DICCIONARIO MÉDICO

Queloma

El queloma o heloma es una lesión cutánea hiperqueratósica localizada, conocida popularmente como callo, que se forma por fricción o presión repetida sobre la piel, especialmente en los pies.

Los pies soportan el peso del cuerpo y están sometidos a fuerzas de fricción y presión constantes al caminar, correr o permanecer de pie. Cuando determinadas zonas de la piel del pie reciben una presión o un roce repetitivo de forma sostenida —por ejemplo, debido a un calzado inadecuado o a una deformidad ósea—, la piel responde engrosándose como mecanismo de protección frente a la aparición de ampollas o erosiones. En algunos casos, esta respuesta se concentra en un área pequeña y bien delimitada, formando una lesión dura y dolorosa conocida como queloma o heloma, que corresponde a lo que popularmente se denomina callo. Aunque los callos son una afección común y generalmente benigna, pueden causar un dolor considerable que limite la marcha e, incluso, derivar en complicaciones serias en personas con ciertas enfermedades de base, como la diabetes mellitus. Conocer sus causas, sus tipos y las opciones de manejo disponibles permite a los pacientes cuidar mejor la salud de sus pies y saber cuándo es necesario consultar con un profesional sanitario.

Qué es un queloma

El queloma (del griego helos, "clavo", y -oma, "tumor o formación"), también llamado heloma o clavus en la terminología médica, es una lesión cutánea caracterizada por un engrosamiento localizado y bien delimitado de la capa más externa de la piel (estrato córneo), que presenta un núcleo central cónico de queratina endurecida que se dirige hacia las capas profundas de la piel. Este núcleo central es el responsable principal del dolor, ya que ejerce presión sobre las terminaciones nerviosas de la dermis, especialmente al caminar o al calzarse.

El queloma debe considerarse más un síntoma de un problema mecánico subyacente que una enfermedad en sí misma. Su presencia indica que existe una zona de la piel que está recibiendo una presión o fricción excesiva de forma repetida, ya sea por un factor externo (calzado inadecuado) o interno (deformidad ósea, alteración de la marcha). El tratamiento será eficaz y duradero solo si se identifica y se corrige la causa que lo origina.

Diferencia entre queloma y callosidad

En el lenguaje coloquial, los términos "callo" y "callosidad" suelen usarse indistintamente, pero en dermatología y podología designan lesiones diferentes:

  • Queloma (heloma o clavus): es una lesión focal, bien delimitada y de pequeño tamaño, con un núcleo central de queratina dura que se hunde en la dermis. Es dolorosa, especialmente con la presión directa. Se localiza preferentemente sobre prominencias óseas de los dedos del pie o en la planta del pie, bajo las cabezas metatarsales.
  • Callosidad (tiloma): es un engrosamiento cutáneo más amplio, difuso y de espesor más uniforme, sin núcleo central. Generalmente es indolora o causa menos molestias que el queloma. Se localiza con frecuencia en la planta del pie, en el talón o alrededor de las uñas.

Ambas lesiones comparten el mecanismo de producción (respuesta hiperqueratósica a la fricción y la presión), pero su abordaje puede diferir en función de la presencia o ausencia del núcleo central y de la intensidad del dolor.

Tipos de queloma

En la práctica clínica se distinguen varios tipos de queloma según su localización, su consistencia y sus características histológicas:

Queloma duro (heloma durum)

Es el tipo más frecuente. Se presenta como una lesión seca, dura y de superficie pulida, con un núcleo central cónico de queratina compacta que, al ser desbridado por el podólogo, revela un centro translúcido y firme. Se localiza habitualmente en la cara dorsal o lateral de los dedos del pie (especialmente en el quinto dedo y sobre las articulaciones interfalángicas) y en la planta del pie, bajo las cabezas metatarsales. Es doloroso al presionar directamente sobre el núcleo.

Queloma blando (heloma molle)

Se localiza en los espacios interdigitales (entre los dedos), más frecuentemente entre el cuarto y el quinto dedo del pie. A diferencia del queloma duro, su superficie está macerada, blanquecina y blanda debido a la humedad que se acumula entre los dedos. Es extremadamente doloroso y puede complicarse con infecciones fúngicas o bacterianas secundarias si no se trata. Su presencia suele indicar que los dedos adyacentes están comprimidos por el calzado o que existen deformidades como los dedos en martillo.

Queloma miliar (heloma miliare)

Consiste en múltiples lesiones diminutas (del tamaño de una semilla), duras y bien delimitadas, distribuidas en la planta del pie, especialmente en el talón y en zonas que no soportan peso. Suelen ser asintomáticas o levemente molestas. Se asocian a la sequedad cutánea y su causa exacta no está completamente establecida.

