DICCIONARIO MÉDICO
Chlamydia psittaci
Chlamydia psittaci es una bacteria que vive de forma habitual en las aves y que, de forma ocasional, salta al ser humano y produce una neumonía grave conocida como psitacosis. El nombre no es casual: se aisló por primera vez a raíz de brotes asociados a loros y otras aves psitácidas importadas como mascotas. Su historia está marcada por una pandemia real, la de 1929 y 1930, que puso a esta bacteria en boca de la prensa de medio mundo mucho antes de que nadie supiera qué era exactamente. Chlamydia psittaci Agente de la psitacosis o fiebre de los loros Tipo: bacteria Morfología: coco gramnegativo atípico, sin peptidoglucano detectable, inmóvil y de parasitismo intracelular obligado; cuerpo elemental esférico, sin glucógeno detectable en sus inclusiones Transmisión: zoonótica, por inhalación de polvo con secreciones o heces de aves infectadas Reservorio: animal, principalmente aves (loros y otras psitácidas, palomas, aves de corral) Patogenicidad: primario Enfermedades: psitacosis Junto a Chlamydia trachomatis y Chlamydia pneumoniae, forma el trío de especies del género Chlamydia capaces de enfermar al ser humano. Su apellido no deja lugar a dudas: psittaci procede del latín psittacus, loro, que a su vez viene del griego psittakos. El nombre de la enfermedad que produce, psitacosis, se formó sobre la misma raíz. El médico suizo Jakob Ritter fue el primero en describir el cuadro con detalle, en 1880, a raíz de un brote familiar ocurrido el año anterior en casa de su hermano, en Uster. Siete personas enfermaron tras el contacto con unas aves recién importadas y tres murieron; Ritter identificó correctamente a los pájaros como origen, calculó el periodo de incubación y comprobó que la enfermedad no pasaba de persona a persona. La llamó pneumotifus, porque dudaba entre tifus y neumonía. El término psitacosis no se acuñó hasta 1895, de la mano de Morange. Antes, en 1893, el microbiólogo francés Edmond Nocard había aislado de loros enfermos una bacteria a la que llamó Bacillus psittacosis, convencido de haber encontrado el agente causal; con el tiempo se comprobó que aquel hallazgo era en realidad una salmonela, y el verdadero organismo tardaría casi cuarenta años más en aislarse. El agente definitivo se aisló durante la gran pandemia de 1929 y 1930, cuando el bacteriólogo británico Samuel Bedson lo obtuvo de tejidos humanos y aviares mientras investigaba un brote en el zoológico de Londres. Bedson lo consideró un virus a medio camino entre las rickettsias y los virus propiamente dichos, y le puso nombres provisionales como Miyagawanella o Bedsonia. La especie se describió formalmente en 1930, también bajo el nombre de Rickettsia psittaci, y Page la reclasificó dentro del género Chlamydia en 1968. Al microscopio, su cuerpo elemental es esférico, como el de Chlamydia trachomatis, y a diferencia de este último no acumula glucógeno en sus inclusiones. Se han descrito varios genotipos, cada uno asociado con preferencia a un tipo de ave: el genotipo A predomina en psitácidas, el B en palomas, y otros circulan sobre todo en pavos, patos o roedores. Esa especialización por huésped es un rasgo propio de esta especie dentro del género. Su reservorio natural son las aves, con más de ciento treinta especies documentadas como portadoras. La bacteria puede permanecer latente en un ave aparentemente sana y activarse con el estrés del transporte, el hacinamiento o la cría, momento en el que el animal empieza a eliminarla en sus secreciones y heces. El cuerpo elemental resiste bien la desecación y puede mantenerse infeccioso durante meses en polvo o restos orgánicos. El contagio al ser humano ocurre casi siempre por inhalación de ese polvo contaminado, no por mordisco ni por contacto directo con el ave. Por eso afecta sobre todo a quienes conviven con aves domésticas o trabajan con ellas: criadores, personal de tiendas de animales, veterinarios y trabajadores de mataderos avícolas. La transmisión de una persona a otra es posible, pero muy poco frecuente. La única enfermedad asociada a esta bacteria en el ser humano es la psitacosis, una neumonía de origen zoonótico. En las aves, la misma bacteria causa un cuadro distinto, la clamidiosis aviar, que puede cursar sin apenas signos visibles y por eso pasa fácilmente inadvertida hasta que el ave enferma o muere. Clamidia del loro, del latín psittacus. El nombre llegó tarde a la ciencia: la enfermedad se conocía desde 1879, pero el organismo no se aisló hasta el brote pandémico de 1930. No. El nombre se debe a los primeros brotes documentados, todos ligados a psitácidas importadas, pero hoy se sabe que palomas, patos, pavos y otras muchas aves también la portan y pueden transmitirla. Entre 750 y 800 casos confirmados en todo el mundo, con más de cien muertes. El brote se originó en un envío de loros desde Córdoba, en Argentina, y llegó a la prensa estadounidense cuando una familia de Maryland enfermó tras la muerte de su loro. En la práctica, sí. Ornitosis fue durante un tiempo el nombre preferido para los casos ligados a aves no psitácidas, como palomas o aves de corral, pero hoy ambos términos se usan como sinónimos de la misma infección. Para situar Chlamydia psittaci dentro de su grupo, puede consultar:Qué es Chlamydia psittaci
Cómo se identifica en el laboratorio
Dónde vive y cómo se transmite
Qué enfermedades produce
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el nombre Chlamydia psittaci?
¿Solo la transmiten los loros?
¿Cuántas personas enfermaron en la pandemia de 1929 y 1930?
¿Es lo mismo que la ornitosis?
Referencias
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