DICCIONARIO MÉDICO
Apnea
La apnea es el cese completo de la respiración durante un período mínimo de diez segundos. Puede producirse tanto durante el sueño como en estado de vigilia, y obedece a mecanismos muy distintos según su origen sea una obstrucción de la vía aérea, un fallo en la señal nerviosa del centro respiratorio o la combinación de ambos. Cuando los episodios se repiten de forma cíclica durante la noche, configuran el síndrome de apneas del sueño, una entidad clínica con repercusiones cardiovasculares y metabólicas bien documentadas. En sentido estricto, la apnea designa la interrupción del flujo aéreo oronasal verificable mediante registro instrumental. La convención clínica fija el umbral en diez segundos: por debajo de ese tiempo, las pausas respiratorias breves se consideran fisiológicas y aparecen con frecuencia durante las transiciones entre fases del sueño. Por encima, el organismo acumula dióxido de carbono en sangre (hipercapnia) y reduce progresivamente la concentración de oxígeno (hipoxemia), lo que desencadena una respuesta refleja de los quimiorreceptores periféricos y centrales. El término procede del griego ἄπνοια (ápnoia), formado por el prefijo privativo ἀ(ν)- (a(n)-, «sin») y πνοιά (pnoiá, «respiración», «soplo»). Galeno empleó ya la voz en el siglo II d. C. con un sentido comparable al actual, pero su incorporación al vocabulario médico occidental se produjo a través del latín renacentista apnoea, documentado en 1548. El francés apnée aparece registrado desde 1611. La respiración normal depende de un circuito generador de ritmo localizado en el bulbo raquídeo y en la protuberancia del tronco encefálico. Estos núcleos envían señales motoras por el nervio frénico y los nervios intercostales hasta el diafragma y la musculatura torácica, y reciben información de retorno de los quimiorreceptores (sensibles a la presión parcial de CO₂ y de O₂) y de los mecanorreceptores pulmonares. Cualquier interrupción de este circuito, ya sea por obstrucción física del paso del aire o por supresión del impulso nervioso, produce apnea. La consecuencia inmediata es la caída de la saturación de oxígeno, detectable mediante oximetría de pulso, y el ascenso de CO₂ arterial. Si la pausa se prolonga más allá de la capacidad compensatoria del organismo, puede desembocar en asfixia. Apnea obstructiva. Es la variante más prevalente. Se origina cuando los tejidos blandos de la faringe colapsan sobre sí mismos durante el sueño, bloqueando la vía aérea superior. El esfuerzo respiratorio persiste (los músculos del tórax y el diafragma siguen contrayéndose contra la obstrucción), pero el aire no llega a los pulmones. La mayoría de los casos forman parte del síndrome de apneas del sueño de predominio obstructivo. Apnea central. Aquí no hay obstrucción mecánica. El problema reside en que el tronco encefálico deja transitoriamente de generar la orden motora a los músculos respiratorios; el paciente no realiza esfuerzo ventilatorio alguno durante la pausa. Se asocia con insuficiencia respiratoria de origen neurológico, insuficiencia cardíaca avanzada y uso de opioides, entre otras causas. Apnea mixta. Combina un componente central inicial, en el que cesa el impulso nervioso, con un componente obstructivo que aparece cuando se reanuda el esfuerzo respiratorio contra una vía aérea todavía colapsada. Se identifica sobre todo en registros de polisomnografía de pacientes que presentan un cuadro obstructivo ya establecido. No toda apnea ocurre durante el sueño. En neonatología, la apnea de la prematuridad (que en inglés se conoce directamente como apnea of prematurity) afecta a recién nacidos de menos de 37 semanas de gestación y obedece a la inmadurez de los centros respiratorios bulbares. Suele resolverse a medida que madura el sistema nervioso del lactante. Existe también una apnea refleja, como la que se desencadena al sumergir la cara en agua fría (reflejo de inmersión), una respuesta autonómica que implica bradicardia y redistribución del flujo sanguíneo. Se trata de un fenómeno fisiológico conservado desde los mamíferos acuáticos. La apnea voluntaria, la que practica un buceador en inmersión libre, comparte algunos de estos mecanismos reflejos, si bien el cese de la respiración es deliberado. Hipopnea. La reducción del flujo aéreo no llega a ser completa: se exige una disminución de al menos el 30 % de la amplitud del flujo respiratorio durante diez segundos o más, acompañada de una caída de la saturación de oxígeno igual o superior al 3-4 %. Apnea e hipopnea se cuantifican juntas en el índice de apnea-hipopnea (IAH), parámetro que define la gravedad del síndrome de apneas del sueño. Bradipnea. Consiste en una frecuencia respiratoria anormalmente baja, inferior a doce respiraciones por minuto en el adulto. La respiración se mantiene, aunque sea lenta; en la apnea, se interrumpe por completo. La disnea es la percepción subjetiva de dificultad para respirar, un síntoma que conviene no confundir con la apnea: un paciente puede experimentar disnea sin apnea y viceversa, aunque ambas coexisten con frecuencia en los trastornos respiratorios del sueño. Del griego ἄπνοια (ápnoia), que combina el prefijo privativo ἀ(ν)- con πνοιά («respiración»). Galeno ya la usó en el siglo II d. C. con un significado cercano al que conserva hoy en medicina. Llegó al latín médico renacentista como apnoea en 1548 y al francés como apnée en 1611. No. La apnea es sencillamente el cese de la respiración; puede ocurrir en contextos muy variados: durante el sueño, en el período neonatal, por un reflejo de inmersión o incluso de forma voluntaria al bucear. Cuando las pausas respiratorias se repiten cíclicamente durante la noche y alcanzan una frecuencia y gravedad suficientes, se habla de síndrome de apneas del sueño, que es una entidad clínica distinta con criterios diagnósticos propios. Diez segundos. Ese umbral es el que la medicina del sueño utiliza de forma convencional para distinguir una pausa respiratoria con repercusión fisiológica de las breves interrupciones del flujo que se producen de manera normal durante las transiciones entre fases del sueño. En la obstructiva, la vía aérea superior se bloquea físicamente (por colapso de los tejidos faríngeos), pero el cerebro sigue enviando la orden de respirar y los músculos hacen esfuerzo. En la central, el problema está en que los centros respiratorios del tronco encefálico dejan de generar el impulso motor, de modo que no hay ni flujo de aire ni esfuerzo respiratorio. La polisomnografía permite diferenciarlas registrando simultáneamente el flujo nasal y los movimientos toraco-abdominales. Si desea profundizar en conceptos asociados a la apnea, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la apnea
Control nervioso de la respiración y mecanismo de la apnea
Clasificación según el mecanismo
Contextos clínicos de la apnea fuera del sueño
Diferenciación con otros trastornos de la ventilación
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra apnea?
¿Es lo mismo apnea que apnea del sueño?
¿Cuánto dura una apnea para que se considere relevante?
¿Cuál es la diferencia entre apnea obstructiva y apnea central?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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