DICCIONARIO MÉDICO
Silicosis
La silicosis es la neumoconiosis fibrogénica que resulta de la inhalación prolongada de partículas respirables de sílice cristalina. Los pulmones responden a ese polvo mineral con un proceso de cicatrización progresivo e irreversible. El origen de la enfermedad se remonta a la minería y la cantería tradicionales, pero en España vive hoy un repunte ligado a un sector inesperado: la fabricación de encimeras de cuarzo aglomerado. Forma parte del grupo de las neumoconiosis, enfermedades pulmonares causadas por el depósito de polvo inorgánico en el tejido pulmonar y la reacción fibrosa que ese depósito desencadena. La silicosis es, de todas ellas, la de mayor capacidad fibrogénica: basta una exposición relativamente moderada para que el pulmón desarrolle nódulos de colágeno bien definidos, algo que otros polvos minerales inertes no llegan a producir. El nombre lo propuso en 1870 el patólogo italiano Achille Visconti, durante la autopsia de un cantero que había pasado años tallando pedernal en Milán. Carlo Luigi Rovida publicó el caso un año después y fijó el término en la literatura científica. Procede del latín silex, "pedernal", con el sufijo griego -osis, que en medicina designa un proceso patológico. Antes de esa fecha, la enfermedad se confundía con otras dolencias respiratorias del minero, incluida la tuberculosis, con la que además guarda una relación real: los macrófagos cargados de sílice pierden parte de su capacidad para eliminar micobacterias, de ahí la mayor susceptibilidad de estos pacientes a la infección tuberculosa. Las partículas de sílice cristalina, sobre todo cuarzo y cristobalita, alcanzan los alvéolos y son engullidas allí por los macrófagos, las células de limpieza del pulmón. El macrófago no consigue degradar el cristal. Muere en el intento, y al hacerlo libera de nuevo la partícula junto con mediadores inflamatorios que atraen a más macrófagos: el ciclo se repite indefinidamente. Ese goteo constante de inflamación activa a los fibroblastos, que depositan colágeno alrededor de cada foco de partículas. El resultado es el nódulo silicótico, un centro de fibras de colágeno dispuestas de forma concéntrica, con partículas de sílice birrefringentes visibles al microscopio de luz polarizada, rodeado de una capa externa de células inflamatorias. La sílice cristalina apenas se degrada en el organismo. Por eso cada partícula inhalada queda fijada en el tejido de forma permanente. La velocidad con la que se acumula la sílice en el pulmón determina tres formas de presentación. La silicosis crónica es la más frecuente y aparece tras diez años o más de exposición moderada; dentro de ella se distingue la forma simple, con nódulos pequeños y aislados, de la complicada, en la que esos nódulos confluyen hasta formar masas de fibrosis mayores de un centímetro conocidas como fibrosis masiva progresiva. Cuando la exposición ha sido más intensa aparece la silicosis acelerada, con un patrón idéntico al de la crónica pero un desarrollo mucho más rápido, de cinco a diez años. La forma aguda, también llamada silicoproteinosis, es la menos frecuente y la de peor pronóstico: basta una exposición masiva de meses para que los alvéolos se llenen de un material proteináceo similar al de la proteinosis alveolar. Hipócrates ya describió, en el siglo V antes de nuestra era, la dificultad respiratoria de los canteros y mineros del metal. Durante siglos fue la enfermedad profesional pulmonar por excelencia, asociada sobre todo a la minería del carbón, el oro y el estaño. En 1997, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasificó la sílice cristalina respirable de origen laboral como carcinógeno del grupo 1, la categoría de mayor evidencia. En España, el Ministerio de Sanidad y el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo notificaron 5.900 partes médicos por silicosis entre 2007 y 2024, con 520 casos solo en el último año de ese periodo. Casi la mitad de esos partes procede hoy de un sector que nada tiene que ver con la minería tradicional: la fabricación y el corte de encimeras de cuarzo aglomerado, un material que puede superar el 90 % de sílice cristalina en su composición y cuyo trabajo genera un polvo mucho más fino que el de la piedra natural. El nombre lo propuso el patólogo Achille Visconti en 1870, a partir del latín silex ("pedernal") y el sufijo griego -osis. Antes se usaban expresiones más vagas, como "tisis de los mineros" o "chalicosis", que no distinguían el origen exacto del polvo inhalado. No. Comparten el mecanismo general (depósito de polvo mineral y fibrosis), pero la sílice es el agente con mayor capacidad fibrogénica del grupo: basta una exposición moderada para generar nódulos bien definidos, algo que el hierro de la siderosis, por ejemplo, no llega a producir. Porque el foco de riesgo se ha desplazado. La fabricación y manipulación de aglomerados de cuarzo para encimeras de cocina y baño concentra hoy casi la mitad de los partes médicos notificados, por delante incluso de la extracción de piedra natural. A ese sector se han sumado también la construcción y la metalurgia. El resultado es que, entre 2007 y 2024, se han comunicado en España 5.900 casos, con una tendencia al alza en los últimos años en lugar de a la baja. Menos de un centímetro de diámetro: ese es el límite que separa, en las radiografías, la silicosis simple de la complicada. Por debajo, los nódulos permanecen aislados y apenas alteran la función pulmonar; por encima, tienden a confluir en masas de fibrosis extensas que sí la comprometen.Qué es la silicosis
Cómo se forma la cicatriz pulmonar
Formas clínicas según el ritmo de exposición
Una enfermedad antigua con un foco de expansión reciente
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama "silicosis"?
¿Es la silicosis igual que otras neumoconiosis, como la asbestosis o la antracosis?
¿Por qué ha aumentado la silicosis en España si las minas de carbón casi han desaparecido?
¿Qué diferencia hay entre la silicosis simple y la complicada?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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