DICCIONARIO MÉDICO

Falangina

La falangina es el nombre clásico de la falange media, el hueso intermedio de los dedos largos.


La falangina es la denominación tradicional en lengua española de la falange media, el segundo hueso de los dedos largos, situado entre la falange proximal (también llamada simplemente falange) y la falange distal o falangeta. Se trata de un hueso de pequeño tamaño pero con una importancia funcional notable, ya que participa de forma decisiva en la flexibilidad y la precisión de los movimientos de los dedos.

Conocer las características de la falangina ayuda a comprender la mecánica de las manos y los pies, así como diversas lesiones y trastornos que pueden afectar a esta zona.

Qué es la falangina

La falangina, o falange media, es el hueso intermedio de los dedos largos, situado entre la falange proximal y la falange distal. Está presente únicamente en los cuatro dedos largos de cada mano (índice, medio, anular y meñique) y en los cuatro dedos largos de cada pie (segundo, tercero, cuarto y quinto), pero no en el pulgar ni en el dedo gordo, que carecen de este hueso intermedio. En total, el ser humano posee ocho falanginas en las manos y ocho en los pies, lo que suma dieciséis falanges medias en todo el cuerpo.

El término falangina es un diminutivo de falange, palabra de origen griego que se utilizaba para describir formaciones militares organizadas en filas paralelas, una idea que evoca la disposición sucesiva y ordenada de los huesos a lo largo del dedo. Esta denominación clásica en español ha sido sustituida en gran medida por el término "falange media" en la nomenclatura anatómica internacional moderna, aunque sigue empleándose en muchos textos médicos y en el lenguaje cotidiano.

La falangina es generalmente más corta que la falange proximal y, en el caso del pie, también notablemente más pequeña que la falange media de la mano. Comparte con las demás falanges la estructura general de los huesos largos, con base, cuerpo y cabeza, pero con proporciones particulares que la hacen reconocible.

Anatomía de la falangina

La falangina presenta tres partes diferenciadas: base, cuerpo y cabeza. Cada una tiene características anatómicas propias y cumple funciones específicas dentro de la mecánica del dedo.

Base de la falangina

La base es el extremo proximal de la falangina y la parte más ensanchada del hueso. Presenta dos superficies articulares cóncavas, separadas por un pequeño surco central, que se adaptan perfectamente a la cabeza de la falange proximal correspondiente. Esta unión forma la articulación interfalángica proximal (IFP), una de las articulaciones más importantes del dedo.

En la zona dorsal de la base se inserta el tendón central del aparato extensor, una estructura clave para la extensión de la articulación interfalángica proximal. Una lesión en esta inserción puede dar lugar a la conocida deformidad en boutonnière o en ojal, en la que la articulación interfalángica proximal queda flexionada y la articulación interfalángica distal hiperextendida.

En la zona palmar (o plantar), la base recibe la inserción del tendón flexor superficial de los dedos, que se divide en dos lengüetas para envolver al tendón flexor profundo. Esta disposición permite la flexión coordinada de la articulación interfalángica proximal y aporta estabilidad al dedo durante la prensión.

Cuerpo de la falangina

El cuerpo o diáfisis de la falangina es la parte central, más estrecha que los extremos. Su forma recuerda en sección a un reloj de arena: es algo más estrecho en el centro y se ensancha en sus extremos. Su superficie palmar es plana y rugosa, ya que sirve de inserción a las vainas fibrosas que envuelven a los tendones flexores. La superficie dorsal es lisa y ligeramente convexa.

Los bordes laterales del cuerpo presentan zonas elevadas y rugosas, que son el lugar de inserción de las estructuras tendinosas y fasciales que envuelven al dedo. Estas inserciones son fundamentales para la estabilidad del aparato flexor y extensor durante el movimiento.

Cabeza de la falangina

La cabeza es el extremo distal de la falangina. Tiene una forma característica de polea o tróclea, con dos cóndilos separados por un surco central. Esta forma es similar a la cabeza de la falange proximal, aunque de menor tamaño. La cabeza de la falangina se articula con la base de la falange distal (la falangeta), formando la articulación interfalángica distal (IFD).

