DICCIONARIO MÉDICO
Astenia
La astenia es una sensación subjetiva e intensa de falta de fuerza generalizada, presente incluso en reposo y no aliviada por el descanso. Se trata de un síntoma, no de una enfermedad en sí misma, y constituye uno de los motivos de consulta más frecuentes en atención primaria y en medicina interna. El término procede del griego ἀσθένεια (asthéneia), formado por el prefijo privativo ἀ- y el sustantivo σθένος (sthénos, «vigor», «fuerza»): literalmente, «sin fuerza». La voz fue reintroducida en el léxico médico europeo a finales del siglo XVIII a través del francés asthénie, documentada desde 1790, y pasó al español en las primeras décadas del XIX. La Real Academia Nacional de Medicina la define como «sensación intensa de falta generalizada de fuerza» y le asigna el código CIE-10 R53. Conviene precisar qué no es la astenia. El paciente asténico no refiere simplemente cansancio tras una jornada larga ni la pesadez muscular que sigue a un esfuerzo sostenido; lo que describe es una incapacidad difusa para iniciar o mantener las actividades cotidianas, una falta de vigor que precede al esfuerzo y que no se resuelve durmiendo más horas. Esa distinción semiológica, que parece sencilla sobre el papel, resulta más difícil de captar en la consulta, porque los propios pacientes suelen expresar la fatiga, la astenia y la debilidad con las mismas palabras: «estoy agotado», «no puedo con mi cuerpo», «me fallan las fuerzas». En semiología, estas tres voces designan experiencias diferentes. La fatiga aparece después de un esfuerzo físico o mental y cede con el reposo. Es un fenómeno fisiológico. La astenia, en cambio, se instala antes de cualquier actividad y no mejora al descansar. Y la debilidad (o paresia, cuando tiene origen neurológico) implica una disminución objetiva y mensurable de la fuerza muscular, detectable mediante la exploración clínica. Un artículo publicado en 2021 en Acta Médica Colombiana recordaba que emplear las dos voces juntas en la misma oración, el célebre «astenia y adinamia» de tantas historias clínicas hispanohablantes, constituye un pleonasmo. Etimológicamente ambas apuntan a la misma carencia de fuerza, si bien la adinamia suele reservarse para grados más graves, en los que el paciente apenas puede moverse. En la práctica, el contexto clínico suele ser más informativo que la palabra elegida por el paciente: lo que importa es si el profesional logra establecer si se trata de una queja subjetiva sin correlato motor (astenia), de un agotamiento posterior al esfuerzo (fatiga) o de una pérdida real de potencia muscular (debilidad). Las causas de astenia se agrupan tradicionalmente en tres grandes categorías, con una proporción que varía según las series consultadas pero que mantiene un patrón constante: las causas psíquicas son las más frecuentes. Astenia psíquica. La depresión, la ansiedad generalizada y los trastornos adaptativos encabezan la lista. Algunos estudios de atención primaria sitúan el origen psicógeno hasta en el 40-80 % de los casos de astenia prolongada, lo que convierte esta categoría en la primera que el clínico debe considerar. El paciente deprimido suele notar el cansancio más intenso al despertar, con una mejora relativa a lo largo del día (patrón matutino), algo que orienta la sospecha. Astenia orgánica. Aquí la falta de fuerza obedece a una enfermedad identificable: anemias, infecciones crónicas, cardiopatías, hepatopatías, nefropatías, procesos neoplásicos o enfermedades neuromusculares. Dentro de este grupo, las causas endocrinas merecen mención aparte, porque el hipotiroidismo, la insuficiencia suprarrenal y la diabetes mal controlada son causas tratables de astenia que con frecuencia pasan inadvertidas durante meses. Astenia iátrica. Determinados fármacos producen cansancio como efecto adverso, una circunstancia particularmente frecuente en pacientes polimedicados y en personas de edad avanzada, que metabolizan los medicamentos con menor eficacia. El término iátrica (del griego ἰατρός, «médico») señala precisamente que el origen del síntoma está en la propia intervención sanitaria. Existe también una astenia fisiológica, que no constituye una enfermedad: la que aparece por falta de sueño, ayuno prolongado, sobrecarga de trabajo o los cambios estacionales que en el lenguaje popular se denominan «astenia primaveral». No tiene la misma trascendencia clínica, pero su frecuencia hace que muchos pacientes consulten por ella. El cansancio es una de las quejas más frecuentes en la consulta médica. Según datos del Manual MSD, hasta un 25 % de las personas refiere sentirse crónicamente cansada en algún momento, si bien solo un 0,5 % cumple los criterios del síndrome de fatiga crónica (encefalomielitis miálgica). Las series de atención primaria coinciden en que la astenia ocupa entre el 5 % y el 7 % de las consultas, y que en la mayoría de los casos se alcanza un diagnóstico etiológico con una anamnesis cuidadosa, exploración física y analítica básica. Solo un 2 % de los pacientes precisa derivación a atención especializada. La distribución por sexo muestra un predominio en mujeres, con edades de presentación que se concentran entre los 20 y los 60 años. Es un síntoma que atraviesa todas las especialidades: lo ven internistas y médicos de familia, pero también endocrinólogos, psiquiatras, neurólogos y oncólogos, porque pocas enfermedades graves cursan sin algún grado de astenia. Del griego ἀσθένεια (asthéneia), compuesto por ἀ- («sin») y σθένος (sthénos, «fuerza»). Entró en el vocabulario médico europeo por vía francesa hacia 1790 y se consolidó en español durante el siglo XIX. La misma raíz aparece en palabras como neurastenia o miasteniforme. No. La fatiga sigue al esfuerzo; la astenia lo precede. Una persona fatigada recupera fuerzas tras descansar. La asténica, no. La confusión es comprensible porque los pacientes usan ambas palabras indistintamente, pero en la exploración clínica se trata de dos hallazgos diferentes. El término se emplea con frecuencia en el lenguaje coloquial y en medios de comunicación, pero no corresponde a una entidad nosológica reconocida en las clasificaciones médicas. Lo que sí se observa es que los cambios de estación, especialmente la transición del invierno a la primavera con su aumento de las horas de luz y la variación hormonal asociada, pueden generar un cuadro transitorio de cansancio, somnolencia y leve apatía que se resuelve espontáneamente en una o dos semanas. Depende más del patrón que de la duración exacta. Si la persona se ha acostado temprano, ha dormido un número razonable de horas y al despertar se siente incapaz de afrontar la jornada con un nivel de energía proporcional, la queja ya se sale del cansancio habitual. Cuando ese patrón se repite durante más de dos o tres semanas sin una explicación clara (como un proceso infeccioso en curso o una carga de trabajo fuera de lo habitual), conviene plantearse una evaluación médica. Consulte también la información clínica sobre la astenia crónica Si busca información sobre el síndrome de fatiga crónica (encefalomielitis miálgica), su evolución y su manejo, puede consultar la ficha de astenia crónica elaborada por el Departamento de Medicina Interna de la Clínica Universidad de Navarra. Si desea profundizar en conceptos asociados a la astenia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la astenia
Astenia, fatiga y debilidad: tres conceptos que se confunden
Clasificación etiológica
Prevalencia como motivo de consulta
Preguntas frecuentes
De dónde viene la palabra astenia
Es lo mismo astenia que fatiga
Existe la astenia primaveral
Cuándo deja de ser un cansancio normal y pasa a ser astenia
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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