DICCIONARIO MÉDICO
Abscesos intramedulares
Un absceso intramedular es una colección de pus, rodeada de una cápsula, que se forma dentro del propio parénquima de la médula espinal. Es una de las infecciones más raras del sistema nervioso central: desde que Hart describió el primer caso en 1830 se han publicado unos doscientos. Las vértebras, las meninges y el líquido cefalorraquídeo mantienen a la médula espinal bastante aislada del exterior, y por eso rara vez se infecta de forma directa. Cuando ocurre y el foco avanza hasta formar una cavidad purulenta encapsulada en el interior del cordón medular, se habla de absceso intramedular. Comparado con el absceso cerebral, mucho más habitual, es una rareza, y la literatura la atribuye a varios rasgos anatómicos: la médula tiene un volumen muy inferior al del encéfalo, sus arterias son de calibre pequeño y nacen en ángulo agudo (lo que dificulta que los émbolos infecciosos se depositen en ellas) y el conducto vertebral, con sus cubiertas, la protege como un estuche. Intra-, en latín, significa «dentro de»; medulla designaba la parte interior de un órgano, el tuétano de un hueso por ejemplo. El término sitúa así el absceso en el cordón nervioso (medulla spinalis) y no en el espacio que lo rodea. Dentro del canal raquídeo hay otras colecciones de pus con las que no debe confundirse. Los abscesos epidurales se acumulan entre la duramadre y el hueso, y los abscesos subdurales, entre la duramadre y la aracnoides. Ambos actúan desde fuera, comprimiendo la médula o comprometiendo su riego sanguíneo. El intramedular se aloja en el propio tejido nervioso. En 1830 Hart publicó lo que la bibliografía considera el primer caso: un absceso enquistado en el centro de la médula espinal. Dos siglos después el recuento sigue siendo corto. Una revisión sistemática de 2023 localizó doscientos casos publicados entre 1965 y 2022, y en la infancia las series confirman poco más de sesenta. La distribución por edades tiene dos picos, en la primera y en la tercera década de la vida, y los varones se afectan más que las mujeres. Los microorganismos alcanzan la sustancia medular por tres caminos. Uno es la sangre: desde un foco lejano (pulmón, piel, vías urinarias, endocardio) las bacterias llegan a las pequeñas arterias espinales. Otro, la contigüidad, cuando una osteomielitis vertebral o un absceso epidural erosiona las cubiertas y progresa hacia el cordón. Y en algunos niños existe una vía de origen congénito: el seno dérmico, un trayecto fistuloso que comunica la piel de la espalda con el interior del conducto raquídeo y por el que pueden entrar gérmenes de la superficie cutánea. La serie pediátrica más reciente enumera como factores predisponentes los senos dérmicos, los quistes dermoides y epidermoides, una infección previa, un traumatismo y las maniobras sobre la columna. Casi siempre son bacterias. En los niños el aislamiento más frecuente corresponde a Staphylococcus aureus, seguido de Mycobacterium tuberculosis, Escherichia coli y Proteus mirabilis; los hongos intervienen solo en casos poco frecuentes. Varias entidades ocupan también el interior de la médula y pueden confundirse con un absceso. Con los tumores intramedulares, como el astrocitoma o el ependimoma intramedular, la confusión viene de antiguo: los abscesos de evolución crónica, con menos fiebre y menos leucocitos en sangre, suelen remedar un tumor. En la mielitis transversa el parénquima también se inflama, pero no llega a formarse una cavidad con pus. La siringomielia sí labra una cavidad dentro de la médula, pero su contenido es líquido y no purulento, y el mecanismo es otro: con frecuencia se asocia a la malformación de Chiari. Que está dentro de la médula espinal, no a su alrededor. Procede del latín intra- («dentro») y medulla («tuétano, parte interior»). No. Desde la descripción de Hart en 1830 se han publicado en torno a doscientos casos, y una revisión de 2022 identificó 64 confirmados en la edad pediátrica. Por una suma de defensas anatómicas. La columna vertebral forma un estuche óseo, las meninges la envuelven en capas sucesivas y el líquido cefalorraquídeo la baña por fuera y por dentro. Sus arterias, además, son finas y nacen en ángulo agudo, de modo que los émbolos infecciosos tienen pocas probabilidades de quedar atrapados en ellas. A eso se añade su tamaño: la médula ofrece mucha menos superficie y volumen que el encéfalo, el órgano donde los abscesos son bastante más corrientes. Sí. El seno dérmico congénito es un factor predisponente propio de la edad pediátrica, junto con los quistes dermoides y epidermoides que lo acompañan a veces. La mayoría de los casos infantiles corresponde a menores de seis años. Si desea profundizar en conceptos asociados a los abscesos intramedulares, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un absceso intramedular
Primera descripción y frecuencia
Vías de acceso al interior de la médula
Diferenciación con otras lesiones intramedulares
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «intramedular»?
¿Es una enfermedad frecuente?
¿Por qué se infecta tan pocas veces la médula espinal?
¿Tiene alguna particularidad en la infancia?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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