DICCIONARIO MÉDICO

Galactosemia

La galactosemia es un grupo de trastornos hereditarios del metabolismo en los que el organismo carece de alguna de las enzimas necesarias para transformar la galactosa en glucosa. La acumulación de galactosa y de sus derivados tóxicos en sangre y tejidos puede afectar gravemente al hígado, al sistema nervioso central y al cristalino si no se instaura una restricción dietética precoz.

Qué es la galactosemia

El término combina tres raíces griegas: γάλα, γάλακτος (gála, gálaktos, «leche»), αἷμα (haîma, «sangre») y el sufijo -ia que indica estado patológico. Su traducción literal sería «presencia (excesiva) de galactosa en la sangre». La palabra aparece en la literatura médica a partir de las primeras descripciones clínicas de la década de 1930, cuando se documentaron lactantes con grave intolerancia a la leche materna desde los primeros días de vida.

La galactosa llega al organismo sobre todo a partir de la lactosa de la leche. En condiciones normales, se convierte en glucosa en el hígado a través de la vía de Leloir, una secuencia de cuatro reacciones enzimáticas descrita por el bioquímico argentino Luis Federico Leloir. Cuando falla una de esas enzimas, la galactosa no puede ser procesada con normalidad: se acumula en la sangre y se desvía hacia rutas alternativas que generan galactitol (un polialcohol) y galactonato, dos metabolitos responsables de buena parte del daño tisular.

Clasificación según la enzima deficitaria

Se reconocen cuatro formas principales, cada una ligada a la deficiencia de una enzima distinta de la vía de Leloir. La más grave y también la más frecuente es la galactosemia clásica o tipo I, causada por mutaciones en el gen GALT (cromosoma 9p13.3), que codifica la galactosa-1-fosfato uridiltransferasa. Su incidencia se estima en torno a 1 caso por cada 30 000 a 60 000 nacidos vivos en poblaciones de ascendencia europea, con una frecuencia de portadores aproximada de 1 cada 125 individuos.

La galactosemia tipo II, o deficiencia de galactoquinasa (gen GALK1, cromosoma 17q24), cursa de forma más benigna. Su principal manifestación es la aparición precoz de cataratas por depósito de galactitol en el cristalino, pero no suele producir el daño hepático ni neurológico característico del tipo I. Es considerablemente más rara: las estimaciones oscilan entre 1 por cada 150 000 y 1 por cada 1 000 000 de nacimientos.

En la galactosemia tipo III falla la UDP-galactosa-4-epimerasa (gen GALE, cromosoma 1p36.11). Esta forma presenta un espectro clínico muy variable: desde una deficiencia benigna limitada a los glóbulos rojos y los leucocitos, detectable solo por cribado neonatal, hasta una forma generalizada que remeda la gravedad de la galactosemia clásica. La variabilidad depende del grado residual de actividad enzimática.

Más recientemente se ha descrito una cuarta forma, la deficiencia de galactosa mutarrotasa (gen GALM), cuya relevancia clínica todavía se está definiendo. Los casos documentados hasta ahora presentan un fenotipo leve, con cataratas como hallazgo más constante.

Mecanismo del daño tisular

La toxicidad de la galactosemia no se explica por un solo mecanismo. En el tipo I, la galactosa-1-fosfato se acumula dentro de las células y compite con otros fosfatos de azúcar necesarios para la glicosilación de proteínas, lo que altera la síntesis de glucoproteínas y glucolípidos. A este efecto se suma la acción de la aldosa reductasa, que reduce la galactosa libre a galactitol: como los tejidos carecen de una enzima eficaz para metabolizar este polialcohol, se deposita en el cristalino y genera un gradiente osmótico que atrae agua, opacifica las fibras y produce cataratas. En el hígado, la acumulación combinada de galactosa-1-fosfato y galactitol induce estrés oxidativo y daño celular que puede progresar hacia la cirrosis si no se elimina la galactosa de la dieta.

