DICCIONARIO MÉDICO

Osteofluorosis

La osteofluorosis es el trastorno óseo que se desarrolla tras años de ingesta o inhalación excesiva de flúor, con hipermineralización del esqueleto, calcificación de ligamentos y tendones, y en los casos más avanzados, deformidades y compresión de estructuras nerviosas. La osteoesclerosis del flúor, el aumento de densidad visible en las primeras radiografías, es solo la fase inicial de este proceso más amplio.

Qué es

El flúor es un elemento acumulativo: una vez incorporado al organismo en cantidades superiores a las que puede eliminar, se deposita de forma progresiva en los tejidos calcificados. En el hueso sustituye grupos hidroxilo de la hidroxiapatita y forma fluorapatita, un cristal menos soluble que altera el ritmo normal de renovación ósea. El resultado no es hueso más fuerte, solo más denso. Ese mecanismo, común a toda intoxicación crónica por flúor, ya se describe con detalle en la entrada dedicada a la osteoesclerosis del flúor (una precisión que conviene tener presente, porque la densidad radiológica y la resistencia mecánica del hueso no siempre van de la mano). Lo que distingue a la osteofluorosis es que no se detiene ahí: con la exposición mantenida, el flúor también se fija en los ligamentos, los tendones y el cartílago, que se calcifican de forma anómala. Es, en ese sentido, una enfermedad de todo el sistema, no solo del hueso.

Origen de la exposición

La causa más común, con diferencia, es el consumo prolongado de agua subterránea con altas concentraciones naturales de flúor. Pero no es la única vía. La combustión de carbón rico en flúor para cocinar o calentar, práctica documentada en varias provincias chinas, introduce el tóxico por vía respiratoria y digestiva a la vez. En entornos laborales, los trabajadores de fundiciones de aluminio han mostrado tasas elevadas de osteosclerosis asociadas a la duración del empleo y al contenido de flúor del aire de la planta, un patrón de exposición ocupacional bien documentado desde mediados del siglo pasado. Existe además una vía menos conocida y mucho más reciente: casos de osteofluorosis se han descrito tras el uso repetido de metoxiflurano, un anestésico inhalado fluorado empleado como analgésico, lo que confirma que la acumulación de flúor en el esqueleto no depende de una única fuente ambiental.

Antecedentes históricos

En 1937 el médico e higienista danés Kaj Roholm publicó Fluorine Intoxication: A Clinical-Hygienic Study, la descripción clásica de la enfermedad, tras examinar a los trabajadores de una fábrica de criolita de Copenhague expuestos durante años al polvo de este mineral fluorado. Roholm diferenció tres fases radiológicas del proceso óseo, un esquema que sigue citándose como referencia histórica en la caracterización de la enfermedad. Su trabajo fue determinante para que la fluorosis esquelética se reconociera como una entidad clínica propia, distinta de otras artropatías con las que se confundía en la época.

Clasificación por fases

La correlación entre la concentración de flúor acumulada en el hueso y la gravedad del cuadro permite distinguir varias fases. Por debajo de 3.500 partes por millón el hueso se considera dentro de la normalidad. Entre 3.500 y 5.500 ppm se habla de fase preclínica: la masa ósea aumenta de forma apenas perceptible y no hay manifestaciones. Con 6.000 a 7.000 ppm aparece la primera fase clínica, con osteoesclerosis ya visible en pelvis y columna, la que corresponde al hallazgo descrito en la entrada sobre osteoesclerosis del flúor. Entre 7.500 y 9.000 ppm se suman dolores articulares persistentes y calcificación de los ligamentos, mientras la esclerosis se agrava y puede coexistir, paradójicamente, con osteoporosis en los huesos largos. Por encima de 9.000 ppm el cuadro entra en su fase más avanzada: limitación importante del movimiento, calcificación de los ligamentos del cuello y la columna, deformidades invalidantes y, en los casos más graves, compresión de la médula espinal por osificación del ligamento vertebral. A esta forma extrema se la conoce en la literatura internacional como fluorosis invalidante.

