DICCIONARIO MÉDICO
Receptor de complemento
El receptor del complemento es cualquiera de las proteínas de membrana que reconocen los fragmentos generados por la activación del sistema del complemento, ya se trate de opsoninas depositadas sobre una superficie o de fragmentos liberados a la circulación. No es, por tanto, una sola molécula sino una familia heterogénea, repartida entre varios tipos celulares y con funciones que van de la fagocitosis a la inflamación aguda. Cuando el complemento se activa, genera dos tipos de productos con destinos muy distintos. Unos, los fragmentos de mayor tamaño como C3b y C4b, quedan unidos covalentemente a la superficie del patógeno o del complejo inmunitario que desencadenó la cascada. Otros, los fragmentos pequeños liberados por corte proteolítico, se difunden libremente por el tejido circundante. El receptor del complemento agrupa a todas las proteínas capaces de reconocer uno u otro tipo de producto, expresadas sobre todo en fagocitos, linfocitos y células dendríticas. La clasificación actual distingue cuatro grupos según su arquitectura molecular. El primero está formado por repeticiones de un módulo llamado dominio de control del complemento, dispuestas en fila a lo largo de una única cadena transmembrana: a este grupo pertenecen CR1 y CR2. El segundo corresponde a integrinas beta-2, heterodímeros que comparten una subunidad con otras proteínas de adhesión leucocitaria, y son CR3 y CR4. Un tercer grupo, más reducido, recibe el nombre de CRIg y pertenece a la superfamilia de las inmunoglobulinas. El cuarto rompe con el patrón de los anteriores: son proteínas serpentina de siete pasos transmembrana, acopladas a proteínas G, conocidas como receptores de anafilotoxinas. Ningún grupo se parece a otro. Reconocer fragmentos de C3 depositados sobre una superficie y facilitar que el fagocito la engulla, mecanismo conocido como opsonización, es la tarea común a los tres primeros grupos: CR1, CR2, CR3, CR4 y CRIg. CR1 desempeña además un papel regulador, actuando como cofactor para que otra proteína degrade el C3b en fragmentos inactivos. Los receptores de anafilotoxinas trabajan de manera completamente distinta: reconocen C3a y C5a ya en fase soluble y, al activarse, desencadenan quimiotaxis, desgranulación de mastocitos y un aumento de la permeabilidad vascular. Unos organizan la limpieza de lo ya marcado; los otros, la llamada de urgencia hacia el foco de la lesión. La existencia de un receptor de este tipo se sospechó mucho antes de poder aislarlo. En 1953, Nelson describió que los microorganismos recubiertos de complemento se adherían a los glóbulos rojos humanos y, unidos a ellos, resultaban mucho más fáciles de fagocitar: lo llamó fenómeno de la adherencia inmune. Pasaron casi tres décadas hasta que Douglas Fearon logró aislar, en 1980, la proteína responsable, una glucoproteína de membrana que hoy se conoce como CR1 o CD35. El receptor equivalente en el ratón, presente en leucocitos mucho más que en eritrocitos, se identificó poco después, en 1985. El receptor del complemento y el receptor Fc conviven con frecuencia en la misma célula y cooperan en la misma tarea, la fagocitosis, pero reconocen moléculas distintas: uno se une a fragmentos del complemento, el otro a la porción constante de los anticuerpos. Un fagocito engulle con más eficacia una partícula marcada por ambos sistemas a la vez que una marcada por uno solo, un efecto de sinergia bien documentado en la bibliografía inmunológica. En varios tipos celulares a la vez, no solo en los fagocitos clásicos. Los eritrocitos humanos llevan CR1 en su membrana y lo emplean como vehículo de transporte: los complejos inmunitarios opsonizados viajan adheridos al glóbulo rojo hasta el hígado y el bazo, donde los macrófagos residentes los retiran de la circulación. Los linfocitos B, los neutrófilos, los monocitos y las células dendríticas foliculares expresan también distintas combinaciones de estos receptores. No exactamente. Los receptores de anafilotoxinas son un subtipo dentro del conjunto más amplio de receptores del complemento, el que reconoce los fragmentos solubles C3a y C5a en lugar de las opsoninas depositadas sobre una superficie. Todo receptor de anafilotoxinas es un receptor del complemento; no al revés. Sí, aunque las formas graves son poco frecuentes. La ausencia o el mal funcionamiento de estos receptores se ha asociado a una eliminación menos eficaz de los complejos inmunitarios circulantes, con mayor susceptibilidad a infecciones recurrentes y a procesos en los que esos complejos terminan acumulándose en los tejidos, como ciertas enfermedades renales. Veintisiete años. Nelson describió el fenómeno en 1953; Fearon no logró aislar y caracterizar la proteína responsable hasta 1980. La distancia entre observar un efecto biológico y encontrar la molécula que lo explica no siempre se mide en meses.Qué es el receptor del complemento
Cuatro clases estructurales
Opsoninas y anafilotoxinas
El fenómeno de la adherencia inmune
Diferenciación con los receptores de la región Fc
Preguntas frecuentes
¿Dónde se expresan los receptores del complemento?
¿Es lo mismo un receptor del complemento que un receptor de anafilotoxinas?
¿Existen enfermedades relacionadas con un mal funcionamiento de estos receptores?
¿Cuánto tiempo pasó entre describir la adherencia inmune y aislar el receptor responsable?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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