DICCIONARIO MÉDICO

Queiloplastia

La queiloplastia es la intervención de cirugía plástica y reconstructiva destinada a reparar, reconstruir o corregir defectos congénitos, traumáticos u oncológicos del labio, restaurando su función y su aspecto.

Los labios desempeñan un papel fundamental en funciones esenciales como la alimentación, el habla, la expresión facial y la interacción social. Su estructura anatómica, formada por piel, músculo orbicular de la boca, mucosa y bermellón, es compleja y cualquier alteración en su integridad puede tener consecuencias tanto funcionales como estéticas de gran impacto en la calidad de vida del paciente. La queiloplastia engloba el conjunto de técnicas quirúrgicas diseñadas para reconstruir o corregir los labios cuando estos han sido afectados por una malformación congénita (como el labio leporino), un traumatismo, la extirpación de un tumor o el envejecimiento. Se trata de una intervención que puede realizarse en cualquier etapa de la vida, desde los primeros meses de un recién nacido hasta la edad adulta, y que requiere una planificación minuciosa para lograr un resultado funcional y estético óptimo.

Qué es la queiloplastia

La queiloplastia (del griego cheilos, "labio", y plastia, "modelar" o "reconstruir") es el término médico que designa cualquier procedimiento quirúrgico cuyo objetivo es reparar, reconstruir o remodelar uno o ambos labios. La intervención puede abarcar la piel, el músculo orbicular de los labios, la mucosa oral y el bermellón (la zona roja visible del labio), y busca restablecer la anatomía, la función y la apariencia normal del labio afectado.

La queiloplastia se enmarca dentro de la cirugía plástica y reconstructiva y, en función de su indicación, puede ser realizada por cirujanos plásticos, cirujanos maxilofaciales, cirujanos de cabeza y cuello u otorrinolaringólogos con formación en cirugía reconstructiva facial. Sus principales indicaciones son:

  • Reparación del labio leporino (fisura labial congénita).
  • Reconstrucción del labio tras la extirpación de tumores (carcinomas de labio).
  • Reparación de lesiones traumáticas (laceraciones, avulsiones, quemaduras).
  • Corrección de cicatrices deformantes de intervenciones previas.
  • Bermellectomía con reconstrucción en lesiones premalignas del bermellón (queilitis actínica con displasia).

Queiloplastia en el labio leporino

La indicación más frecuente y conocida de la queiloplastia es la reparación del labio leporino (fisura labial), una de las malformaciones congénitas más comunes en el mundo. Se estima que aproximadamente 1 de cada 700 recién nacidos presenta una fisura labial, palatina o ambas. La fisura labial puede ser unilateral (afecta a un solo lado del labio superior) o bilateral (afecta a ambos lados), y puede variar desde una pequeña hendidura en el borde del labio hasta una fisura completa que se extiende hasta la base de la nariz y el reborde alveolar (la encía).

Momento de la intervención

La reparación quirúrgica del labio leporino se realiza generalmente cuando el bebé tiene entre 3 y 6 meses de edad, siguiendo la clásica "regla de los dieces": 10 semanas de vida, 10 libras (aproximadamente 4,5 kg) de peso y 10 g/dL de hemoglobina. Este momento permite que el bebé haya crecido lo suficiente para tolerar la anestesia general y que los tejidos labiales sean de un tamaño adecuado para la reparación, a la vez que se interviene lo bastante pronto como para minimizar el impacto de la malformación en la alimentación y en el vínculo afectivo con los padres.

Antes de la cirugía definitiva, en los casos de fisuras anchas, pueden emplearse técnicas prequirúrgicas como el moldeado nasoalveolar (NAM) o la adhesión labial con tiras adhesivas, que aproximan los bordes de la fisura y facilitan la reparación posterior con menor tensión en los tejidos.

Técnicas quirúrgicas principales

A lo largo de la historia se han desarrollado numerosas técnicas para la reparación del labio leporino. Todas ellas comparten el objetivo de reconstruir tridimensionalmente la anatomía del labio: restaurar el arco de Cupido, crear una columna del filtro simétrica, reconstruir el músculo orbicular de los labios y corregir la deformidad nasal asociada. Las tres técnicas fundamentales de las que derivan la mayoría de las variantes actuales son:

  • Técnica de línea recta: es la más antigua y consiste en la aproximación directa de los bordes de la fisura. Su principal limitación es que tiende a producir un labio superior corto y una muesca en la unión del bermellón con la piel.
  • Técnica del colgajo triangular (Tennison-Randall): incorpora un colgajo triangular del segmento lateral de la fisura que se inserta en el segmento medial, lo que permite alargar el labio y evitar la retracción vertical. Se trata de una variante de Z-plastia.
  • Técnica de rotación-avance (Millard): es la más utilizada en la actualidad. Consiste en rotar hacia abajo el segmento medial del labio (colgajo de rotación) y avanzar el segmento lateral para rellenar el defecto resultante. Tiene la ventaja de situar la cicatriz a lo largo de la columna del filtro natural, lo que la hace menos visible.

