DICCIONARIO MÉDICO
Función precoz del injerto
La función precoz del injerto es un comportamiento del riñón trasplantado durante los primeros días tras la intervención, periodo en el que se evalúa si el órgano recupera su capacidad depurativa de forma inmediata, lenta o diferida. Su evolución en esa fase inicial condiciona en buena medida el pronóstico del injerto a largo plazo. La expresión reúne el latín functio ('ejecución'), el adjetivo praecox, praecocis ('temprano', 'prematuro', formado sobre prae-, 'antes', y coquere, 'madurar') y el francés antiguo greffe, que acabó dando «injerto» en castellano. En el ámbito del trasplante renal, se refiere al rendimiento del riñón donado durante la primera semana posterior a la cirugía, un intervalo que los equipos de trasplante vigilan con especial atención porque en él se manifiestan las consecuencias de la lesión por isquemia-reperfusión sufrida durante la extracción, la conservación y la implantación del órgano. La literatura médica clasifica el comportamiento del injerto en los primeros días en varios patrones. El más favorable es la función inmediata del injerto (en inglés, immediate graft function, IGF), que se produce cuando la creatinina sérica del receptor desciende de forma espontánea más de un 30 % en las primeras 48 horas sin necesidad de diálisis. En esos casos, el riñón ha tolerado bien el proceso de extracción y preservación y reanuda su trabajo depurativo con rapidez. Cuando la creatinina baja, pero lo hace con lentitud (un descenso inferior al 10 % diario durante las primeras 72 horas y sin que el paciente precise diálisis), se habla de función lenta del injerto (slow graft function, SGF). Este patrón intermedio resulta menos favorable que la función inmediata, aunque su repercusión sobre la supervivencia del injerto a largo plazo es objeto de debate y varía según el tipo de donante. El extremo opuesto es la función retrasada del injerto (delayed graft function, DGF), definida habitualmente como la necesidad de al menos una sesión de diálisis durante los siete días siguientes al trasplante. Es la complicación precoz más estudiada. Su frecuencia oscila entre el 2-4 % en el trasplante de donante vivo y el 25-50 % en el de donante fallecido, con cifras aún más altas cuando el órgano procede de donante en asistolia. La DGF se asocia a mayor riesgo de rechazo agudo y a peor supervivencia del injerto a medio plazo. Existe, por último, la no función primaria (primary non-function, PNF): el riñón trasplantado no llega a funcionar en ningún momento y la pérdida es irreversible. Es la situación más grave y, afortunadamente, la menos frecuente. El tiempo de isquemia fría (el periodo transcurrido entre la extracción del órgano y su reperfusión en el receptor) es uno de los principales determinantes. Cuanto más prolongada sea la conservación en frío, mayor será el daño celular y más probable la aparición de función retrasada. La edad del donante, su índice de masa corporal y la causa del fallecimiento también influyen. Del lado del receptor, la situación hemodinámica durante la cirugía, la presencia de sensibilización inmunológica previa y la duración del tiempo en diálisis antes del trasplante son variables que los equipos de trasplante evalúan de forma rutinaria. La mejora de las soluciones de preservación, la reducción de los tiempos logísticos y el uso de máquinas de perfusión hipotérmica han contribuido en las últimas décadas a disminuir la incidencia de DGF, aunque sigue siendo un problema no resuelto del todo. Porque la lesión por isquemia-reperfusión se manifiesta precisamente en esos días. Si el riñón no recupera su actividad depurativa en ese periodo, el daño tubular puede prolongarse y condicionar la función renal del injerto durante meses o años. Detectar precozmente la función retrasada permite ajustar la inmunosupresión y planificar las sesiones de diálisis de apoyo. Que el riñón trasplantado comienza a filtrar la sangre de forma eficaz prácticamente desde las primeras horas, con un descenso rápido de la creatinina sérica y sin que el receptor necesite diálisis. Es el mejor escenario posible tras un trasplante renal. No necesariamente. La mayoría de los injertos con DGF acaban recuperando función tras días o semanas de soporte con diálisis. Lo que sí está documentado es que la DGF incrementa la probabilidad de rechazo agudo y se asocia a una supervivencia del injerto algo inferior a la de los riñones con función inmediata, pero muchos de estos órganos funcionan durante años con resultados aceptables.Qué es la función precoz del injerto
Categorías de la función precoz
Factores que condicionan la recuperación del injerto
Preguntas frecuentes
¿Por qué se vigila con tanta atención la primera semana tras el trasplante?
¿Qué significa exactamente «función inmediata del injerto»?
¿La función retrasada del injerto implica que el riñón se perderá?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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