DICCIONARIO MÉDICO
Antagonista dopaminérgico
Un antagonista dopaminérgico es un fármaco que bloquea los receptores de dopamina, impidiendo que este neurotransmisor active las vías de señalización celular en las que interviene. Según el subtipo de receptor bloqueado y la localización cerebral del efecto, estos fármacos se emplean en contextos tan dispares como el control de las náuseas o la neuropsiquiatría. La dopamina actúa en el sistema nervioso central a través de cinco subtipos de receptores agrupados en dos familias: los de tipo D1 (D1 y D5, que estimulan la adenilato ciclasa) y los de tipo D2 (D2, D3 y D4, que la inhiben). Un antagonista dopaminérgico se une a uno o varios de esos receptores sin activarlos, bloqueando así la acción de la dopamina endógena. El bloqueo del receptor D2 ha sido el más explotado farmacológicamente. En la zona gatillo quimiorreceptora del bulbo raquídeo, la dopamina participa en el reflejo del vómito; bloquear sus receptores en esa localización produce un efecto antiemético. En las vías mesolímbicas y mesocorticales del cerebro, el exceso de señalización dopaminérgica se ha asociado a ciertos estados psicóticos; los neurolépticos clásicos actúan precisamente como antagonistas D2 en esas vías. Y en la hipófisis anterior, el bloqueo del receptor D2 libera la secreción de prolactina, que normalmente está inhibida por la dopamina procedente del hipotálamo. El problema conceptual de los antagonistas dopaminérgicos radica en que la dopamina desempeña funciones muy diferentes según la vía cerebral implicada. Bloquear los receptores D2 en la vía mesolímbica puede producir un efecto deseado, pero hacerlo simultáneamente en la vía nigroestriatal provoca rigidez muscular y alteraciones del movimiento, y en la vía tuberoinfundibular eleva la prolactina. Es un ejemplo clásico de por qué la selectividad anatómica importa tanto como la selectividad por el receptor. Los antagonistas dopaminérgicos más modernos intentan mitigar esa limitación uniéndose de forma transitoria al receptor (se disocian con más rapidez que los clásicos) o actuando sobre otros receptores simultáneamente para compensar parte de los efectos no deseados. La metoclopramida y la domperidona, por ejemplo, bloquean preferentemente los receptores D2 periféricos y de la zona gatillo sin atravesar la barrera hematoencefálica de forma tan intensa, lo que limita sus efectos centrales. No necesariamente. Todos los antipsicóticos clásicos son antagonistas del receptor D2, pero no todos los antagonistas dopaminérgicos se usan como antipsicóticos. La metoclopramida, por ejemplo, es un antagonista D2 que se emplea como antiemético y procinético gástrico. Porque la dopamina actúa como freno natural de la secreción de prolactina en la hipófisis anterior, a través de la vía tuberoinfundibular. Cuando un fármaco bloquea los receptores D2 en esa zona, se elimina el freno y la prolactina se libera sin restricción. El resultado es lo que se conoce como hiperprolactinemia farmacológica. No. La dopamina también actúa fuera del cerebro: en el riñón favorece la natriuresis, en el tubo digestivo modula la motilidad y en ciertos lechos vasculares produce vasodilatación a dosis bajas. Los antagonistas dopaminérgicos periféricos aprovechan esas funciones extracraneales. Si desea profundizar en conceptos asociados al antagonismo dopaminérgico, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un antagonista dopaminérgico
Vías dopaminérgicas y selectividad del bloqueo
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo un antagonista dopaminérgico que un antipsicótico?
¿Por qué algunos antagonistas dopaminérgicos elevan la prolactina?
¿Es la dopamina solo un neurotransmisor cerebral?
Referencias
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