DICCIONARIO MÉDICO
Actitud
En semiología clínica, la actitud es la postura general que adopta el cuerpo o una parte de él de forma espontánea o refleja, y que el médico observa durante la inspección del paciente. No es una descripción anatómica neutra: ciertas posturas características orientan hacia patologías concretas y constituyen, por sí mismas, signos clínicos clásicos. La inspección es el primer paso de toda exploración física y en ese momento el clínico recoge, casi sin proponérselo, una enorme cantidad de información: cómo entra el paciente en la consulta, cómo se sienta, cómo se acuesta en la camilla, hacia dónde inclina el tronco, qué hace con las manos. Todo ese conjunto es lo que en semiología se llama actitud. La palabra designa, por tanto, la postura habitual o la posición preferente que el cuerpo adopta sin esfuerzo voluntario, ya sea en estática o en movimiento. El término procede del italiano attitudine, que llegó al español a través del francés attitude en el siglo XVIII. Detrás está el latín tardío aptitudo, aptitudinis, derivado del verbo aptare (ajustar, adaptar). El sentido original, conservado en parte del lenguaje cotidiano, era la disposición o la aptitud para algo; el sentido postural llegó más tarde, por extensión, al fijarse la palabra en el vocabulario de la pintura y la escultura del Renacimiento italiano para describir la posición del cuerpo humano representado. La medicina del siglo XIX adoptó el término en ese sentido figurativo y lo incorporó al léxico clínico, donde aún se mantiene. En el lenguaje médico habitual actitud y posición se solapan con frecuencia, pero su matiz no es el mismo. Posición tiende a usarse en sentido descriptivo o instrumental: nombra cómo se coloca el cuerpo en relación con un eje o un plano (decúbito supino, sedestación, Trendelenburg) y suele implicar una colocación activa, dirigida por el paciente o por el equipo asistencial. Actitud conserva un matiz semiológico: nombra lo que el clínico observa antes de pedir nada, la postura que el cuerpo ha asumido por sí mismo en respuesta al estado en que se encuentra. El ejemplo clásico es el dolor lumbar agudo. La posición antálgica y la actitud antálgica describen lo mismo (la inclinación lateral del tronco para evitar el dolor radicular), pero el primer término pone el acento en la postura como hecho objetivo y el segundo en la postura como signo clínico. Algunos manuales mantienen la distinción con rigor; la mayoría los emplea como sinónimos prácticos. Una actitud característica puede ser, por sí sola, suficiente para sospechar un diagnóstico antes incluso de auscultar o palpar al paciente. En neurología, la postura permite identificar afectación cerebelosa, irritación meníngea, parkinsonismo o lesión troncoencefálica. En traumatología y reumatología, las actitudes antálgicas y las deformidades estructurales orientan hacia la región dolorosa y hacia la articulación afectada. En obstetricia, la actitud del feto dentro del útero forma parte de la exploración rutinaria del último trimestre. La valoración suele seguir un esquema flexible: postura global (de pie, sentado, en la camilla), simetría, presencia de inclinaciones o rotaciones, flexión preferente de algún segmento, movimientos involuntarios asociados y respuesta a cambios de posición. En pediatría, donde el lactante no colabora con instrucciones verbales, la observación de la actitud espontánea en decúbito supino, prono, sedestación y bipedestación es uno de los pilares de la exploración del desarrollo psicomotor. El vocabulario semiológico clásico recoge una serie de actitudes nominadas, cada una asociada a un cuadro concreto. Las más establecidas son las siguientes. Actitud antálgica. Postura adoptada para evitar o disminuir el dolor. La inclinación lateral del tronco en la lumbociática, la flexión y rotación externa de la cadera en la coxalgia o el sostén del miembro superior contralateral en una fractura de clavícula son ejemplos clásicos. Actitud cerebelosa. Postura característica de las lesiones cerebelosas: aumento de la base de sustentación, oscilaciones del tronco, tendencia a caer hacia el lado lesionado y, en lesiones del vermis, inestabilidad anteroposterior. Actitud en gatillo de fusil. Postura del paciente con síndrome meníngeo: decúbito lateral, extensión de la cabeza y el tronco y flexión marcada de los miembros superiores e inferiores. El conjunto recuerda al gatillo de un fusil. Actitud de boxeador. Postura del cadáver carbonizado, producida por la retracción de la musculatura flexora ante el calor extremo. También conocida como actitud de Duvergie, por el médico forense francés que la describió en el siglo XIX. Actitud fetal. En obstetricia, la relación que mantienen entre sí las distintas partes del feto dentro del útero, normalmente en flexión generalizada. A esta lista habría que añadir varias actitudes históricas hoy con mucha menor presencia clínica: la actitud en crucifijo de la histeroepilepsia, la actitud opistotónica del tétanos avanzado o la actitud erguida que algunos autores describieron como rasgo distintivo de ciertos cuadros psiquiátricos. En un sentido independiente del semiológico, la actitud designa también en medicina la disposición mental o emocional con la que un paciente afronta su enfermedad o la relación con el equipo asistencial. La psicología clínica y la psico-oncología estudian su impacto en variables como la adherencia terapéutica, la calidad de vida percibida y la evolución de cuadros crónicos. Es una acepción legítima del término, aunque distinta de la postural y propia de un campo metodológico diferente. Del italiano attitudine, que pasó al francés como attitude y de ahí al español en el siglo XVIII. La raíz última es el latín tardío aptitudo, derivado de aptare (adaptar, ajustar). El término empezó usándose en pintura y escultura para describir la postura del cuerpo representado y la medicina lo adoptó después en sentido figurativo. En la práctica clínica se usan casi como sinónimos, pero hay un matiz. Posición describe la colocación del cuerpo de forma neutra o instrumental (decúbito supino, sedestación, Trendelenburg). Actitud apunta a la postura como signo, es decir, a lo que el médico observa que el paciente hace por sí mismo, sin pedírselo, como respuesta a una situación o a una enfermedad. Porque muchas enfermedades producen posturas estereotipadas. El paciente con lumbociática se inclina hacia un lado, el paciente con meningitis se recoge en gatillo, el paciente con lesión cerebelosa abre la base de sustentación. Reconocer estas actitudes en la inspección, antes de cualquier maniobra, puede acortar mucho el camino hacia la sospecha diagnóstica correcta. Sí, en la mayor parte de los contextos. Postura es la voz patrimonial castellana; actitud es el cultismo de origen italiano que se incorporó más tarde. Los manuales de semiología los usan como equivalentes, aunque algunos textos reservan «actitud» para la postura observada por el clínico y «postura» para la descripción anatómica neutra. Si desea profundizar en los distintos tipos de actitud con valor clínico o en términos próximos, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la actitud
Actitud y posición: dos términos próximos
La actitud como signo en el examen físico
Principales actitudes con valor clínico
La acepción psicológica
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede la palabra actitud?
¿Cuál es la diferencia entre actitud y posición?
¿Por qué tiene valor diagnóstico observar la actitud del paciente?
¿Es lo mismo actitud que postura?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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