La forma de polea permite movimientos de flexión y extensión muy precisos, prácticamente confinados a un solo plano (movimientos en bisagra), lo que aporta estabilidad lateral pero limita los movimientos de rotación o desviación lateral. Los ligamentos colaterales que rodean la articulación refuerzan esta estabilidad.

Articulaciones en las que participa la falangina

La falangina se articula con dos huesos vecinos formando dos articulaciones de gran importancia funcional:

  • Articulación interfalángica proximal (IFP): une la falangina con la falange proximal. Es una articulación de tipo bisagra que permite movimientos de flexión y extensión, alcanzando aproximadamente 100 grados de flexión y un rango muy limitado de extensión más allá de la posición neutra. Es una de las articulaciones más utilizadas durante la prensión y la manipulación.
  • Articulación interfalángica distal (IFD): une la falangina con la falangeta. También es una articulación en bisagra, con un rango de flexión algo menor (en torno a los 70-80 grados). Aporta los últimos grados de cierre del dedo durante la prensión.

Ambas articulaciones están reforzadas por ligamentos colaterales en sus caras lateral y medial, que limitan los movimientos laterales y proporcionan estabilidad. En la cara palmar (o plantar) presentan unas estructuras fibrocartilaginosas llamadas placas volares o palmares, que impiden la hiperextensión de la articulación.

Función de la falangina

La falangina cumple un papel intermedio fundamental en la mecánica del dedo. Sus principales funciones son:

  • Permitir la flexión del dedo: la falangina hace posible que la articulación interfalángica proximal se doble, contribuyendo de forma decisiva al cierre del dedo durante la prensión.
  • Transmitir las fuerzas musculares: actúa como pieza intermedia que transmite las fuerzas de los tendones flexores y extensores a la falangeta.
  • Aportar longitud al dedo: junto con la falange proximal y la distal, contribuye a la longitud total del dedo, fundamental para muchas actividades manuales.
  • Servir de inserción a tendones: en su cara dorsal se inserta el tendón central del extensor; en su cara palmar, el tendón flexor superficial.
  • Permitir movimientos coordinados: las articulaciones interfalángicas proximal y distal se mueven de forma sincronizada para producir los movimientos finos característicos de los dedos.

A diferencia de la falange proximal, que es la más móvil del dedo, la falangina tiene una movilidad algo menor pero contribuye de forma esencial a la versatilidad funcional del dedo. Sin ella, los dedos largos perderían gran parte de su capacidad de adaptarse a la forma de los objetos durante la prensión.

Lesiones y trastornos frecuentes de la falangina

La falangina, aunque menos expuesta que la falangeta, también puede sufrir diversas lesiones y trastornos. Las fracturas de la falange media son menos frecuentes que las de la falange distal o las de la proximal, pero presentan algunas particularidades de interés clínico.

Fracturas de la falangina

Las fracturas de la falangina pueden producirse por traumatismos directos (golpes, aplastamientos) o por mecanismos indirectos (torsiones, hiperextensión). Pueden clasificarse según la localización en fracturas de la base, del cuerpo (diáfisis) o de la cabeza (cóndilos), y según el tipo en fracturas estables (no desplazadas) o inestables (desplazadas).

El comportamiento de las fracturas de la falangina depende en gran medida de las inserciones tendinosas que actúan sobre el hueso. La inserción del tendón flexor superficial en la zona palmar y la inserción del tendón central del extensor en la cara dorsal pueden hacer que los fragmentos óseos se desplacen en direcciones opuestas tras la fractura, lo que en ocasiones complica el tratamiento. La mayoría de las fracturas no desplazadas evolucionan favorablemente con tratamiento conservador (vendaje funcional con buddy taping y movilización temprana). Las fracturas desplazadas, articulares o inestables pueden requerir reducción y fijación quirúrgica.

Luxaciones interfalángicas proximales

La articulación interfalángica proximal, en la que participa la base de la falangina, es una de las articulaciones que se luxa con mayor frecuencia en la mano. Las luxaciones suelen producirse por traumatismos en hiperextensión, como ocurre cuando un dedo recibe el impacto de una pelota o se atrapa con violencia. La reducción de la luxación debe realizarla siempre un profesional sanitario, ya que las maniobras inadecuadas pueden agravar la lesión. Tras la reducción, suele ser necesaria una breve inmovilización seguida de movilización precoz para evitar la rigidez residual.