Queloma vascular y neurovascular

Cuando un queloma duro de larga evolución es infiltrado por vasos sanguíneos (heloma vasculare) o por vasos sanguíneos y terminaciones nerviosas (heloma neurovasculare), se convierte en una lesión especialmente difícil de tratar y que puede sangrar profusamente al ser desbridada. Estos tipos requieren una valoración especializada.

Queloma subungueal

Se forma debajo de la uña del pie, generalmente como respuesta a la presión del calzado sobre la lámina ungueal. Puede confundirse con otras patologías ungueales y requiere una evaluación por parte de un podólogo o dermatólogo.

Causas y factores de riesgo

El queloma se produce como una respuesta protectora de la piel frente a la fricción y la presión repetida. Las células basales de la epidermis (queratinocitos) aumentan su proliferación, lo que resulta en un engrosamiento del estrato espinoso y del estrato córneo. Las causas y factores que favorecen su aparición se dividen en extrínsecos (externos) e intrínsecos (propios del paciente):

Factores extrínsecos

  • Calzado inadecuado: es la causa más común. Zapatos estrechos, puntiagudos, de tacón alto, demasiado holgados o con costuras interiores que rozan provocan fricción sobre los dedos y la planta del pie.
  • Ausencia de calcetines o uso de calcetines con costuras gruesas.
  • Actividades repetitivas: deportes que implican impactos repetidos en el pie (correr, artes marciales), subir y bajar escaleras de forma prolongada o permanecer de pie durante muchas horas.

Factores intrínsecos

  • Deformidades del pie: los dedos en martillo, los dedos en garra, el hallux valgus (juanete) y otras anomalías estructurales crean prominencias óseas que rozan contra el calzado o contra los dedos adyacentes.
  • Alteraciones biomecánicas de la marcha: distribución anómala de las presiones plantares por alteraciones en el apoyo del pie.
  • Edad avanzada: la piel pierde espesor, elasticidad y la grasa protectora de la almohadilla plantar se atrofia, lo que aumenta la presión sobre las prominencias óseas. Se estima que entre el 20 y el 65 % de las personas mayores de 65 años presentan lesiones hiperqueratósicas en los pies.
  • Enfermedades sistémicas: la diabetes mellitus, la artritis reumatoide, las enfermedades neurovasculares y la enfermedad arterial periférica aumentan el riesgo de quelomas y, sobre todo, el riesgo de complicaciones derivadas de ellos.

Diagnóstico del queloma

El diagnóstico del queloma es clínico y se basa en la inspección y la palpación de la lesión por parte de un podólogo, un dermatólogo o un médico de familia. No se requieren pruebas de laboratorio de forma rutinaria. Sin embargo, el profesional sanitario debe valorar varios aspectos:

  • Diagnóstico diferencial con la verruga plantar: es la distinción más importante. Las verrugas plantares pueden asemejarse mucho a un queloma, pero presentan diferencias clave: al desbrida una verruga, se observan puntos hemorrágicos puntiformes (capilares trombosados) y se interrumpen las líneas dermatoglíficas de la piel, mientras que en el queloma se visualiza el núcleo central translúcido de queratina y las dermatoglifias se mantienen intactas alrededor de la lesión.
  • Valoración biomecánica: es fundamental evaluar la marcha del paciente, la alineación de los dedos, la presencia de deformidades óseas y el tipo de calzado que utiliza, para identificar la causa mecánica subyacente.
  • Evaluación del riesgo vascular y neuropático: en pacientes con diabetes o enfermedad vascular periférica, es imprescindible valorar la sensibilidad del pie y el estado de la circulación antes de proceder a cualquier tratamiento.

Tratamiento del queloma

El tratamiento del queloma debe abordar tanto la eliminación de la lesión como la corrección de la causa mecánica que la origina. Sin este segundo componente, el queloma tenderá a recidivar. El especialista determinará el plan de tratamiento más adecuado en función de las características individuales de cada paciente.

Tratamiento conservador

  • Quiropodia (desbridamiento): el podólogo elimina el tejido hiperqueratósico y el núcleo central del queloma con un bisturí especial, proporcionando un alivio inmediato del dolor. Es un procedimiento indoloro cuando lo realiza un profesional cualificado. El alivio es temporal si no se corrige la causa, ya que el queloma tiende a reaparecer en un plazo de semanas.
  • Calzado adecuado: utilizar zapatos con una horma amplia, puntera espaciosa, tacón moderado (no superior a 4 cm) y sin costuras interiores que puedan rozar. Es la medida preventiva más importante.
  • Ortesis y dispositivos de descarga: plantillas personalizadas que redistribuyen la presión plantar, almohadillas metatarsales, protectores de silicona para los dedos, separadores interdigitales y anillos de descarga que eliminan la presión sobre el queloma.
  • Queratolíticos tópicos: cremas o apósitos que contienen ácido salicílico, urea o ácido láctico, que reblandecen la queratina y facilitan la eliminación del callo. Deben utilizarse con precaución y según la indicación del profesional sanitario, ya que una aplicación inadecuada puede dañar la piel sana circundante. Están contraindicados en pacientes con diabetes, neuropatía o enfermedad vascular periférica por el riesgo de provocar úlceras.
  • Hidratación y cuidado de la piel: la aplicación diaria de cremas emolientes (con urea al 10-20 %) en los pies mantiene la piel flexible y reduce la formación excesiva de queratina.

