DICCIONARIO MÉDICO
Retroalimentación
La retroalimentación es el mecanismo por el que parte de la salida de un sistema regresa a él como entrada y modifica su comportamiento posterior. En el organismo, ese retorno de información permite ajustar procesos fisiológicos sin necesidad de un control externo, ya sea para corregir una desviación o para reforzarla hasta completar un proceso. El término no procede del griego ni del latín clásico: es un calco del inglés feedback, una palabra de la ingeniería que el español adoptó a mediados del siglo XX. Norbert Wiener, matemático del Instituto Tecnológico de Massachusetts, trabajó el concepto durante la Segunda Guerra Mundial mientras diseñaba sistemas de guiado automático para artillería antiaérea, y lo desarrolló por extenso en 1948 en su libro Cibernética o el control y comunicación en el animal y la máquina. La Real Academia Española recoge dos traducciones equivalentes, retroalimentación y realimentación; la segunda es la que prefiere el lenguaje técnico de la ingeniería, mientras que la primera se ha impuesto en biología y medicina. La idea, sin embargo, es anterior a la palabra que la nombra. El fisiólogo francés Claude Bernard había descrito ya en el siglo XIX un medio interno que el cuerpo mantiene relativamente constante, y el estadounidense Walter Cannon bautizó ese equilibrio como homeostasia poco antes de que Wiener diera nombre al mecanismo que la sostiene (el desarrollo completo de ambos conceptos puede consultarse en la entrada homeostasia). El Diccionario de términos médicos de la Real Academia Nacional de Medicina define la retroalimentación como la regulación de un sistema o de una reacción por uno o varios de sus propios productos: la información generada en un punto del proceso regresa a su origen y condiciona lo que ocurre a continuación. Para que exista un circuito de retroalimentación hacen falta, como mínimo, tres piezas: un sensor que detecta una variable, un centro que la compara con un valor de referencia y un efector que actúa en consecuencia. La entrada homeostasia desarrolla ese engranaje con detalle, porque es ahí donde su papel resulta más visible. El esquema, pensado en origen para máquinas, sirve igual de bien para explicar el control corporal de la temperatura o el del volumen sanguíneo. No toda regulación fisiológica espera a que se produzca una desviación para reaccionar. La regulación anticipatoria, también llamada feedforward, activa una respuesta antes de que el estímulo complete su efecto: el olfato detecta comida y el aparato digestivo empieza a segregar saliva y jugos gástricos sin que haya llegado todavía un solo gramo de alimento al estómago. La diferencia importa. No es, en sentido estricto, retroalimentación, porque no existe ninguna salida previa que regrese como entrada; es una previsión del sistema nervioso, no una corrección posterior. La retroalimentación puede corregir una desviación o puede amplificarla, y esa bifurcación divide el concepto en dos categorías de comportamiento casi opuesto. En la retroalimentación negativa, con diferencia la más frecuente en el cuerpo humano, la respuesta reduce el estímulo que la originó y mantiene una variable dentro de un margen estable. En la retroalimentación positiva sucede lo contrario: la respuesta intensifica el estímulo original, y el sistema se aleja de su punto de partida hasta alcanzar un desenlace concreto, no un equilibrio. Casi toda la fisiología cotidiana, del riñón al sistema endocrino, se apoya en la primera. La segunda solo entra en juego cuando el objetivo es completar un proceso y detenerlo, no perpetuarlo: el parto y la coagulación de la sangre son los ejemplos que se citan con más frecuencia, y ambos se desarrollan en la entrada dedicada a la retroalimentación positiva. Del inglés feedback, un préstamo de la cibernética que Norbert Wiener formalizó en 1948. El español conserva dos traducciones equivalentes, retroalimentación y realimentación, recogidas ambas por la Real Academia Española. No. La homeostasia es el estado de equilibrio que el organismo persigue; la retroalimentación es el mecanismo que lo hace posible. Depende de la dirección. La retroalimentación negativa sí trabaja en ese sentido, pero la positiva hace justo lo contrario: amplifica el cambio hasta que el proceso termina por sí mismo. La regulación anticipatoria activa una respuesta antes de que exista ninguna desviación que corregir, a partir de una señal que predice el cambio. La retroalimentación, por definición, necesita que la desviación ya haya ocurrido para poner en marcha el ajuste. No, ni mucho menos. La cibernética nació para estudiar la retroalimentación en cualquier sistema, biológico o mecánico, y de ahí el concepto ha pasado a la ingeniería de control, la economía, la ecología y la psicología social, donde describe cómo el resultado de una conducta condiciona la conducta siguiente. En electrónica, un amplificador con retroalimentación negativa gana estabilidad a costa de ganancia; en un ecosistema, la relación entre depredadores y presas responde al mismo principio. La aplicación médica del término, la que ocupa esta entrada, es solo una parcela de un fenómeno mucho más amplio.Qué es la retroalimentación
El circuito básico y la regulación anticipatoria
Dos direcciones: negativa y positiva
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene exactamente la palabra?
¿Es lo mismo que la homeostasia?
¿La retroalimentación siempre busca el equilibrio?
¿Qué diferencia hay con la regulación anticipatoria?
¿El concepto se usa solo en medicina?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026