Deformidad en boutonnière

La deformidad en boutonnière o en ojal se produce por la rotura del tendón central del extensor en su inserción en la base dorsal de la falangina. Como consecuencia, las bandas laterales del aparato extensor se desplazan hacia los lados y la articulación interfalángica proximal queda flexionada de forma característica, mientras que la articulación interfalángica distal se hiperextiende. Es una lesión que requiere tratamiento precoz, generalmente con inmovilización en extensión durante varias semanas. En casos seleccionados puede ser necesaria la cirugía.

Deformidad en cuello de cisne

La deformidad en cuello de cisne es la disposición opuesta a la boutonnière: la articulación interfalángica proximal aparece hiperextendida y la interfalángica distal flexionada. Puede ser consecuencia de diversas causas, entre ellas lesiones tendinosas, secuelas de traumatismos o enfermedades inflamatorias como la artritis reumatoide. Su tratamiento depende de la causa y de la gravedad de la deformidad.

Artrosis y artritis

La articulación interfalángica proximal, en la que participa la falangina, puede verse afectada por procesos degenerativos como la artrosis, que da lugar a los conocidos nódulos de Bouchard. Estos nódulos consisten en engrosamientos óseos visibles y palpables en la articulación, que pueden acompañarse de dolor, rigidez y limitación funcional. La artritis reumatoide y otras enfermedades inflamatorias también afectan con frecuencia a estas articulaciones, produciendo deformidades características.

Tratamiento de las lesiones de la falangina

El tratamiento de las lesiones de la falangina debe individualizarse en función del tipo de lesión, su localización, el grado de desplazamiento y las características del paciente. Las opciones terapéuticas más utilizadas incluyen:

  • Tratamiento conservador: las fracturas no desplazadas suelen tratarse con vendaje funcional o férula, manteniendo el dedo en una posición adecuada durante el tiempo necesario para la consolidación.
  • Buddy taping: técnica que consiste en unir el dedo lesionado al dedo sano contiguo con esparadrapo, permitiendo cierta movilidad protegida y previniendo la rigidez excesiva.
  • Reducción cerrada: en fracturas desplazadas, el especialista puede realizar maniobras manuales para devolver los fragmentos a su posición correcta.
  • Fijación percutánea con agujas: en fracturas inestables, pueden utilizarse agujas de Kirschner para mantener la reducción.
  • Cirugía abierta: en lesiones complejas, articulares o con afectación tendinosa importante, puede ser necesaria una intervención quirúrgica con material de osteosíntesis.
  • Rehabilitación: la fisioterapia o terapia ocupacional son fundamentales para recuperar la movilidad y evitar la rigidez residual, una de las complicaciones más frecuentes de las lesiones de la mano.

La rigidez articular es la complicación más temida de las lesiones de la falangina, especialmente cuando la inmovilización se prolonga en exceso. Por este motivo, los protocolos actuales tienden a favorecer la movilización temprana siempre que la estabilidad del foco de fractura lo permita. Las decisiones diagnósticas y terapéuticas corresponden siempre al profesional sanitario.

Cuándo acudir al médico

Es recomendable consultar con un profesional sanitario ante cualquiera de las siguientes situaciones:

  • Dolor intenso o persistente en un dedo tras un traumatismo.
  • Hinchazón evidente o cambio de coloración del dedo.
  • Imposibilidad para mover una articulación del dedo.
  • Deformidad evidente del dedo o desviación angular.
  • Sensación de bloqueo o crujido durante el movimiento.
  • Pérdida de sensibilidad en alguna zona del dedo.
  • Dolor articular progresivo sin causa traumática aparente.
  • Aparición de nódulos o engrosamientos en las articulaciones de los dedos.

El diagnóstico requiere una evaluación profesional individualizada. Tras la historia clínica y la exploración, el médico podrá solicitar radiografías para confirmar o descartar fracturas y orientar el tratamiento más adecuado. En casos seleccionados puede ser necesario complementar el estudio con otras pruebas como la ecografía o la resonancia magnética.