Distribución

Calcular con precisión cuántas personas conviven con osteofluorosis en el mundo resulta difícil, entre otras razones porque buena parte de los casos leves pasa inadvertida. Es rara en Estados Unidos y en Europa occidental, pero endémica en amplias zonas de Asia y África, con India y China a la cabeza por número absoluto de afectados. La lista no acaba ahí: estudios de campo en el norte de Tanzania han documentado una alta prevalencia de alteraciones óseas escleróticas en personas mayores que bebían durante décadas agua con flúor natural elevado, y el norte de África concentra buena parte de los casos descritos por intoxicación de origen hidrotelúrico. La desnutrición, y en particular el déficit de calcio y vitamina D, agrava el cuadro en igualdad de exposición al flúor.

Diferenciación

La calcificación ligamentosa de la columna que produce la osteofluorosis avanzada puede confundirse en la radiografía con la hiperostosis esquelética idiopática difusa, una enfermedad de causa desconocida que también osifica el ligamento vertebral anterior y forma puentes óseos entre vértebras. El antecedente de exposición al flúor y la afectación simultánea de huesos periféricos, poco habitual en la hiperostosis idiopática, ayudan a distinguirlas. Se han publicado también casos de fluorosis esquelética diagnosticados inicialmente como espondiloartritis, por la rigidez progresiva de columna y articulaciones, hasta que la calcificación de las membranas interóseas del antebrazo y el color pardo del esmalte dental orientaron hacia el origen tóxico real.

Con la osteopetrosis, la diferencia es de origen antes que de imagen: aquella es una enfermedad hereditaria por fallo de los osteoclastos, mientras que la osteofluorosis es siempre adquirida y reversible en sus fases más tempranas si cesa la exposición. Ambas pueden producir un esqueleto radiológicamente muy denso, pero solo una tiene una causa ambiental identificable.

Preguntas frecuentes

¿Es lo mismo que la osteoesclerosis del flúor?

No exactamente. La osteoesclerosis del flúor es el hallazgo radiológico de las primeras fases; la osteofluorosis es el cuadro completo, que en su forma más avanzada afecta también a ligamentos, articulaciones y, en ocasiones, a la médula espinal.

¿Quién describió por primera vez esta enfermedad?

El danés Kaj Roholm, en 1937, a partir del estudio de trabajadores de una fábrica de criolita en Copenhague. Su clasificación en tres fases radiológicas sigue siendo un punto de referencia histórico casi noventa años después.

¿Solo se produce por beber agua con flúor?

No. También se ha descrito por combustión de carbón fluorado, por exposición laboral en fundiciones de aluminio y, más recientemente, por el uso repetido de un anestésico inhalado, el metoxiflurano.

¿Es reversible?

Depende de la fase. En los estadios preclínico e inicial, retirar la fuente de exposición permite que el proceso se detenga. En las fases avanzadas, con deformidades óseas y calcificación ligamentosa establecida, los cambios estructurales ya no revierten.

Referencias

  1. Puche RC, Rigalli A. Fluorosis esquelética. Actualizaciones en Osteología, 2007
  2. Rosenstock L. Fluorine and Related Compounds. Textbook of Clinical Occupational and Environmental Medicine (CDC/NIOSH)
  3. Padhan P, Maikap D. Skeletal Fluorosis Mimicking Spondyloarthritis: A Rare Presentation. Mediterranean Journal of Rheumatology, 2022
  4. Park YA et al. Skeletal fluorosis secondary to methoxyflurane use for chronic pain. JBMR Plus, 2024
  5. Roholm K. Fluorine Intoxication: A Clinical-Hygienic Study. Copenhague, 1937

Entradas relacionadas

  • Osteoesclerosis del flúor. El hallazgo radiológico de la fase inicial de la osteofluorosis.
  • Osteoesclerosis u osteosclerosis. El aumento de densidad ósea como hallazgo general, con la intoxicación por flúor como una de sus causas adquiridas.
  • Osteoesclerótico. El adjetivo que describe en los informes de imagen el aumento de densidad que también produce la osteofluorosis.
  • Osteopetrosis. Enfermedad hereditaria que también endurece el esqueleto, pero por fallo de los osteoclastos y no por exposición al flúor.

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