DICCIONARIO MÉDICO
Shunt de Scribner
El shunt de Scribner es un tubo en forma de U, hecho de teflón y silastic, que conectaba de forma externa una arteria y una vena del antebrazo para permitir el acceso repetido al torrente sanguíneo. Implantado por primera vez en 1960, convirtió la insuficiencia renal terminal, hasta entonces una sentencia de muerte, en una enfermedad tratable de forma indefinida. Lleva el nombre de Belding Hibbard Scribner (1921-2003), nefrólogo estadounidense de la Universidad de Washington. Antes de su invención, cada sesión de hemodiálisis exigía puncionar directamente una arteria y una vena, y los vasos se agotaban al cabo de pocas sesiones: la diálisis servía para tratar un fallo renal agudo puntual, nunca para sostener a un paciente de por vida. Scribner resolvió el problema con un dispositivo que quedaba implantado de forma permanente entre las sesiones. Dos cánulas de teflón, un material entonces recién llegado a la medicina por su tolerancia biológica, se insertaban en una arteria y en una vena del antebrazo y se unían mediante tubos de silastic; al terminar cada sesión, ambos extremos se conectaban entre sí con un pequeño puente en forma de U, cerrando el circuito hasta la siguiente conexión a la máquina de diálisis. El ingeniero biomédico Wayne Quinton construyó el dispositivo, y el cirujano David Dillard resolvió la técnica de implante. El 9 de marzo de 1960, Clyde Shields, un mecánico de Boeing de 39 años con una enfermedad renal crónica, se convirtió en el primer paciente en recibir el dispositivo en la Universidad de Washington. Vivió gracias a él durante once años. La noticia se extendió con rapidez porque resolvía un problema que hasta entonces se consideraba insalvable: cómo mantener con vida, de forma indefinida, a alguien cuyos riñones habían dejado de funcionar. La consecuencia no fue solo clínica. Al volverse posible tratar a los pacientes fuera del hospital, Scribner impulsó en enero de 1962 la apertura del Seattle Artificial Kidney Center, el primer centro de diálisis ambulatoria del mundo. La escasez inicial de máquinas obligó a formar un comité que decidía qué pacientes accedían al tratamiento, un episodio que se recuerda hoy como uno de los orígenes de la bioética moderna. El dispositivo tenía un límite evidente: al quedar expuesto fuera de la piel, arrastraba un riesgo constante de infección, de trombosis y de desplazamiento accidental. James Cimino, Michael Brescia y sus colegas propusieron en 1966 una alternativa: unir quirúrgicamente una arteria y una vena bajo la piel del antebrazo para crear una fístula arteriovenosa interna, sin ningún componente externo. La idea le había venido a Cimino años antes, al observar que los veteranos de la guerra de Corea con fístulas traumáticas en los vasos toleraban sin problemas la punción repetida. La fístula interna resultó más duradera y con muchas menos complicaciones, y fue desplazando al shunt externo a lo largo de los años sesenta y setenta. Hoy sigue siendo, con ese mismo principio, el acceso de referencia para la hemodiálisis crónica en todo el mundo. No, salvo en circunstancias muy puntuales. La fístula arteriovenosa interna lo sustituyó por su menor riesgo de infección y su mayor duración. La idea y el impulso clínico partieron de Scribner, que dirigía el programa de nefrología; Quinton, responsable del taller de instrumentación del hospital, materializó el diseño en teflón y silastic. La convención médica de nombrar los dispositivos por quien concibe la indicación clínica, más que por quien lo fabrica, explica el reparto de crédito. David Dillard, el cirujano que resolvió la técnica de implante, corrió una suerte parecida a la de Quinton. Clyde Shields, un mecánico de Boeing. Vivió once años más gracias al dispositivo, primero con sesiones en el hospital y, los últimos cinco años de su vida, con diálisis domiciliaria. Es un caso particular del concepto amplio de shunt: una vía creada para desviar un fluido, en este caso la sangre, con el fin de acceder repetidamente a ella. A diferencia de otros shunts, no trataba ninguna enfermedad por sí mismo; solo abría una puerta de entrada a la máquina de diálisis.Qué es el shunt de Scribner
Un hito con fecha concreta
Por qué quedó en desuso
Preguntas frecuentes
¿Se sigue usando hoy el shunt de Scribner?
¿Por qué se llama shunt de Scribner y no shunt de Quinton, si fue Quinton quien lo construyó?
¿Qué paciente lo recibió primero y qué fue de él?
¿Qué relación tiene con la palabra shunt en general?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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