DICCIONARIO MÉDICO
Hipertensión arterial benigna
La hipertensión arterial benigna es un término antiguo, hoy en desuso, con el que se designaba la forma de presión alta de evolución lenta, por oposición a la variante llamada maligna, mucho más agresiva. La medicina actual ha abandonado este calificativo por una razón de fondo: ninguna hipertensión sostenida es realmente inofensiva. Aunque avance despacio y no dé molestias, con los años daña el corazón y los vasos, de modo que llamarla «benigna» resultaba engañoso. La palabra «benigno» viene del latín benignus, «bondadoso, benévolo», compuesto de bene, «bien». En medicina se emplea para lo que evoluciona de forma favorable o poco dañina, frente a «maligno». Trasladada a la presión arterial, la etiqueta pretendía distinguir a los pacientes cuya hipertensión arterial progresaba de manera gradual, sin las complicaciones rápidas y graves que caracterizaban a la forma maligna. Con el tiempo se comprobó que esa aparente bondad era relativa. En el terreno del riñón nació esta separación. En 1914, el clínico Franz Volhard y el patólogo Theodor Fahr describieron dos variantes de nefroangioesclerosis, el daño renal por presión alta: una benigna, de curso lento, y otra maligna, de evolución rápida y fatal. Años después, en 1928, médicos de la Clínica Mayo acuñaron el término «hipertensión maligna» para el cuadro de subida brusca acompañada de grave afectación de la retina y del riñón. La forma benigna quedó así como su contrapartida, la de la hipertensión que se instala poco a poco. El rótulo persistió durante buena parte del siglo XX, e incluso figuró en clasificaciones internacionales de enfermedades hasta épocas relativamente recientes. Fue desapareciendo a medida que se consolidó una idea: la presión alta mantenida, por lenta que sea, acaba pasando factura. Hoy la palabra «maligna» ha cedido terreno ante «acelerada» y la «benigna» ha salido de las clasificaciones. Cuando alguien la encuentra en un texto antiguo, conviene leerla como lo que es, un término histórico, y no como una categoría en uso. No. Ha quedado como una expresión histórica. Se abandonó porque transmitía una falsa sensación de inocuidad: toda hipertensión sostenida conlleva riesgo, aunque su evolución sea lenta. Sí, y el término se acuñó en 1928 para una forma de subida rápida con daño grave de órganos. Hoy se prefiere hablar de hipertensión acelerada, pero el concepto de una variante especialmente agresiva sigue vigente, a diferencia del de la «benigna». No. Ese fue precisamente el equívoco que llevó a descartar la palabra. Incluso las formas de progresión lenta requieren atención, porque el daño se acumula de manera silenciosa a lo largo de los años. Hipertensión arterial. Concepto general al que se aplicó el antiguo calificativo de benigna. Nefroangioesclerosis. Daño renal por hipertensión sobre cuya forma benigna y maligna nació la dicotomía. Crisis hipertensiva. Elevación aguda y grave de la presión, cercana al concepto de la antigua forma maligna.Qué es la hipertensión arterial benigna
El origen de la dicotomía benigna-maligna
Por qué cayó en desuso
Preguntas frecuentes
¿Sigue usándose el término «hipertensión benigna»?
¿Existía una hipertensión «maligna»?
¿Que fuera «benigna» significaba que no hacía falta tratarla?
Referencias
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