Además de la reparación labial, durante la queiloplastia primaria suele realizarse una rinoplastia primaria (corrección de la nariz) para abordar la deformidad nasal que acompaña a la fisura labial, especialmente el desplazamiento del cartílago alar del lado afectado.

Equipo multidisciplinar

El tratamiento del paciente con labio leporino no se limita a la queiloplastia. Requiere un abordaje coordinado por un equipo multidisciplinar que incluye cirujano plástico o maxilofacial, ortodoncista, logopeda, otorrinolaringólogo, pediatra, psicólogo y trabajador social. Este equipo acompaña al paciente desde el nacimiento hasta la edad adulta, supervisando la alimentación, el crecimiento facial, el habla, la audición y el desarrollo emocional y social.

Queiloplastia reconstructiva tras cirugía oncológica

Otra indicación fundamental de la queiloplastia es la reconstrucción del labio tras la extirpación de un tumor, especialmente del carcinoma epidermoide (de células escamosas), que es la neoplasia maligna más frecuente del labio y afecta predominantemente al labio inferior. Tras la resección del tumor con márgenes de seguridad, el cirujano debe reconstruir el defecto resultante para preservar la función del esfínter oral (competencia labial para la alimentación, el habla y el control de la saliva) y lograr un resultado estético aceptable.

La técnica reconstructiva se elige en función del tamaño del defecto:

  • Defectos pequeños (hasta un tercio del labio inferior o un cuarto del superior): suelen cerrarse directamente mediante una escisión en cuña (V, W o pentagonal) con sutura por planos (mucosa, músculo y piel). Es imprescindible alinear con precisión el borde del bermellón, ya que incluso 1 mm de desalineación es perceptible a distancia de conversación.
  • Defectos medianos (de un tercio a dos tercios del labio): se reconstruyen mediante colgajos locales como el colgajo de Abbé (colgajo de labio cruzado pediculado en la arteria labial del labio opuesto), el colgajo de Estlander (similar al de Abbé pero situado en la comisura) o el colgajo de Karapandzic (colgajo de rotación-avance que preserva la inervación sensitiva y motora del labio).
  • Defectos extensos (más de dos tercios del labio): requieren técnicas más complejas como la queiloplastia de Bernard-Webster (avance de colgajos de mejilla con triángulos de Burow) o la reconstrucción con colgajos libres microvascularizados (por ejemplo, colgajo de antebrazo radial), especialmente cuando el defecto abarca la totalidad del labio.

Bermellectomía con queiloplastia

La bermellectomía (o vermilionectomía) es un procedimiento en el que se extirpa el bermellón del labio afectado por lesiones premalignas difusas como la queilitis actínica con displasia o el carcinoma in situ. Tras la extirpación, se realiza una queiloplastia reconstructiva que consiste en avanzar la mucosa del interior del labio para recrear un nuevo bermellón. Este procedimiento permite eliminar todo el tejido displásico con un resultado funcional y cosmético aceptable, aunque el nuevo bermellón puede presentar un aspecto ligeramente más rojo y brillante que el original.

Queiloplastia en lesiones traumáticas

Las laceraciones, avulsiones y quemaduras del labio pueden requerir una reparación quirúrgica inmediata o diferida. Los principios de la reconstrucción son similares a los de la cirugía oncológica: cierre por planos respetando la anatomía muscular, alineación precisa del bermellón y preservación de la vascularización y la inervación del labio. En traumatismos extensos, pueden ser necesarios colgajos locales o regionales.

Antes de la reparación, es esencial marcar los puntos anatómicos de referencia (especialmente la unión cutáneo-bermellón) antes de administrar la anestesia local, ya que la infiltración del anestésico distorsiona los tejidos y dificulta la identificación de estas referencias. Un desalineamiento de tan solo 1 milímetro en el borde del bermellón es apreciable a distancia de conversación y puede comprometer el resultado estético.

La revisión de cicatrices mediante Z-plastias o W-plastias es una forma de queiloplastia secundaria que se emplea cuando una cicatriz previa causa deformidad, retracción o asimetría labial. Estas técnicas reorientan la dirección de la cicatriz para que siga las líneas de tensión naturales de la piel, lo que mejora su aspecto y reduce la contractura.