Tratamiento quirúrgico

La cirugía se reserva para los quelomas que no responden al tratamiento conservador y que tienen una causa ósea estructural corregible. Las intervenciones se dirigen a eliminar la prominencia ósea que genera la presión, no a extirpar el callo en sí. Las más habituales son:

  • Artroplastia o artrodesis de las articulaciones interfalángicas: para corregir dedos en martillo o en garra que causan quelomas dorsales.
  • Osteotomía metatarsal: para redistribuir la carga plantar en quelomas plantares persistentes bajo las cabezas metatarsales.
  • Sindactilización: fusión quirúrgica de los tejidos blandos entre el cuarto y el quinto dedo, indicada en quelomas blandos interdigitales recidivantes.

La decisión de operar la valorará el cirujano ortopédico o el podólogo quirúrgico en función de cada caso individual, teniendo en cuenta la deformidad subyacente, la gravedad de los síntomas y la respuesta al tratamiento conservador previo.

El queloma en el paciente diabético

Los quelomas adquieren una relevancia clínica especial en personas con diabetes mellitus. La combinación de neuropatía diabética (pérdida de sensibilidad en los pies), enfermedad vascular periférica (disminución del riego sanguíneo) y mayor susceptibilidad a las infecciones convierte un callo aparentemente trivial en un factor de riesgo significativo para el desarrollo de úlceras del pie diabético, una complicación potencialmente grave que puede conducir a infecciones profundas e incluso a la amputación.

Por este motivo, las personas con diabetes deben evitar la automanipulación de los callos, no utilizar productos queratolíticos sin supervisión médica y acudir regularmente al podólogo para el cuidado profesional de sus pies. Ante cualquier cambio en un callo (enrojecimiento, calor, supuración, cambio de color o aparición de una herida debajo), se debe consultar con el equipo médico de forma urgente.

Precauciones en el manejo de los quelomas

Para un manejo seguro y eficaz de los quelomas, conviene tener en cuenta las siguientes precauciones:

  • No cortar ni raspar los callos con cuchillas, tijeras o instrumentos no estériles. El desbridamiento de un queloma debe realizarlo un profesional sanitario cualificado (podólogo o dermatólogo) con instrumental adecuado, para evitar heridas, infecciones o daño tisular.
  • No utilizar productos queratolíticos (ácido salicílico, ácido láctico) sin supervisión médica, especialmente las personas con diabetes, neuropatía periférica, enfermedad vascular o piel frágil. Estos productos pueden provocar erosiones y úlceras si se aplican sobre piel sana o si se mantienen durante más tiempo del recomendado.
  • Las personas con diabetes mellitus deben inspeccionar sus pies diariamente en busca de enrojecimiento, calor, hinchazón o cualquier cambio en un callo que pueda indicar el desarrollo de una úlcera. Ante cualquier signo de alarma, se debe consultar de forma urgente con el equipo médico.
  • Revisar periódicamente el interior del calzado para detectar costuras, deformidades o cuerpos extraños que puedan estar generando una fricción inadvertida.
  • Si un queloma se acompaña de cambio de coloración (enrojecimiento, oscurecimiento), supuración, sangrado o dolor de intensidad creciente, no se debe intentar tratarlo en casa, sino acudir al profesional sanitario para una evaluación completa.
  • En personas mayores con dificultad para alcanzar sus propios pies (por problemas de movilidad, visión reducida u obesidad), es preferible delegar el cuidado de los pies a un familiar formado o, idealmente, a un podólogo, ya que la automanipulación en estas circunstancias conlleva un riesgo elevado de lesiones inadvertidas.
  • Los resultados del tratamiento de los quelomas varían en función de cada persona y de la causa subyacente. Un profesional sanitario podrá orientar sobre las expectativas realistas de cada caso y sobre la necesidad o no de tratamientos complementarios.

Cuándo acudir al médico

Aunque muchos callos pueden manejarse con medidas de cuidado personal, existen situaciones en las que es necesario consultar con un podólogo, un dermatólogo o un médico:

  • El queloma causa un dolor intenso que dificulta la marcha o las actividades cotidianas.
  • La lesión no mejora a pesar de haber cambiado de calzado y haber aplicado medidas de cuidado básico.
  • Aparecen signos de infección (enrojecimiento creciente, calor, hinchazón, supuración, mal olor).
  • La persona padece diabetes, enfermedad vascular periférica, neuropatía o cualquier otra enfermedad que comprometa la circulación o la sensibilidad de los pies.
  • Existe duda sobre si la lesión es un callo o una verruga, ya que el tratamiento es diferente.
  • Los callos son recurrentes, lo que puede indicar una causa mecánica que requiere evaluación biomecánica.

