DICCIONARIO MÉDICO
Necrosectomía
La necrosectomía es la extirpación quirúrgica del tejido necrótico. Se practica en contextos clínicos muy distintos entre sí (necrosis del páncreas, infecciones necrosantes de partes blandas, heridas con tejido desvitalizado) y mediante técnicas que van de la cirugía abierta a los abordajes mínimamente invasivos. El contexto en el que aparece con más frecuencia es la pancreatitis aguda grave, donde constituye una intervención con entidad propia. La necrosectomía designa el procedimiento quirúrgico mediante el cual se extirpa tejido necrótico, esto es, tejido que ha perdido de forma irreversible su viabilidad y que el organismo ya no puede recuperar. No es una enfermedad ni un síndrome. Es una intervención terapéutica que se indica cuando existe una masa de tejido muerto capaz de comprometer la evolución del paciente, casi siempre por su capacidad de albergar infección. Su origen es griego. El elemento necro- deriva de nekrós (νεκρός), que significa muerto o cadáver, mientras que ectomía proviene de ektomé (ἐκτομή), extirpación o corte. Compuesto de ese modo, el término se traduce casi literalmente como extirpación de lo muerto, una denominación que describe con bastante precisión lo que el procedimiento hace, sin metáfora de por medio. El tejido necrótico carece de aporte vascular. Sin circulación no llegan ni células del sistema inmunitario ni antibióticos, de modo que un foco necrótico funciona como un espacio protegido para las bacterias que lo colonizan. Esa circunstancia explica por qué, en muchos casos, el tratamiento antibiótico aislado no basta para resolver la infección: el fármaco no alcanza el tejido muerto en concentración suficiente, por bien elegido que esté. Además, la descomposición del tejido libera productos de la autolisis celular (enzimas, radicales libres, restos de membrana) que mantienen activa la respuesta inflamatoria incluso cuando la causa original ya se ha resuelto. Retirar la necrosis interrumpe ese círculo. El resultado es doble: se elimina el reservorio bacteriano y se apaga buena parte del estímulo que perpetúa la inflamación. La necrosectomía se practica en escenarios muy distintos. El más frecuente es la necrosis del páncreas asociada a la pancreatitis aguda necrotizante, un cuadro con entidad propia que se aborda con detalle en la entrada dedicada a la necrosectomía pancreática. También se recurre a ella en las infecciones necrosantes de partes blandas, donde la extirpación del tejido muerto forma parte del tratamiento urgente junto con los antibióticos de amplio espectro. Traumatismos graves con destrucción tisular extensa y heridas crónicas que no progresan, como determinadas úlceras diabéticas, completan el mapa de indicaciones. Por técnica, se distingue entre la necrosectomía abierta, la más antigua y todavía necesaria en necrosis extensas o de evolución rápida, y los abordajes mínimamente invasivos: laparoscópicos, videoasistidos o endoscópicos, que acceden a la zona necrótica a través de una incisión mucho menor. La elección depende de la localización, del volumen de tejido afectado y del estado general de la persona. Conviene no confundir la necrosectomía con el drenaje percutáneo: este último evacúa líquido o pus mediante un catéter, pero no extirpa tejido sólido, así que en sentido estricto es un paso previo o complementario a la necrosectomía, no la necrosectomía en sí. Desbridamiento y necrosectomía no son sinónimos exactos, si bien ambos persiguen retirar tejido no viable. El desbridamiento es el concepto más amplio: incluye métodos no quirúrgicos, como el autolítico o el enzimático, además del quirúrgico, y se aplica sobre todo en heridas superficiales o crónicas. La necrosectomía implica siempre cirugía. Se reserva, por lo general, para necrosis internas o de mayor volumen, como la pancreática o la de partes blandas profundas. Toda necrosectomía es, en ese sentido, una forma de desbridamiento; no todo desbridamiento llega a ser una necrosectomía. Del griego nekrós (muerto) y ektomé (extirpación). El término une dos raíces clásicas, como ocurre con buena parte del vocabulario médico, para nombrar con precisión un gesto quirúrgico concreto: retirar lo que ya no tiene vida. No exactamente. El desbridamiento es un término más amplio que incluye métodos no quirúrgicos. La necrosectomía es, siempre, un procedimiento quirúrgico. Porque el tejido muerto carece de circulación sanguínea, y sin circulación el antibiótico no llega en concentración suficiente al foco infeccioso. Es, ante todo, un problema de acceso, no de elección del fármaco. Depende por completo del contexto. En una úlcera crónica bien controlada es un procedimiento menor. En una infección necrosante de partes blandas, en cambio, forma parte de un tratamiento urgente: incluso con la cirugía practicada a tiempo, este tipo de infecciones se asocia a una mortalidad de entre el 20 y el 30 por ciento. No. Hoy se prefieren, siempre que sea posible, los abordajes mínimamente invasivos (laparoscópicos, videoasistidos o endoscópicos), que reducen el trauma quirúrgico y acortan la recuperación frente a la cirugía abierta clásica.Qué es la necrosectomía
Por qué se retira el tejido necrótico
Tipos de necrosectomía según su localización y su técnica
Relación con el desbridamiento
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra necrosectomía?
¿Es lo mismo que un desbridamiento?
¿Por qué no basta con antibióticos para tratar una necrosis infectada?
¿Es grave necesitar una necrosectomía?
¿Todas las necrosectomías se hacen con cirugía abierta?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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