Recuperación y cuidados postoperatorios

Los cuidados postoperatorios varían según la indicación y la complejidad de la queiloplastia:

  • En la reparación del labio leporino en lactantes: tras la cirugía, se colocan manguitos protectores en los brazos del bebé para evitar que se toque la herida. La alimentación con biberón o pecho puede reanudarse poco después de la intervención según la indicación del cirujano. La herida se limpia suavemente con agua y jabón suave. Los puntos de sutura absorbibles se reabsorben espontáneamente en días. La inflamación máxima se alcanza a las 48 horas y disminuye progresivamente. La cicatriz permanece enrojecida durante varios meses y se inicia el masaje cicatricial aproximadamente al mes de la intervención.
  • En la reconstrucción oncológica o traumática: el paciente puede necesitar una dieta blanda o líquida durante los primeros días. Los puntos se retiran entre los 5 y 7 días. Se recomienda proteger la cicatriz del sol con protector solar de alto factor o vendajes durante al menos 6 a 12 meses para evitar la hiperpigmentación. La recuperación funcional completa puede requerir varias semanas. En intervenciones con colgajos pediculados (como el colgajo de Abbé), se requiere un segundo tiempo quirúrgico a las 2-3 semanas para seccionar el pedículo vascular una vez establecida la vascularización independiente del colgajo.

Riesgos y complicaciones

Como toda intervención quirúrgica, la queiloplastia conlleva riesgos. Las complicaciones más relevantes incluyen:

  • Cicatrización hipertrófica o queloide: la cicatriz puede engrosarse o enrojecerse de forma excesiva. El tratamiento incluye masaje cicatricial, geles de silicona, infiltraciones con corticosteroides o tratamiento con láser.
  • Asimetría labial: ligeras diferencias de forma o tamaño entre ambos lados del labio que pueden requerir una revisión quirúrgica.
  • Dehiscencia de la herida: apertura parcial de la sutura, poco frecuente pero posible, especialmente en reconstrucciones bajo tensión.
  • Infección: rara cuando se mantiene una higiene adecuada de la herida.
  • Alteración de la sensibilidad: hipoestesia o parestesias en la zona operada por lesión de ramas nerviosas sensitivas.
  • Microstomía: reducción excesiva de la apertura oral, que puede dificultar la alimentación y la higiene dental. Es una complicación más frecuente en reconstrucciones extensas.
  • Necesidad de cirugías adicionales: especialmente en pacientes con labio leporino, en los que pueden requerirse intervenciones complementarias a lo largo del crecimiento (injerto óseo alveolar, revisión de cicatriz, rinoplastia secundaria, cirugía ortognática).

Precauciones antes y después de la queiloplastia

Para favorecer los mejores resultados posibles, es importante tener en cuenta una serie de precauciones tanto antes como después de la intervención.

Antes de la cirugía

  • No fumar: el tabaco compromete la vascularización de los tejidos y dificulta la cicatrización. Se recomienda abandonar el tabaco al menos cuatro semanas antes de la intervención y mantener la abstinencia durante todo el postoperatorio. Este factor es especialmente relevante en las reconstrucciones oncológicas del labio, ya que muchos pacientes con carcinoma labial tienen un historial de exposición solar y tabaquismo.
  • Informar al cirujano de todos los medicamentos que se estén tomando, incluidos anticoagulantes, antiagregantes plaquetarios, antiinflamatorios, suplementos dietéticos y productos de herbolario, ya que algunos de ellos pueden aumentar el riesgo de sangrado durante y después de la cirugía.
  • En el caso de la reparación del labio leporino en lactantes, los padres deben estar informados sobre las técnicas de alimentación postoperatoria y disponer de los utensilios adecuados (biberones especiales, jeringas de alimentación) antes del día de la cirugía.
  • Acudir a las consultas preoperatorias programadas para que el equipo quirúrgico pueda planificar adecuadamente la intervención, realizar las pruebas preoperatorias necesarias y resolver las dudas del paciente o de la familia.

Después de la cirugía

  • Proteger la herida quirúrgica de golpes, tracción y manipulación. En los lactantes operados de labio leporino, los manguitos protectores en los brazos son imprescindibles durante las primeras semanas para evitar que el bebé se toque la herida.
  • Proteger la cicatriz del sol de forma estricta durante al menos 12 meses: aplicar protector solar de factor alto (FPS 50+) o utilizar cobertura física. La exposición solar temprana de la cicatriz favorece su hiperpigmentación y empeora el resultado estético.
  • Realizar el masaje cicatricial según las indicaciones del cirujano, generalmente a partir del primer mes postoperatorio. El masaje suave de la cicatriz con una crema hidratante o con geles de silicona contribuye a ablandarla y aplanarla.
  • Seguir una dieta blanda durante los primeros días (especialmente tras reconstrucciones extensas en adultos) para minimizar la tensión sobre las suturas.
  • Acudir a todas las citas de seguimiento programadas, que permiten valorar la evolución de la cicatriz, detectar complicaciones tempranas y planificar intervenciones adicionales si fueran necesarias.
  • Consultar de inmediato si se observa enrojecimiento excesivo, supuración, apertura de la herida, sangrado activo o fiebre, ya que pueden ser signos de complicación.

