DICCIONARIO MÉDICO
Hiponatremia
La hiponatremia es el descenso de la concentración de sodio en la sangre por debajo de 135 mEq/L. Es el trastorno electrolítico más frecuente en la práctica clínica y, en la mayoría de los casos, refleja un exceso de agua en relación con el sodio antes que una carencia de sal. El término se descompone en tres piezas: el prefijo griego hypo, "por debajo"; la raíz natr-, del latín científico natrium, nombre del sodio; y la terminación -emia, del griego haima, "sangre". Reunidas, describen una cosa: poco sodio en la sangre. La raíz natr- explica una rareza que desconcierta a todo estudiante: por qué el sodio se abrevia Na y no S. Humphry Davy aisló el metal en 1807 por electrólisis de la sosa cáustica y lo llamó sodium, a partir de "soda". El símbolo, en cambio, procede de natrium, la forma latina que difundió Berzelius hacia 1814, emparentada con el natrón, un carbonato de sodio natural que los egipcios ya empleaban para embalsamar. El nombre miró a la sosa; el símbolo, a una sal del desierto. En términos numéricos, hay hiponatremia cuando el sodio sérico cae por debajo de 135 mEq/L, cifra que muchos laboratorios expresan también como 135 mmol/L. El sodio es el principal catión del líquido que baña las células por fuera, de modo que su cifra en sangre importa mucho más de lo que su modesta magnitud sugiere. Como electrolito dominante del espacio extracelular, el sodio marca la osmolaridad del plasma, esa "concentración" que determina hacia dónde se mueve el agua entre los compartimentos del cuerpo. Agua y sodio van tan unidos que rara vez se puede hablar de uno sin el otro. De ahí una idea que sorprende: la hiponatremia suele deberse a un sobrante de agua más que a una pérdida de sal. Cuando se acumula agua libre, el sodio disponible se reparte en más volumen y su concentración baja, aunque la cantidad total apenas haya cambiado. El riñón es quien ajusta ese equilibrio, y lo hace en buena parte a las órdenes de la hormona antidiurética, que decide cuánta agua se retiene o se elimina. Si esa hormona se libera cuando no toca, el organismo conserva agua de más y el sodio queda diluido. La consecuencia física cierra el círculo. Al bajar el sodio fuera de las células, el medio externo se vuelve menos concentrado que el interior, y el agua entra en las células, que se hinchan. Las neuronas, encerradas en un cráneo sin espacio para ceder, son las que peor toleran esa entrada de agua. Ese es el motivo de que la cifra de sodio se vigile con tanto cuidado. La hiponatremia admite varias lecturas, y suelen usarse a la vez. La primera atiende a la osmolaridad. La forma hipotónica, con osmolaridad baja, es la verdadera y la más común. La isotónica y la hipertónica responden a otras situaciones: en la isotónica el sodio se lee bajo por un artefacto de laboratorio, y en la hipertónica una sustancia como la glucosa arrastra agua fuera de las células y diluye el sodio sin que el agua corporal haya aumentado. Dentro de la variante hipotónica, el segundo eje mira al volumen de líquido del organismo. Se distingue una hiponatremia hipovolémica, en la que se pierden agua y sodio pero sobre todo sodio (el caso, por ejemplo, de una deshidratación); una euvolémica, con agua corporal aumentada y sodio corporal normal, patrón típico del síndrome de secreción inadecuada de hormona antidiurética; y una hipervolémica, en la que crecen agua y sodio, pero el agua gana la partida. Quedan dos ejes más, ambos graduales. Por su magnitud, la hiponatremia se cataloga como leve, moderada o grave a medida que el sodio se aleja de 135 mEq/L. Por su ritmo de instauración, se llama aguda cuando se establece en menos de 48 horas y crónica cuando lo hace de manera más lenta. La velocidad importa tanto como la cifra, porque el cerebro dispone de tiempo para adaptarse si el descenso es pausado. No toda cifra baja de sodio significa lo que parece. En la pseudohiponatremia, el aparato informa un sodio reducido cuando en realidad la concentración efectiva es normal. Ocurre cuando la sangre contiene un exceso de grasas o de proteínas: esas partículas ocupan volumen en la muestra y engañan a ciertos métodos de medida. El sodio "verdadero", el que gobierna el paso de agua, sigue en su sitio. Reconocer esta situación evita interpretar como hipoosmolar lo que no lo es. Ninguna otra alteración de los electrolitos aparece tanto. La hiponatremia se detecta en torno al 15 y el 20 por ciento de los ingresos hospitalarios urgentes y en una proporción parecida de los pacientes en estado crítico. Su presencia acompaña a enfermedades de campos muy distintos, lo que la convierte en un hallazgo transversal más que en un dato de una sola especialidad. Porque el símbolo no procede del nombre español ni del inglés, sino del latín natrium, difundido por el químico Berzelius hacia 1814. Natrium se relaciona con el natrón, un carbonato de sodio conocido desde la Antigüedad. De esa misma raíz sale la parte "natr-" de hiponatremia. Más a menudo, lo segundo. En la mayoría de los casos el sodio total del cuerpo es normal o casi, y lo que baja su concentración es un sobrante de agua que lo diluye. Por eso hablar solo de "sal baja" se queda corto. Es una cifra baja de sodio falsa, producida por un exceso de lípidos o proteínas en la sangre que interfiere con la medición. La concentración real de sodio es normal, de modo que no comparte el significado de una hiponatremia verdadera. La hipernatremia, es decir, el sodio por encima de su rango normal.Qué es la hiponatremia
El papel del sodio y por qué desciende
Cómo se clasifica
La trampa de la pseudohiponatremia
Frecuencia
Preguntas frecuentes
¿Por qué el símbolo del sodio es Na?
¿La hiponatremia es falta de sal o exceso de agua?
¿Qué es la pseudohiponatremia?
¿Cuál es el trastorno contrario?
Referencias
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