DICCIONARIO MÉDICO

Tularemia

¿Qué es la tularemia?

La tularemia es una enfermedad infecciosa de origen zoonótico causada por la bacteria Francisella tularensis. Es conocida por sus múltiples presentaciones clínicas y por su potencial como agente de bioterrorismo debido a su alta infectividad y capacidad para propagarse por el aire. Esta bacteria puede infectar a una variedad de animales, pero los roedores, los lagomorfos (como los conejos y las liebres) y los artrópodos (como las garrapatas y los mosquitos) son los más comúnmente asociados con la transmisión a los humanos.

La infección en humanos puede ocurrir a través de varios mecanismos. Entre ellos se incluyen la mordedura de un artrópodo infectado, el contacto directo con un animal infectado o su tejido (particularmente a través de cortes o abrasiones en la piel), la ingestión de agua o alimentos contaminados y la inhalación de polvo o aerosoles contaminados. Se han descrito casos de infección en cazadores y tramperos que manipulan animales infectados, así como en personas que consumen agua o alimentos contaminados.

La tularemia puede presentarse en varias formas clínicas, dependiendo de la vía de infección y de la susceptibilidad del huésped. Las formas más comunes son la tularemia ulceroglandular y la tularemia glandular, que se caracterizan por la presencia de una úlcera cutánea y linfadenopatía regional. La tularemia oculoglandular se presenta con conjuntivitis y linfadenopatía preauricular. La tularemia orofaríngea se produce por la ingestión de agua o alimentos contaminados y se manifiesta con faringitis y linfadenopatía cervical. La tularemia pulmonar, que puede ser primaria (por inhalación de aerosoles contaminados) o secundaria (por diseminación hematógena de otras formas de tularemia), se presenta con neumonía. La tularemia tifoidea es una forma sistémica grave de la enfermedad sin signos locales evidentes de infección.

El diagnóstico de la tularemia puede ser un desafío debido a sus diversas presentaciones clínicas. Se basa en la combinación de la historia clínica (incluyendo la posible exposición a animales, artrópodos o ambientes que podrían albergar a F. tularensis), los hallazgos clínicos y los resultados de pruebas de laboratorio. Las pruebas de laboratorio pueden incluir el cultivo de la bacteria (que debe realizarse en laboratorios con las precauciones adecuadas debido al riesgo de infección para el personal de laboratorio), pruebas serológicas y pruebas moleculares, como la reacción en cadena de la polimerasa (PCR).

El tratamiento de la tularemia generalmente incluye el uso de antibióticos como la estreptomicina, la gentamicina, el doxiciclina o la ciprofloxacina. La elección del antibiótico dependerá de varios factores, incluyendo la gravedad de la enfermedad, las posibles contraindicaciones para ciertos medicamentos y la susceptibilidad del organismo.

© Clínica Universidad de Navarra 2023

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