DICCIONARIO MÉDICO
Síndrome de Bloom
El síndrome de Bloom es una enfermedad genética rara, de herencia autosómica recesiva, causada por mutaciones en el gen BLM y caracterizada por inestabilidad cromosómica, un retraso del crecimiento de inicio prenatal y una predisposición marcadamente elevada al cáncer. También recibe el nombre de síndrome de Bloom-Torre-Machacek. En 1954, el dermatólogo neoyorquino David Bloom describió el cuadro por primera vez, en niños con una talla muy inferior a la esperada y un enrojecimiento cutáneo que aparecía tras la exposición solar. El nombre quedó fijado desde entonces, aunque la literatura médica también recoge la forma compuesta Bloom-Torre-Machacek. Se clasifica como una genodermatosis, es decir, una enfermedad hereditaria con expresión visible en la piel, aunque su alcance real va bastante más allá del órgano cutáneo. Destaca, como signo cutáneo más reconocible, un eritema con forma de mariposa que ocupa la nariz y las mejillas, con pequeños grupos de vasos dilatados (telangiectasias) que pueden aparecer también en los ojos. Los recién nacidos con este síndrome ya pesan y miden por debajo de lo habitual, y esa diferencia con la población general se mantiene durante toda la vida: la talla adulta media ronda los 149 cm en varones y los 138 cm en mujeres. El perímetro craneal suele ser reducido, aunque sin el déficit intelectual proporcional que cabría esperar por ese dato. BLM, el gen responsable, se localiza en el brazo largo del cromosoma 15 (banda 15q26.1) y codifica una proteína de la familia de las helicasas RecQ. Estas enzimas se unen al ADN y desenrollan su doble hélice cuando la célula necesita copiarlo o reparar errores en la secuencia; por esa función se las ha llegado a llamar, en tono divulgativo, las guardianas del genoma. Sin una proteína BLM funcional, la célula pierde precisión al corregir sus propios fallos. Los errores dejan de corregirse. La inestabilidad genómica resultante se puede observar de forma directa en el laboratorio: intercambios excesivos entre cromátidas hermanas, recombinación anómala entre cromosomas homólogos y, como hallazgo citogenético característico, la aparición de configuraciones cuadrirradiales durante la división celular, llamadas así por la forma de cruz que dibujan los cromosomas afectados bajo el microscopio. Cuando el daño acumulado no se detecta ni se repara, la célula puede morir o, en el peor de los casos, seguir dividiéndose sin control. De ahí procede el riesgo de cáncer asociado al síndrome. Tres genes de la familia de las helicasas RecQ explican tres enfermedades bien distintas entre sí. El gen WRN da lugar al síndrome de Werner, un cuadro de envejecimiento acelerado que se manifiesta en la edad adulta. Las mutaciones en RECQL4 causan el síndrome de Rothmund-Thomson, con afectación cutánea y esquelética propia. Y las mutaciones en BLM son las que producen el síndrome de Bloom. Varios síndromes comparten con el de Bloom la combinación de inestabilidad cromosómica y predisposición al cáncer, aunque cada uno conserva un rasgo que permite distinguirlo. En la anemia de Fanconi, causada por genes de una vía de reparación distinta, el fallo progresivo de la médula ósea domina el cuadro clínico desde edades tempranas, algo que no ocurre en el síndrome de Bloom. La ataxia-telangiectasia sí incorpora, en cambio, un signo neurológico que el síndrome de Bloom no tiene: una ataxia cerebelosa que aparece ya en los primeros años de vida. Microcefalia marcada desde el nacimiento: así se reconoce, sobre todo, el síndrome de rotura de Nijmegen. El síndrome de Silver-Russell puede confundirse en las primeras exploraciones porque también cursa con retraso del crecimiento prenatal; carece, sin embargo, de la inestabilidad cromosómica que define al síndrome de Bloom. Es una enfermedad muy poco frecuente en la población general. Alcanza, sin embargo, una incidencia mayor entre personas de ascendencia judía asquenazí, donde una mutación fundadora conocida como BLMash explica casi todos los casos: se calcula que la porta 1 de cada 100 individuos de ese origen, con una prevalencia estimada de 1 caso por cada 48.000 nacimientos en ese grupo poblacional. También se han descrito mutaciones fundadoras, mucho más minoritarias, en poblaciones eslava e hispana. En honor a David Bloom, el dermatólogo que describió los primeros casos en Nueva York en 1954, a partir de niños con talla baja y una erupción cutánea desencadenada por el sol. No. Su origen es exclusivamente genético, no infeccioso, y se transmite de padres a hijos según un patrón autosómico recesivo. Ambas cursan con inestabilidad del material genético y mayor riesgo de cáncer, y de hecho comparten parte de la maquinaria celular de reparación del ADN. La diferencia principal está en la médula ósea: en la anemia de Fanconi su fallo progresivo domina el cuadro clínico desde edades tempranas, mientras que en el síndrome de Bloom el rasgo más constante es el retraso del crecimiento, con una afectación de la médula mucho menos marcada. Quienes heredan una sola copia mutada del gen BLM son portadores sanos: no presentan ningún rasgo clínico del síndrome. Solo se manifiesta cuando las dos copias del gen están alteradas.Qué es el síndrome de Bloom
Mecanismo
Clasificación
Diferenciación con otros trastornos de inestabilidad genómica
Epidemiología
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama síndrome de Bloom?
¿Es contagioso?
¿En qué se diferencia de la anemia de Fanconi?
¿Todas las personas portadoras de una mutación en BLM desarrollan la enfermedad?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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