DICCIONARIO MÉDICO
Plomo
El plomo es un elemento químico metálico, de símbolo Pb y número atómico 82, incluido entre los llamados metales pesados. El ser humano lleva utilizándolo de forma continuada desde hace más de siete mil años, y esa larga convivencia explica en parte por qué su toxicidad tardó tanto en reconocerse. Hoy conviven en él dos facetas casi opuestas: por un lado, un material valioso para blindar frente a la radiación ionizante; por otro, un tóxico acumulativo capaz de dañar el sistema nervioso incluso a concentraciones bajas. El símbolo Pb remite al latín plumbum. La Real Academia Española señala que esta voz latina podría no ser de raíz itálica, sino heredada de alguna lengua prerromana de la península ibérica, hipótesis coherente con la intensa minería del plomo que fenicios y pueblos tartésicos practicaban en el sur de Hispania mucho antes de la llegada de Roma. De esa misma palabra procede, en otras lenguas romances y en inglés, el nombre del oficio de fontanero: un recuerdo directo de las cañerías de plomo que abastecían de agua a las ciudades del Imperio. Es un metal blando, dúctil y de color gris azulado que se empaña hasta adquirir un tono gris mate al contacto con el aire. Funde a una temperatura relativamente baja para un metal, entorno a los 327 °C, y su densidad es más de once veces la del agua. Esta combinación de peso, maleabilidad y bajo punto de fusión, poco frecuente entre los metales conocidos desde la Antigüedad, es la que ha decidido casi todos sus usos históricos, desde las tuberías romanas hasta el vidrio emplomado de las vidrieras medievales. El plomo no cumple ninguna función biológica conocida y el organismo no dispone de un mecanismo para distinguirlo de otros iones metálicos que sí necesita, como el calcio, el hierro o el zinc. Ahí radica buena parte del problema: el plomo ocupa el lugar de estos elementos en numerosas enzimas y proteínas de transporte, y una vez instalado interfiere con procesos que nada tienen que ver entre sí. Compite, en concreto, por los grupos sulfhidrilo de múltiples enzimas. Sobre la síntesis del grupo hemo, el componente de la hemoglobina que transporta el oxígeno, recae el efecto mejor caracterizado del plomo. Inhibe la deshidratasa del ácido delta aminolevulínico (ALA-D) y, más adelante en la misma vía, la ferroquelatasa, la enzima que incorpora el hierro a la protoporfirina. El resultado es una síntesis defectuosa de hemo que contribuye a la anemia asociada a la exposición prolongada. Sobre el sistema nervioso, el mecanismo dominante es distinto: el plomo se comporta como un sustituto imperfecto del calcio en la transmisión sináptica, lo que altera la liberación de neurotransmisores. El cuadro clínico que resulta de esta acumulación, con sus manifestaciones digestivas, hematológicas, renales y neurológicas, corresponde a una entidad distinta, el saturnismo, que es donde se aborda con detalle. No toda exposición al plomo tiene el mismo perfil. El plomo inorgánico, el de las sales y óxidos presentes en pinturas antiguas, tuberías o baterías, se deposita sobre todo en el hueso y actúa mediante los mecanismos descritos. El plomo orgánico, representado históricamente por el tetraetilo de plomo empleado como antidetonante en la gasolina, es liposoluble y atraviesa con facilidad la barrera hematoencefálica; sus efectos son casi exclusivamente neurológicos y su presentación clínica difiere notablemente de la intoxicación inorgánica. Entre los compuestos inorgánicos más relevantes históricamente figuran el carbonato básico de plomo o albayalde, usado durante siglos como pigmento blanco, y el tetróxido de plomo o minio, empleado como anticorrosivo. La retirada progresiva de estos usos, junto con la eliminación del plomo de las gasolinas a partir de los años setenta, ha reducido de forma drástica los niveles medios de plomo en sangre de la población general en las últimas décadas. El plomo comparte con el mercurio y el arsénico la condición de metal pesado sin función biológica conocida y con acción neurotóxica, pero cada uno tiene una huella clínica propia. El signo cutáneo más característico de la exposición crónica al plomo, el depósito gingival conocido como línea de Burton, no aparece en las otras dos intoxicaciones. Puede verse un desarrollo más detallado de esta comparación en la entrada arsenicismo, dedicada a la intoxicación por arsénico. Su empleo actual como blindaje frente a rayos X y radiación gamma, posible gracias a su elevado número atómico y densidad, se recoge con más detalle en la entrada plomado. Del latín plumbum, una voz que la Real Academia Española considera posiblemente de origen prerromano hispánico, y no genuinamente latina, lo que encaja con la antigua tradición minera del plomo en la península ibérica. Porque se acumula. La mayor parte del plomo absorbido termina depositado en el hueso, donde puede permanecer durante décadas y liberarse lentamente a la sangre, de modo que sus efectos siguen presentes mucho después de que haya cesado la exposición. No. El plomo orgánico, como el antiguo tetraetilo de plomo de las gasolinas, se comporta de forma distinta al inorgánico de pinturas o tuberías: se absorbe con más facilidad a través de la piel y afecta casi exclusivamente al sistema nervioso central, mientras que el inorgánico reparte su daño entre la sangre, el riñón y el sistema nervioso periférico. Sí, aunque no como sustancia con función terapéutica. Su principal aplicación sanitaria actual es como material de blindaje frente a la radiación ionizante, en delantales, guantes, vidrios y estructuras de salas de radiología y medicina nuclear.Qué es el plomo y de dónde procede su nombre
Mecanismo de toxicidad
Clasificación de sus compuestos y usos
Diferenciación con otros metales pesados
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene exactamente la palabra "plomo"?
¿Por qué el plomo es tóxico si el cuerpo lo tolera durante tanto tiempo?
¿Todo el plomo es igual de peligroso?
¿Se sigue usando el plomo en medicina?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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