otra condición médica. Y un detalle con implicaciones prácticas: si en algún momento aparece un episodio maníaco, hipomaníaco o depresivo mayor completo, el diagnóstico cambia a trastorno bipolar I, bipolar II o trastorno depresivo mayor, respectivamente. Esa frontera no es teórica. Se estima que entre un 15% y un 50% de las personas con ciclotimia acaban cumpliendo criterios de trastorno bipolar I o II a lo largo de su vida. Es un dato que obliga a no trivializar el diagnóstico. Durante las fases de elevación anímica, la persona puede sentirse con más energía de lo habitual, dormir menos sin acusar cansancio, hablar más deprisa, iniciar proyectos con entusiasmo desproporcionado o tomar decisiones impulsivas. No llega a ser manía: no hay psicosis, no hay hospitalización, el funcionamiento social no se desmorona por completo. Pero tampoco es el estado habitual de la persona. En las fases depresivas, aparecen tristeza, pérdida de interés, fatiga, dificultad para concentrarse, alteraciones del sueño. Los síntomas son reales y causan sufrimiento, pero no alcanzan la gravedad de un episodio depresivo mayor. Lo más característico del trastorno ciclotímico es la cronicidad de la alternancia. Los periodos estables son breves. Esa inestabilidad sostenida afecta las relaciones personales, el rendimiento laboral y la imagen que la persona tiene de sí misma (quienes conviven con alguien ciclotímico suelen describir la convivencia como impredecible). La confusión más frecuente se produce con la distimia (trastorno depresivo persistente). Ambos son trastornos crónicos, ambos duran años, pero la distimia cursa solo con ánimo bajo sostenido, sin las fases de elevación que definen la ciclotimia. Si no hay periodos hipomaníacos, no hay ciclotimia. Respecto al trastorno bipolar II, la diferencia reside en la intensidad. En el bipolar II, los episodios hipomaníacos cumplen todos los criterios temporales y sintomáticos del DSM-5 (al menos cuatro días consecutivos, cambio observable por otros, al menos cuatro síntomas), y los episodios depresivos son mayores. En la ciclotimia, ni las subidas ni las bajadas alcanzan ese umbral completo. Es una diferencia de grado, no de naturaleza, y por eso el límite entre ambas entidades puede resultar borroso en la práctica. Del griego κύκλος (kýklos, «ciclo», «círculo») y θυμός (thymós, «ánimo»). Literalmente, «ánimo cíclico». Kahlbaum la acuñó en 1882, y Kraepelin la recogió poco después al sistematizar los trastornos del humor. Depende de lo que se entienda por «leve». Las oscilaciones son menos intensas que en el trastorno bipolar I o II, pero la cronicidad y la imprevisibilidad del ánimo pueden causar un deterioro funcional considerable. No conviene subestimar el impacto de un trastorno que dura años y que, en una proporción significativa de casos, progresa hacia un trastorno bipolar completo. No. Los cambios de humor que cualquier persona experimenta ante circunstancias vitales son proporcionales al estímulo y pasajeros. En la ciclotimia, las oscilaciones se producen de manera recurrente durante años, sin un desencadenante claro la mayoría de las veces, y afectan al funcionamiento cotidiano. Sí, con acompañamiento adecuado. El hecho de que algunos autores del siglo XIX consideraran la ciclotimia un rasgo temperamental sugiere que muchas personas han convivido con estas oscilaciones durante toda su vida sin que se les diagnosticara un trastorno. Reconocer el patrón permite adoptar estrategias que reducen su impacto. Si desea profundizar en conceptos asociados a la ciclotimia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la ciclotimia
Criterios nosológicos y posición en el espectro bipolar
El patrón clínico: dos polos sin llegar a los extremos
Diferenciación con la distimia y el trastorno bipolar
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra ciclotimia?
¿La ciclotimia es una forma leve de trastorno bipolar?
¿Es lo mismo ciclotimia que cambios de humor normales?
¿Se puede vivir con normalidad teniendo ciclotimia?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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