Cuándo acudir al médico

Existen diversas situaciones en las que se debe consultar con un especialista en cirugía plástica, maxilofacial o de cabeza y cuello para valorar la indicación de una queiloplastia:

  • Recién nacidos con fisura labial (labio leporino): la derivación al equipo multidisciplinar de fisurados debe realizarse lo antes posible tras el nacimiento.
  • Presencia de una lesión o úlcera en el labio que no cicatriza en varias semanas, especialmente en el labio inferior y en personas con antecedentes de exposición solar crónica.
  • Deformidad labial secundaria a un traumatismo o a una cirugía previa que afecte a la función o a la apariencia.
  • Cicatrices labiales retráctiles que limiten la apertura de la boca, dificulten la alimentación o alteren la expresión facial.
  • Diagnóstico de carcinoma de labio que requiera resección con reconstrucción inmediata.

Preguntas frecuentes

¿A qué edad se opera el labio leporino?

La reparación quirúrgica del labio leporino se realiza habitualmente entre los 3 y los 6 meses de edad. Este momento se considera óptimo porque el bebé ha alcanzado un peso y un estado general que le permiten tolerar la anestesia general con seguridad, y los tejidos del labio son lo suficientemente grandes como para permitir una reparación precisa. En los casos de fisura palatina asociada, la reparación del paladar se realiza posteriormente, generalmente entre los 9 y los 18 meses de edad, en una intervención separada denominada palatoplastia.

¿Queda cicatriz después de una queiloplastia?

Sí, toda queiloplastia produce una cicatriz. Sin embargo, las técnicas modernas están diseñadas para situar la cicatriz en localizaciones lo menos visibles posible, como la columna del filtro del labio superior (en la reparación del labio leporino) o a lo largo de los pliegues naturales de la piel. La cicatriz madura y se aclara progresivamente durante el primer año, y su aspecto final depende de factores individuales como el tipo de piel, la genética y los cuidados postoperatorios. El masaje cicatricial, los geles de silicona y la protección solar estricta contribuyen a optimizar el resultado estético de la cicatriz.

¿La queiloplastia afecta al habla o a la alimentación?

El objetivo de la queiloplastia es precisamente restaurar la función del labio, lo que incluye la capacidad de alimentarse y de articular los sonidos del habla con normalidad. En el caso del labio leporino, la reparación del músculo orbicular de los labios permite al niño desarrollar patrones normales de succión y, más adelante, de articulación. Durante las primeras semanas tras la cirugía, la inflamación y la rigidez cicatricial pueden provocar limitaciones temporales, pero estas se resuelven progresivamente. En reconstrucciones extensas tras cirugía oncológica, la recuperación funcional puede ser más lenta y requerir rehabilitación específica.

¿Qué diferencia hay entre queiloplastia y bermellectomía?

La bermellectomía (o vermilionectomía) es un procedimiento más específico que consiste únicamente en la extirpación del bermellón (la parte roja visible del labio), generalmente por una lesión premaligna o un carcinoma in situ. Tras la extirpación, se realiza una reconstrucción avanzando la mucosa interna del labio. La queiloplastia, en cambio, es un concepto más amplio que abarca cualquier cirugía reconstructiva o reparadora del labio, incluida la bermellectomía con reconstrucción, pero también la reparación de fisuras congénitas, la reconstrucción tras resecciones tumorales extensas y la corrección de cicatrices.

¿Es necesaria más de una cirugía en pacientes con labio leporino?

En muchos casos, sí. Aunque la queiloplastia primaria es la intervención principal y se realiza en los primeros meses de vida, los pacientes con labio leporino pueden necesitar cirugías adicionales a lo largo de su crecimiento. Entre las más habituales se encuentran el injerto óseo alveolar (entre los 7 y 9 años, para reparar la encía), la revisión de la cicatriz labial, la rinoplastia secundaria (cuando ha finalizado el crecimiento facial), y en algunos casos la cirugía ortognática (para corregir anomalías del crecimiento de los maxilares). Además, muchos pacientes requieren tratamiento ortodóncico y seguimiento logopédico. El seguimiento multidisciplinar se mantiene habitualmente hasta la edad adulta.

¿Se puede realizar queiloplastia en adultos?

Sí. La queiloplastia no es exclusiva de la edad pediátrica. En adultos, las indicaciones más frecuentes son la reconstrucción tras la extirpación de tumores de labio, la reparación de traumatismos, la revisión de cicatrices de intervenciones previas (incluidas las de labio leporino en la infancia) y la bermellectomía con reconstrucción por queilitis actínica con displasia. Estas intervenciones se realizan habitualmente bajo anestesia local con sedación o bajo anestesia general, dependiendo de la complejidad del procedimiento.

Referencias para el paciente

© Clínica Universidad de Navarra 2026

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