DICCIONARIO MÉDICO
Abscesos intramedulares
Un absceso intramedular es una colección de pus que se forma dentro del propio parénquima de la médula espinal. Es una de las infecciones más infrecuentes del sistema nervioso central: desde que Hart describió el primer caso en 1830, se han publicado menos de 250 en toda la literatura médica mundial. La médula espinal, protegida por las vértebras, las meninges y el líquido cefalorraquídeo, rara vez se infecta de forma directa. Cuando lo hace y la infección progresa hasta formar una cavidad purulenta encapsulada en el interior del cordón medular, el resultado se denomina absceso intramedular. La rareza de esta entidad —comparada, por ejemplo, con los abscesos cerebrales, que son mucho más frecuentes— se ha atribuido a tres factores anatómicos: el volumen reducido de la médula en relación con el encéfalo, el calibre y el ángulo de origen de las arterias espinales (que dificultan la siembra hematógena) y la triple barrera protectora que suponen las cubiertas meníngeas y el estuche óseo vertebral. "Intramedular" combina el prefijo latino intra- ("dentro de") con medulla, que en latín designaba la parte interior o el tuétano de un órgano. En anatomía, "médula espinal" (medulla spinalis) nombra el cordón nervioso que discurre por el canal vertebral. El adjetivo distingue estos abscesos de los que se asientan fuera de la médula pero dentro del canal raquídeo, como los epidurales (entre la duramadre y el hueso) y los subdurales (entre la duramadre y la aracnoides). La diferencia no es sólo topográfica: el absceso intramedular destruye directamente el tejido nervioso funcional, mientras que los epidurales y subdurales lo comprimen desde fuera. Las bacterias pueden alcanzar la sustancia medular por tres rutas. La diseminación hematógena arrastra microorganismos desde un foco distante —pulmonar, cutáneo, urinario o endocárdico— a través de las pequeñas arterias espinales. La extensión por contigüidad parte de una infección adyacente, como una osteomielitis vertebral o un absceso epidural que erosiona las meninges y penetra en el cordón. Y en niños existe una vía embriológica particular: los senos dérmicos congénitos —tractos fistulosos que comunican la piel dorsal con las cubiertas meníngeas o con la propia médula— pueden servir de corredor para que las bacterias de la superficie cutánea accedan directamente al parénquima medular. De hecho, los senos dérmicos y los quistes dermoides o epidermoides asociados figuran entre los factores predisponentes más frecuentes en la población pediátrica. Staphylococcus aureus es el patógeno que se aísla con más frecuencia, igual que en los abscesos epidurales espinales. La localización más habitual es la región toracolumbar, que concentra alrededor del 60-65 % de los casos publicados; el segmento cervical, aunque menos afectado, puede comprometerse y conlleva un riesgo añadido por la proximidad al bulbo raquídeo. El absceso intramedular se confunde con varias entidades que también ocupan el interior de la médula. Los tumores intramedulares —astrocitomas, ependimomas— pueden producir imágenes quísticas que simulan una cavidad purulenta; la confusión es tan frecuente que varias series clásicas recogen abscesos intramedulares identificados inicialmente como neoplasias. La mielitis transversa comparte la inflamación del parénquima, pero no forma una cavidad encapsulada con pus. Y la siringomielia produce una cavidad llena de líquido dentro de la médula, pero de contenido no purulento y mecanismo distinto: la similitud en las imágenes puede inducir a error si no se considera el contexto clínico. Respecto a los abscesos epidurales espinales, la diferencia radica en la localización. El epidural se sitúa fuera de la duramadre y actúa comprimiendo la médula desde el exterior; el intramedular la destruye desde dentro. Las consecuencias neurológicas de uno y otro pueden ser similares —déficit motor, alteración sensitiva, disfunción esfinteriana—, pero la gravedad del intramedular tiende a ser mayor por el daño directo al tejido nervioso. Que se sitúa dentro de la médula espinal, no alrededor de ella. El prefijo intra- (latín, "dentro") y medulla ("tuétano, parte interior") forman un adjetivo que distingue estos abscesos de los epidurales y subdurales, que están fuera del parénquima medular propiamente dicho. No. Son extraordinariamente raros. Desde la primera descripción por Hart en 1830 se han documentado menos de 250 casos en toda la literatura médica publicada. Por su protección anatómica: un estuche óseo (la columna vertebral), tres capas meníngeas y un manto de líquido cefalorraquídeo la aíslan del exterior. Además, sus arterias son pequeñas y nacen en ángulo agudo, lo que dificulta que los émbolos sépticos se depositen en ella. Sí. En la edad pediátrica, los senos dérmicos congénitos —tractos que comunican la piel del dorso con las meninges o la médula— son un factor predisponente característico. Los resultados neurológicos en niños tienden a ser algo más favorables que en adultos, según las series publicadas. Si desea profundizar en conceptos asociados a los abscesos intramedulares, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un absceso intramedular
Vías de acceso al interior de la médula
Diferenciación con otras lesiones intramedulares
Preguntas frecuentes
¿Qué significa "intramedular"?
¿Son frecuentes?
¿Por qué la médula espinal se infecta tan pocas veces?
¿En niños tiene alguna particularidad?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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