DICCIONARIO MÉDICO
Analgesia
La analgesia es la abolición o reducción de la percepción del dolor sin pérdida de la conciencia ni de otras formas de sensibilidad. Puede producirse de manera fisiológica (por ejemplo, mediante la liberación de endorfinas) o inducirse con fármacos analgésicos, técnicas regionales o procedimientos no farmacológicos. El término procede del griego ἀναλγησία (analgēsía), compuesto por el prefijo privativo ἀν- (an-, «sin») y ἄλγος (álgos, «dolor»). Ya en filósofos del siglo IV a. C. aparece con el sentido de «ausencia de dolor», aunque referido a un estado de ánimo, no a una intervención médica. La acepción clínica se documenta en latín renacentista hacia 1664 y se incorpora al inglés en 1706. La Real Academia Española lo define como «falta o disminución de las sensaciones dolorosas, que no afecta a los demás sentidos». Conviene entender la analgesia como un estado, no como un procedimiento concreto. Cuando un paciente refiere que ya no siente dolor, está en analgesia, con independencia de si esa situación se ha conseguido con un comprimido, con una inyección en el neuroeje o con estimulación eléctrica transcutánea. Lo que define el concepto es la supresión selectiva del dolor: el tacto, la presión, la temperatura y la propiocepción se conservan. Para que una persona perciba dolor, la señal generada por los nociceptores periféricos tiene que recorrer un trayecto que incluye fibras aferentes, relevo en el asta dorsal de la médula espinal, tractos ascendentes y procesamiento cortical. La analgesia puede actuar en cualquiera de esos escalones. En la periferia, reduciendo la producción de mediadores inflamatorios que sensibilizan al nociceptor. En la médula, bloqueando la transmisión sináptica entre la primera y la segunda neurona de la vía. Y a nivel supraespinal, activando vías descendentes inhibitorias que parten de la sustancia gris periacueductal y del bulbo raquídeo. El propio organismo dispone de un sistema analgésico endógeno. Las encefalinas y las endorfinas, péptidos opioides que se unen a los receptores opioides del sistema nervioso, participan en la modulación fisiológica del dolor. Este mecanismo explica, entre otras cosas, por qué un soldado herido en combate puede no sentir dolor hasta horas después de la lesión, o por qué ciertos estados de estrés agudo cursan con una llamativa insensibilidad al daño tisular. La analgesia puede clasificarse según el nivel en que actúa. La analgesia periférica reduce la señal dolorosa en su punto de origen, en el tejido lesionado o inflamado; los antiinflamatorios no esteroideos son el ejemplo más conocido. La analgesia espinal o neuroaxial interrumpe la transmisión en la médula mediante la administración de fármacos en el espacio epidural o intratecal. Y la analgesia central actúa sobre el cerebro y las vías descendentes inhibitorias; los opioides ejercen buena parte de su efecto a este nivel. Existe también la analgesia no farmacológica: técnicas como la estimulación eléctrica transcutánea, la acupuntura, la crioterapia o determinadas intervenciones cognitivo-conductuales pueden modificar la percepción del dolor sin recurrir a fármacos. Su grado de evidencia varía considerablemente de unas a otras. La confusión entre analgesia y anestesia es frecuente. La diferencia clave reside en el alcance: la analgesia suprime selectivamente la percepción del dolor, mientras que la anestesia suprime la sensibilidad en su conjunto (táctil, térmica, propioceptiva) y, en el caso de la anestesia general, también la conciencia. Un paciente bajo analgesia puede notar que le tocan, percibir frío y mantener una conversación; un paciente bajo anestesia general no puede hacer nada de eso. La anestesia local ocupa una posición intermedia: bloquea todas las modalidades sensitivas en una zona concreta, no solo el dolor. Del griego ἀναλγησία, formado por ἀν- («sin») y ἄλγος («dolor»). Los filósofos griegos del siglo IV a. C. ya la usaban para designar la ausencia de sufrimiento como virtud estoica. El sentido médico moderno se fijó en el latín científico del siglo XVII. No. La analgesia elimina o atenúa la percepción del dolor, pero preserva el resto de la sensibilidad y la conciencia. La anestesia suprime la sensibilidad de forma global y, según su modalidad, puede incluir también la pérdida de conciencia. Sí. El sistema nervioso produce péptidos opioides endógenos (endorfinas, encefalinas, dinorfinas) que se unen a receptores opioides y modulan la señal dolorosa. Se activan, entre otras situaciones, durante el ejercicio físico intenso, el estrés agudo y algunos estados emocionales. La llamada «analgesia por estrés» es un fenómeno bien documentado en la literatura fisiológica. Depende del contexto. Existen técnicas no farmacológicas con grados variables de evidencia: estimulación eléctrica transcutánea, terapia cognitivo-conductual, hipnosis, crioterapia. En dolor leve pueden ser suficientes por sí solas; en dolor moderado a intenso suelen complementar el abordaje farmacológico, no sustituirlo. Si desea profundizar en conceptos asociados a la analgesia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la analgesia
Nocicepción y modulación de la señal dolorosa
Clasificación conceptual
Diferenciación con la anestesia
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra analgesia?
¿Analgesia y anestesia son lo mismo?
¿Puede el propio cuerpo generar analgesia?
¿La analgesia siempre requiere medicación?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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