El cerebro es especialmente vulnerable. Se ha demostrado que la galactosa-1-fosfato inhibe la actividad de enzimas clave del metabolismo energético cerebral y de la vía de las pentosas fosfato. Ello explica que, incluso con un control dietético estricto desde el nacimiento, un porcentaje significativo de pacientes con galactosemia clásica presente a largo plazo alteraciones cognitivas, del habla y de la coordinación motora. Este dato, desconcertante durante décadas, se atribuye hoy en gran medida a la producción endógena de galactosa, que el propio organismo sintetiza a partir de glucosa y que ninguna dieta puede suprimir por completo.

Herencia y detección

Todos los tipos se transmiten con herencia autosómica recesiva: ambos progenitores deben ser portadores de una copia mutada del gen correspondiente, y existe un riesgo del 25 % de que cada hijo herede las dos copias defectuosas. La galactosemia clásica se incluye en los programas de cribado neonatal de la mayoría de los países desarrollados, lo que permite la detección antes de que la ingesta de lactosa cause daño irreversible.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa literalmente «galactosemia»?

Significa «galactosa en la sangre». Procede del griego gála (leche), con el sufijo -emia (del griego haîma, sangre). El nombre describe el hallazgo bioquímico central de la enfermedad: la presencia anormalmente elevada de galactosa en el torrente circulatorio.

¿Es lo mismo galactosemia que intolerancia a la lactosa?

No. Son trastornos completamente distintos. La intolerancia a la lactosa se debe a un déficit de lactasa, la enzima que escinde la lactosa en el intestino; produce molestias digestivas, pero no daño orgánico grave. La galactosemia, en cambio, afecta al metabolismo intracelular de la galactosa y, sin restricción dietética, puede causar daño hepático, neurológico y ocular grave.

¿Puede un paciente con galactosemia clásica consumir productos lácteos sin lactosa?

Depende del producto. Los alimentos etiquetados como «sin lactosa» contienen lactasa añadida que ya ha escindido la lactosa en glucosa y galactosa libre. Eso significa que la galactosa sigue presente, por lo que estos productos no son seguros para un paciente con galactosemia.

¿El cuerpo produce galactosa por sí mismo?

Sí. Mediante la actividad reversible de la UDP-galactosa-4-epimerasa, el organismo convierte UDP-glucosa en UDP-galactosa. Esta producción endógena explica por qué la dieta libre de galactosa no elimina por completo la exposición tisular al azúcar y por qué algunos pacientes desarrollan complicaciones a largo plazo pese a un buen control dietético.

Referencias

  1. MedlinePlus. Galactosemia. Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. Disponible en: https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000366.htm
  2. Manual MSD (versión para profesionales). Galactosemia. Disponible en: https://www.msdmanuals.com/es/professional/pediatría/trastornos-hereditarios-del-metabolismo/galactosemia
  3. HRSA Newborn Screening. Classic Galactosemia. Disponible en: https://newbornscreening.hrsa.gov/es/enfermedades/classic-galactosemia
  4. Holton JB, Walter JH, Tyfield LA. Galactosemia. En: Scriver CH, Beaudet A, Valle D, Sly W, eds. The Metabolic and Molecular Bases of Inherited Disease. 8.ª ed. Nueva York: McGraw-Hill; 2001. Cap. 72.

Entradas relacionadas

  • Galactosa: el monosacárido cuya acumulación causa el daño tisular en las distintas formas de galactosemia.
  • Glucosa: producto final de la vía de Leloir, hacia la que normalmente se canaliza la galactosa absorbida.
  • Monosacárido: categoría bioquímica de los azúcares simples a la que pertenecen tanto la galactosa como la glucosa.
  • Lactasa: enzima intestinal que hidroliza la lactosa; su déficit causa la intolerancia a la lactosa, entidad distinta de la galactosemia.

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