Prevención del queloma

Las medidas preventivas son la base para evitar la formación de quelomas y su recurrencia:

  • Elegir un calzado amplio, cómodo y bien ajustado, que no comprima los dedos ni roce sobre prominencias óseas.
  • Utilizar calcetines sin costuras y de materiales que absorban la humedad.
  • Hidratar los pies diariamente con cremas emolientes para mantener la piel flexible y reducir la formación excesiva de queratina.
  • Realizar revisiones periódicas con el podólogo, especialmente las personas mayores, los deportistas y los pacientes con diabetes.
  • Tratar precozmente las deformidades del pie (dedos en martillo, juanetes) que predisponen a la aparición de quelomas.

Preguntas frecuentes

¿Es lo mismo un callo que una verruga plantar?

No. Aunque ambas lesiones pueden parecerse externamente, son entidades muy diferentes. El callo (queloma) es una respuesta de la piel a la fricción y la presión, no es contagioso y presenta un núcleo central de queratina compacta. La verruga plantar está causada por una infección del virus del papiloma humano (VPH), es potencialmente contagiosa y, al desbrida, muestra puntos hemorrágicos (pequeños vasos coagulados) e interrupción de las líneas naturales de la piel (dermatoglifias). El tratamiento también difiere: mientras que el callo responde a la eliminación de la presión, la verruga requiere tratamientos dirigidos a eliminar el virus, como la crioterapia o los queratolíticos específicos. Un profesional sanitario puede diferenciar ambas lesiones mediante una exploración directa.

¿Se puede quitar un callo uno mismo en casa?

Es posible realizar ciertos cuidados domiciliarios, como remojar los pies en agua tibia para reblandecer la piel y frotar suavemente con una piedra pómez las zonas engrosadas. Sin embargo, no se recomienda intentar cortar o desbrida un callo con instrumentos cortantes (cuchillas, tijeras), ya que existe riesgo de provocar heridas, infecciones o dañar tejidos sanos. Esta precaución es especialmente importante en personas con diabetes, problemas circulatorios o pérdida de sensibilidad en los pies, en quienes la automedicación con queratolíticos y la manipulación de callos puede derivar en úlceras graves. Lo más seguro es acudir a un podólogo para el desbridamiento profesional.

¿Por qué los callos vuelven a aparecer después de quitarlos?

Los quelomas recidivan porque la eliminación del callo trata el síntoma (el engrosamiento de la piel) pero no la causa (la presión o fricción repetida). Si el paciente continúa utilizando el mismo calzado inadecuado, si persiste una deformidad ósea no corregida o si no se modifica la biomecánica del pie, el estímulo mecánico seguirá provocando la respuesta hiperqueratósica de la piel y el callo reaparecerá. Para lograr resultados duraderos, es necesario abordar la causa subyacente: cambiar de calzado, utilizar ortesis de descarga o, en casos seleccionados, considerar la corrección quirúrgica de la deformidad ósea responsable.

¿Los parches de ácido salicílico son seguros para quitar callos?

Los productos de venta libre con ácido salicílico (en apósitos, discos o líquidos) son un tratamiento habitual para los callos y pueden ser eficaces para reblandecer y reducir el tejido hiperqueratósico. Sin embargo, deben utilizarse con precaución: si se aplican de forma imprecisa, pueden dañar la piel sana circundante y provocar irritación, erosión o incluso úlceras. Están contraindicados en pacientes con diabetes, neuropatía periférica, enfermedad vascular periférica o piel frágil, ya que en estos pacientes el riesgo de complicaciones supera con creces el beneficio. En caso de duda, lo más prudente es consultar con el podólogo o el médico antes de utilizar estos productos.

¿Los quelomas pueden ser signo de una enfermedad más grave?

En la mayoría de los casos, los quelomas son una afección benigna causada por factores mecánicos. Sin embargo, su aparición puede servir como señal de alerta de otros problemas. La presencia de callos recurrentes o en localizaciones inusuales puede indicar una alteración biomecánica que conviene estudiar, una deformidad ósea progresiva (como dedos en martillo o hallux valgus) que requiere intervención, o una neuropatía periférica no diagnosticada (el paciente no percibe la presión anómala porque ha perdido sensibilidad). En pacientes con diabetes, un callo plantar que se ulcera puede ser el primer paso hacia una complicación del pie diabético. Por todo ello, los callos persistentes o recurrentes merecen una evaluación profesional que vaya más allá de la simple eliminación de la lesión.

Referencias para el paciente

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