DICCIONARIO MÉDICO
Sistema del complemento
El sistema del complemento es la organización funcional de más de treinta proteínas plasmáticas y de membrana que, activadas en cascada y sometidas a una regulación propia, destruyen patógenos y amplifican la respuesta inflamatoria. Forma parte de la inmunidad innata y trabaja de manera coordinada con los anticuerpos y con las células fagocíticas. La palabra sistema llegó al español como préstamo culto en el siglo XVIII, tomada del latín tardío systema, que a su vez procede del griego sýstema, "conjunto". Según recoge la Real Academia Española, la raíz última es el verbo griego synistánai ("reunir", "componer", "constituir"). Esa etimología explica por qué el diccionario médico distingue dos términos que a menudo se usan como sinónimos: complemento designa el conjunto de proteínas, mientras que sistema del complemento subraya algo distinto, la arquitectura funcional en la que esas proteínas se organizan, con una maquinaria de control que les es propia. Esa arquitectura se puede describir en tres grupos funcionales. Un primer grupo, el de las proteínas de reconocimiento e iniciación, detecta la señal de peligro (un anticuerpo unido a un antígeno, un azúcar microbiano, una superficie sin protección). Un segundo grupo, el de las proteínas efectoras, ejecuta la cascada enzimática propiamente dicha. El tercero, el de las proteínas reguladoras, mantiene el conjunto bajo control para que la destrucción no alcance a los tejidos propios. El sistema se activa por tres rutas independientes (clásica, alternativa y de las lectinas) que confluyen en un mismo punto, la formación de la convertasa de C3. El desarrollo detallado de cada una corresponde a la cascada del complemento; lo que interesa aquí es que, sea cual sea la vía de entrada, el sistema converge siempre en el mismo mecanismo de amplificación. A partir de ahí entra en juego un tramo terminal común a las tres vías. La escisión de C5 genera C5a, un potente mediador de la inflamación, y C5b, que se ensambla con C6, C7, C8 y varias copias de C9 hasta formar el complejo de ataque a la membrana. Esa estructura perfora la bicapa lipídica del microorganismo y provoca su lisis por entrada masiva de agua y iones. Es la vía lítica del sistema, el desenlace físico de toda la cascada. Un mecanismo capaz de abrir poros en una membrana necesita controles tan precisos como su propia capacidad de ataque. El sistema del complemento cuenta con varios reguladores especializados, cada uno actuando sobre un tramo distinto de la cascada. El inhibidor de C1 frena el primer paso de la vía clásica. El factor H y el factor I desmontan la convertasa de C3 de la vía alternativa antes de que se descontrole. La proteína CD59, también llamada protectina, se ancla en la membrana de las propias células e impide que el complejo C5b8 reclute la C9 necesaria para completar el poro; por eso una célula sana queda a salvo de un ataque que ella misma ha ayudado a desencadenar sobre un microorganismo vecino. La properdina rompe el patrón de esta lista. No frena nada. Es el único regulador positivo del sistema: se une a la convertasa de C3 ya formada y prolonga su vida media, estabilizando la amplificación en lugar de detenerla. Las deficiencias congénitas de las proteínas del complemento se agrupan según el tramo de la cascada al que afectan, y esa clasificación tiene valor nosológico propio. La carencia de C5, C9, factor B, factor D o properdina se asocia con una susceptibilidad particular a las infecciones por especies del género Neisseria, entre ellas el meningococo. Los defectos en C1, C4 o C2 (los componentes iniciales de la vía clásica) se relacionan con cuadros de tipo lúpico, porque el sistema pierde parte de su capacidad para eliminar los inmunocomplejos circulantes. Una tercera categoría tiene un origen distinto: no es hereditaria en el sentido clásico, sino adquirida por una mutación somática en el gen PIGA que deja sin proteínas reguladoras de membrana, como el factor acelerador de la decadencia, a determinadas líneas celulares; esa pérdida da lugar a la hemoglobinuria paroxística nocturna. Porque el segundo término nombra a las proteínas y el primero nombra a la organización que forman entre sí, con su cascada, su vía terminal y sus reguladores incluidos. La cifra depende de qué se cuente. Las nueve proteínas numeradas de C1 a C9 son las que dan nombre a la cascada clásica, pero si se suman los factores de la vía alternativa, los reguladores solubles y de membrana y los receptores celulares, el total se acerca a las sesenta moléculas distintas, según la cifra que maneja la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Sí, y de dos maneras complementarias. La primera es activa: proteínas como el factor H reconocen marcadores de superficie presentes en las células del propio organismo y frenan ahí la cascada. La segunda es pasiva: la convertasa de C3 se degrada espontáneamente en cuestión de minutos si no encuentra una superficie que la estabilice, de modo que una activación fortuita sobre tejido sano tiende a apagarse sola antes de causar daño. No. También marca células apoptóticas y complejos inmunes para que los fagocitos los retiren de la circulación, una función de limpieza tan antigua, en términos evolutivos, como su función defensiva. Es innato por origen, pero está entrelazado con la inmunidad adaptativa en ambas direcciones: la vía clásica se activa cuando los anticuerpos IgG o IgM se unen a un antígeno, y a su vez los fragmentos del complemento ayudan a los linfocitos B a montar una respuesta de anticuerpos más eficaz.Qué es el sistema del complemento
Tres vías, una convertasa
Regulación: los frenos de un sistema que perfora membranas
Clasificación de las deficiencias
Preguntas frecuentes
¿Por qué se dice "sistema del complemento" y no solo "complemento"?
¿Cuántas proteínas componen el sistema?
¿El complemento distingue entre bacterias y células propias?
¿Solo actúa contra microorganismos?
¿Qué relación tiene con el sistema inmunitario adaptativo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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