DICCIONARIO MÉDICO
Burkholderia cepacia
Burkholderia cepacia es una bacteria gramnegativa de distribución ambiental que vive de forma natural en la tierra húmeda y el agua, sin causar ningún problema a la inmensa mayoría de quienes conviven con ella. El conflicto aparece en un grupo muy concreto de personas: las que tienen fibrosis quística u otras defensas debilitadas, en quienes puede instalarse en el pulmón y resistir buena parte de los antibióticos disponibles. Su nombre recuerda al vegetal donde se describió por primera vez. Burkholderia cepacia Especie tipo del complejo Burkholderia cepacia Tipo: bacteria Morfología: bacilo gramnegativo, aerobio estricto, móvil, no fermentador de la glucosa Transmisión: contacto con tierra o agua contaminadas, superficies y material sanitario, y de persona a persona en el ámbito hospitalario Reservorio: ambiental (suelo, agua, rizosfera de las plantas) Patogenicidad: oportunista Enfermedades: fibrosis quística (colonización pulmonar), síndrome de cepacia En 1949, el fitopatólogo Walter H. Burkholder investigaba un brote de podredumbre en bulbos de cebolla en el estado de Nueva York. Aisló al responsable y lo describió al año siguiente como Pseudomonas cepacia, del latín cepa, cebolla: literalmente, la bacteria del olor a cebolla podrida. El nombre no llegó a validarse formalmente y quedó en desuso hasta que, tres décadas después, Palleroni y Holmes lo recuperaron. En 1992, Yabuuchi y su equipo la reclasificaron en el género que hoy lleva el apellido de quien la descubrió, y la convirtieron en su especie tipo. La relevancia médica del organismo llegó mucho después que la agrícola. No fue hasta los años setenta y ochenta cuando empezó a aislarse en muestras respiratorias de pacientes con fibrosis quística, un salto de huésped que sorprendió a la comunidad clínica de la época. Al microscopio es un bacilo alargado, gramnegativo, que se desplaza mediante flagelos. No fermenta la glucosa y necesita oxígeno para crecer. Produce catalasa y, en la mayoría de las cepas, también oxidasa, dos pruebas bioquímicas habituales en cualquier laboratorio de microbiología. Lo verdaderamente característico es su perfil de resistencia. Tolera de forma natural antibióticos como la polimixina B y buena parte de los aminoglucósidos, algo inusual entre los bacilos gramnegativos. Los laboratorios aprovechan precisamente esa rareza para aislarla: los medios de cultivo selectivos para este grupo incorporan colistina o cristal violeta, sustancias que frenan a casi cualquier otra bacteria pero no a ella. Burkholderia cepacia, tal y como se define hoy en la nomenclatura oficial, corresponde a una sola línea genética dentro de un grupo mucho más amplio: el complejo Burkholderia cepacia, que reúne más de veinte especies estrechamente emparentadas y casi imposibles de distinguir entre sí con las pruebas bioquímicas de rutina. Hacen falta técnicas moleculares, como la secuenciación del gen recA, para separar unas de otras con fiabilidad. En la práctica clínica, el nombre Burkholderia cepacia se usa a menudo de forma laxa para referirse a cualquier miembro del complejo. Conviene tenerlo presente: cuando un informe de laboratorio menciona esta especie, es posible que en realidad se trate de una pariente cercana, como Burkholderia cenocepacia, identificada solo hasta el nivel de complejo. Su hábitat natural es el suelo húmedo y el agua, donde convive con las raíces de numerosas plantas. Sobrevive con muy pocos nutrientes. Esa frugalidad, unida a su resistencia a desinfectantes y antisépticos habituales, explica que aparezca de vez en cuando en brotes hospitalarios ligados a soluciones contaminadas, catéteres o equipos de terapia respiratoria, más que a un contagio directo entre pacientes sin foco identificable. Entre personas con fibrosis quística, sin embargo, sí se ha documentado transmisión de persona a persona, por lo que los centros de referencia mantienen protocolos de segregación entre quienes están colonizados y quienes no. Por la cebolla y por su descubridor. El epíteto cepacia procede del latín cepa, cebolla, porque Walter H. Burkholder la aisló en 1949 de bulbos afectados por una podredumbre en Nueva York, y el género entero acabó llevando su apellido. No. Es un patógeno oportunista, no primario: rara vez causa problemas en alguien con las defensas intactas. El riesgo se concentra en quienes tienen fibrosis quística, enfermedad granulomatosa crónica u otras formas de inmunodepresión. Estrictamente, no. Burkholderia cepacia es una de las más de veinte especies del complejo, y no necesariamente la más frecuente en la clínica. Como distinguirlas exige pruebas moleculares que no siempre se realizan de forma rutinaria, en la práctica el nombre suele emplearse para todo el grupo. Su envoltura celular es especialmente impermeable a varias familias de antibióticos, y algunas cepas suman además mecanismos de bombeo que expulsan el fármaco antes de que actúe. Esta combinación es la que aprovechan los laboratorios para aislarla mediante medios selectivos.Qué es Burkholderia cepacia
Cómo se identifica en el laboratorio
Un nombre, muchas especies
Dónde vive y por qué resulta tan difícil de erradicar
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama Burkholderia cepacia?
¿Es peligrosa para una persona sana?
¿Es lo mismo que el complejo Burkholderia cepacia?
¿Por qué resiste tantos antibióticos?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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