Preguntas frecuentes

Por qué el pulgar no tiene falangina

El pulgar, al igual que el dedo gordo del pie, tiene únicamente dos falanges (proximal y distal), por lo que carece de falangina o falange media. Esta característica anatómica es común a todos los primates y está relacionada con la función especializada del pulgar como dedo opuesto al resto. La presencia de solo dos falanges en lugar de tres confiere al pulgar mayor estabilidad y fuerza para la pinza, sacrificando a cambio cierto rango de movilidad. Esta disposición, junto con la capacidad de oposición del pulgar a los demás dedos, es una de las claves de la destreza manual del ser humano. En el dedo gordo del pie, la disposición de dos falanges aporta también la solidez necesaria para el impulso durante la marcha y la carrera.

Es lo mismo falangina que falange media

Sí, ambos términos se refieren al mismo hueso. Falangina es el nombre clásico en español del hueso intermedio de los dedos largos, mientras que falange media es la denominación que utiliza la nomenclatura anatómica internacional moderna. En la actualidad, los textos médicos suelen preferir el término "falange media" por su mayor claridad y universalidad, pero "falangina" sigue siendo un término reconocido y empleado en muchos contextos. Otras denominaciones que pueden encontrarse son "segunda falange" o "falange intermedia". Todos hacen referencia al mismo hueso, situado entre la falange proximal y la falange distal (o falangeta).

Las fracturas de falangina son graves

La gravedad de una fractura de falangina depende de varios factores: el tipo de fractura, su localización (base, cuerpo o cabeza), si afecta o no a la articulación, el grado de desplazamiento y la presencia de lesiones asociadas en los tejidos blandos. La mayoría de las fracturas no desplazadas evolucionan favorablemente con tratamiento conservador y la recuperación funcional es buena. Sin embargo, las fracturas articulares o muy desplazadas pueden tener mayor riesgo de complicaciones como rigidez residual, consolidación viciosa o artrosis postraumática. Por este motivo, es importante que el médico evalúe cada fractura y oriente el tratamiento de forma individualizada. Los resultados varían en función de cada caso.

Qué es la deformidad en boutonnière y cómo se trata

La deformidad en boutonnière o en ojal es una alteración característica del dedo que se produce por la rotura del tendón central del aparato extensor en su inserción en la cara dorsal de la base de la falangina. Como consecuencia, las bandas laterales del extensor se deslizan hacia los lados y la articulación interfalángica proximal queda flexionada, mientras que la articulación interfalángica distal se hiperextiende, dando al dedo un aspecto característico. El tratamiento, idealmente precoz, consiste en la inmovilización del dedo en extensión durante varias semanas con una férula específica, seguida de rehabilitación. En casos crónicos o graves puede ser necesaria la cirugía. El especialista valorará en cada caso la opción terapéutica más adecuada.

Qué son los nódulos de Bouchard

Los nódulos de Bouchard son engrosamientos óseos visibles y palpables que aparecen en las articulaciones interfalángicas proximales (las articulaciones en las que participa la base de la falangina). Son típicos de la artrosis y reciben su nombre del médico francés Charles-Joseph Bouchard, que los describió en el siglo XIX. Suelen aparecer junto con los nódulos de Heberden (que afectan a las articulaciones interfalángicas distales) y son más frecuentes en mujeres a partir de la mediana edad. Pueden acompañarse de dolor, rigidez matinal y limitación funcional. El tratamiento es el de la artrosis en general: medidas conservadoras, analgésicos, fisioterapia y, en casos seleccionados, cirugía. El médico determinará en cada caso el abordaje más adecuado.

Cuánto tarda en curarse una fractura de falangina

El tiempo de consolidación de una fractura de falangina varía en función del tipo de fractura, del tratamiento aplicado y de las características del paciente. En términos generales, las fracturas no desplazadas suelen consolidar en aproximadamente 4 a 6 semanas con el tratamiento adecuado. La recuperación funcional completa, sin embargo, puede prolongarse algo más, ya que es necesario un periodo de rehabilitación para recuperar la movilidad y la fuerza, especialmente en las fracturas articulares o las que han requerido inmovilización prolongada. Las fracturas más complejas, las que requieren cirugía o las que se asocian a lesiones tendinosas pueden necesitar varios meses para una recuperación completa. Los resultados varían en función de cada paciente y el seguimiento de las indicaciones del especialista es fundamental para una buena evolución.

Referencias

© Clínica Universidad de Navarra 2026

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